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Ariana Donovan
Ariana Donovan
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Monday 28 October 2019 23:03:36 GMT
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2021
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liam.kandel
Liam Kandel :
do the transitions for this sound for starters lmfao
2019-10-29 12:27:08
4
dylanhall234
Dylan🤫 :
out here tryna make us loose NNN. Stay strong✊🏽
2019-11-03 05:47:39
4
dustywolf
. :
iM fIrSt aHhH oMg iM sO hApPy yOuR mY iDoL!
2019-10-28 23:07:20
2
obiwankennoob
Ary 🌟 :
do the throw it back
2019-10-28 23:44:49
1
frankb_33
FrankB_33 :
dime
2019-10-30 15:33:00
1
kbaum__
Kbaum :
nice Gucci
2019-11-09 01:43:54
1
brian_wahl
B_wahl :
I can do better push ups
2019-10-29 00:06:42
1
oneforpeace1
Rhiza :
gravitiy
2019-10-28 23:20:22
0
wavy.jay27
Jay :
Early... I bet you could 😉😓😳
2019-10-28 23:13:44
2
hab1b1garage
hab1b1garage :
duet with me
2019-10-29 00:30:46
1
bhp_mikul
Mikul_22 :
Shii wya😂
2019-10-29 02:37:42
0
sparkz050
Jason :
You a case🤲🏼
2019-10-29 05:17:59
2
elias_lax36
Elias lundquist :
Great belt
2019-10-28 23:59:57
0
oneforpeace1
Rhiza :
crafts
2019-10-28 23:08:48
0
.rich_e
.rich_e :
🥵
2019-10-28 23:52:23
2
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Nunca pensé que un sostén pudiera convertirse en el motivo por el que mi matrimonio empezara a romperse. Suena ridículo, lo sé. Si alguien me lo hubiera contado hace un año, me habría reído. Pero cuando una relación se llena de pequeñas faltas de respeto, lo que parece una tontería termina siendo la gota que derrama el vaso. Mi nombre es Carolina, tengo treinta y cinco años y la casa donde vivo la compré mucho antes de casarme. Trabajé durante años, hice horas extras, renuncié a vacaciones y hasta vendí mi auto para poder pagar la entrada. Cuando firmé la escritura lloré de felicidad. Era mi refugio. Mi lugar seguro. Después conocí a Martín. Nos enamoramos, nos casamos y él se mudó conmigo. Nunca le hice sentir que la casa era
Nunca pensé que un sostén pudiera convertirse en el motivo por el que mi matrimonio empezara a romperse. Suena ridículo, lo sé. Si alguien me lo hubiera contado hace un año, me habría reído. Pero cuando una relación se llena de pequeñas faltas de respeto, lo que parece una tontería termina siendo la gota que derrama el vaso. Mi nombre es Carolina, tengo treinta y cinco años y la casa donde vivo la compré mucho antes de casarme. Trabajé durante años, hice horas extras, renuncié a vacaciones y hasta vendí mi auto para poder pagar la entrada. Cuando firmé la escritura lloré de felicidad. Era mi refugio. Mi lugar seguro. Después conocí a Martín. Nos enamoramos, nos casamos y él se mudó conmigo. Nunca le hice sentir que la casa era "mía". Siempre decía: —Nuestro hogar. Porque así debía ser un matrimonio. O eso creía. Hace seis meses Martín llegó una noche con cara de preocupación. —Mi hermano necesita un lugar donde quedarse. —¿Qué pasó? —Se separó, perdió el alquiler y está bastante mal. Solo serán unas semanas mientras encuentra departamento. Lo miré y asentí. —Está bien. Su hermano, Federico, llegó con dos valijas, una mochila y una caja llena de videojuegos. Los primeros días fueron tranquilos. Hasta me daba pena verlo tan desanimado. Le preparaba la cena. Le preguntaba si necesitaba algo. Pensaba que cualquiera podía pasar un mal momento. Pero las dos semanas pasaron. Después un mes. Después dos. Y nadie volvió a mencionar la palabra "temporal". Cada vez que preguntaba cuándo pensaba buscar otro lugar, Martín respondía igual. —Ya está buscando. —No seas impaciente. —Es mi hermano. Mientras tanto, Federico parecía instalado definitivamente. Compró una almohada nueva. Cambió la decoración del cuarto de invitados. Hasta pidió internet más rápido "porque el actual era lento para jugar online". Yo empezaba a sentir que había un tercer integrante permanente en mi matrimonio. Lo peor no era eso. Lo peor era Martín. Antes cenábamos juntos. Ahora cenaban ellos. Antes veíamos series abrazados. Ahora los dos pasaban horas jugando a la PlayStation mientras yo terminaba mirando televisión sola en la habitación. Antes salíamos los fines de semana. Ahora iban juntos al fútbol, al cine, a comer hamburguesas... Y muchas veces ni siquiera me invitaban. Una noche escuché que Federico decía riéndose: —Antes de que yo llegara eras un aburrido. Martín respondió entre carcajadas. —La verdad que sí. Sentí un nudo en la garganta. Porque hacía meses que conmigo casi no se reía. Intenté hablarlo varias veces. —Extraño pasar tiempo con vos. Él ni levantó la vista del celular. —No exageres. Otra noche le dije: —Siento que soy la tercera persona en esta casa. Se rió. —Estás celosa de mi hermano. Como si mis sentimientos fueran un chiste. Lo fui dejando pasar. Una vez. Dos veces. Diez veces. Hasta empecé a encerrarme más en mi habitación para no sentirme incómoda en mi propia casa. Y eso era lo más triste. Yo había comprado esa casa para sentir paz. No para esconderme dentro de ella. Una mañana salí de bañarme con un pantalón corto y una remera amplia, como hacía desde hacía años. Federico estaba preparando café. Me saludó con total normalidad. —Buen día. —Buen día. No hubo miradas raras. No hubo comentarios. Nada. Pero unas horas después Martín me pidió que habláramos a solas. Tenía esa expresión seria que pone alguien cuando cree que tiene razón. Y las palabras que salieron de su boca me dejaron completamente paralizada... ¿Qué habrías respondido tú en ese momento?

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