@deepashah33:

Deepa Shah
Deepa Shah
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Wednesday 02 September 2020 15:42:35 GMT
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Existe una diferencia importante entre ser visto y ser evaluado. Muchos elogios contienen, sin querer, una evaluación: te confirman que estuviste a la altura de algo que se esperaba de vos. Y si aprendés que el reconocimiento aparece cuando sos brillante, fuerte, exitoso o productivo, también aprendés a vigilar cualquier situación que pueda demostrar lo contrario. Así se construye una forma silenciosa de dependencia: ya no hacemos algo solamente por curiosidad, deseo o sentido, sino para conservar una determinada imagen frente a los demás —y frente a nosotros mismos—. El problema no es recibir reconocimiento. El problema aparece cuando nuestra autoestima queda atada a seguir mereciéndolo. Por eso, quizás podamos ir un paso más allá de “elogiar el esfuerzo”. No todo esfuerzo es inteligente. A veces insistir de la misma manera solo profundiza el agotamiento. También necesitamos aprender a abandonar una estrategia inútil, pedir colaboración, cambiar de objetivo o aceptar que algo todavía nos excede. Un buen reconocimiento no fabrica una identidad ni celebra el sacrificio por sí mismo. Ayuda a observar el proceso con mayor precisión. En lugar de preguntar: “¿Estuve a la altura?” Podríamos empezar a preguntarnos: “¿Qué aprendí sobre mi manera de hacer esto?” “¿Qué decisión facilitó el avance?” “¿Dónde insistí de más?” “¿Qué necesitaría modificar para volver a intentarlo?” Cuando la atención deja de estar puesta en demostrar quién somos, queda más energía disponible para descubrir qué podemos aprender. Y ese cambio, aunque parezca pequeño, puede devolvernos algo esencial: la libertad de ser principiantes otra vez. #MentalidadDeCrecimiento #Aprendizaje #Autoestima #SaludMental
Existe una diferencia importante entre ser visto y ser evaluado. Muchos elogios contienen, sin querer, una evaluación: te confirman que estuviste a la altura de algo que se esperaba de vos. Y si aprendés que el reconocimiento aparece cuando sos brillante, fuerte, exitoso o productivo, también aprendés a vigilar cualquier situación que pueda demostrar lo contrario. Así se construye una forma silenciosa de dependencia: ya no hacemos algo solamente por curiosidad, deseo o sentido, sino para conservar una determinada imagen frente a los demás —y frente a nosotros mismos—. El problema no es recibir reconocimiento. El problema aparece cuando nuestra autoestima queda atada a seguir mereciéndolo. Por eso, quizás podamos ir un paso más allá de “elogiar el esfuerzo”. No todo esfuerzo es inteligente. A veces insistir de la misma manera solo profundiza el agotamiento. También necesitamos aprender a abandonar una estrategia inútil, pedir colaboración, cambiar de objetivo o aceptar que algo todavía nos excede. Un buen reconocimiento no fabrica una identidad ni celebra el sacrificio por sí mismo. Ayuda a observar el proceso con mayor precisión. En lugar de preguntar: “¿Estuve a la altura?” Podríamos empezar a preguntarnos: “¿Qué aprendí sobre mi manera de hacer esto?” “¿Qué decisión facilitó el avance?” “¿Dónde insistí de más?” “¿Qué necesitaría modificar para volver a intentarlo?” Cuando la atención deja de estar puesta en demostrar quién somos, queda más energía disponible para descubrir qué podemos aprender. Y ese cambio, aunque parezca pequeño, puede devolvernos algo esencial: la libertad de ser principiantes otra vez. #MentalidadDeCrecimiento #Aprendizaje #Autoestima #SaludMental

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