@sportyaga1: #угарно #ржачьдослёз #камедиклаб #смехдослез

user9906962227064
user9906962227064
Open In TikTok:
Region: RU
Sunday 27 December 2020 18:53:35 GMT
96202
2423
58
449

Music

Download

Comments

genijchistoj
Say My Name :
2026-07-25 08:52:37
0
.373987
чаек <3 :
почему в комментах только смайлики😱
2025-01-30 04:22:02
42
user669816247141
кабичек :
ахаххахахаахах
2026-03-06 14:18:00
0
mishanyakw
∆ Честерун ꑭ :
0:28 он говорит
2026-01-03 10:33:09
10
masha23133
່ :
2026-01-11 19:19:20
0
chimit104
Окак_Куки_Котость :
2025-12-13 10:57:02
0
user17431162662436
крыса :
[стикер]
2026-04-21 16:45:22
1
nur_zh_12
Ersainovich :
2026-01-02 16:24:40
1
totalxd19
raw liver :
2025-12-29 10:33:45
3
6l9l6l9l6l9l6l9l6l9l6l9
𝐶ℎ𝑒𝑟𝑛𝑦𝑠ℎ🐦‍⬛ :
🥀🥀🥀
2025-12-27 19:13:17
2
corneliupavlov
Corneliu_777_AMG :
@😁😁😁😁
2026-07-09 10:44:39
1
user3343841801629
user3343841801629 :
😂
2025-12-01 16:39:05
0
chinevod
🇨🇳Chinevod :
👍
2026-01-04 02:18:45
0
nurik77891
🐔 :
🥰
2026-01-03 13:10:27
0
nur.dead1
💔 :
🥰
2026-01-03 08:57:10
0
__kasoyan__
__kasoyan__ :
😂😂😂
2026-01-01 09:56:56
0
teodor3224
теодор :
🥰
2025-12-29 11:09:13
0
maximdergunov96
альфа рх11 :
🥰
2025-12-28 20:26:46
0
qazaqtiles
Simon “Ghost” Riley :
🥰🥰🥰
2025-12-24 18:53:47
0
user24542487629872
Алексей турбин :
🥰
2025-12-15 17:47:06
0
van.sala
van sala :
👍💪🪖😡🤣
2025-12-12 18:57:18
0
usupvol
Usupvol :
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
2025-12-04 20:21:00
0
a_u_t_i_s_t
TheRealDeth :
😁
2025-12-03 17:19:27
0
ksushhha87
ksusha :
😂😂😂
2021-01-05 12:27:10
0
snitys
snitys :
😳😳😳
2024-10-28 17:52:36
0
To see more videos from user @sportyaga1, please go to the Tikwm homepage.

Other Videos

🤣 Yo nunca me arrepentí de haber pensado que Gisel debía ayudar económicamente a la familia. Lo que sí lamenté fue haberla agregado por accidente al grupo de WhatsApp donde hablábamos de ella. Pero una cosa quiero dejar clara desde el principio: yo no creía estar haciendo nada malo. Gisel tenía dinero. Mi hijo estaba casado con ella. Vivían juntos. Y, para mí, cuando una familia tiene más posibilidades que otra, es lógico que ayude. ¿O acaso no se supone que la familia está para eso? Yo pensaba así. Y todavía lo pienso. El problema fue que una tarde, mientras estaba organizando un grupo de WhatsApp, cometí el peor error de mi vida. O quizás el más incómodo. Porque el grupo se llamaba: “Familia sin Gisel”. No lo habíamos creado para hacerle daño. Bueno… al menos eso me decía yo. Lo habíamos creado porque cada vez que hablábamos de ciertos asuntos familiares, alguien terminaba diciendo: —“No digan eso delante de Gisel.” Y yo pensé: —Entonces hagamos un grupo aparte. Así de simple. Ahí estaban mis hijos, algunos sobrinos, mi hermana y mi nuera… bueno, técnicamente mi hijo estaba ahí. Y claro que hablábamos de Gisel. ¿De qué otra cosa íbamos a hablar? Ella era el centro de muchos problemas familiares. Gisel trabajaba desde casa, escribía relatos, publicaba historias y, según mi hijo, ganaba bastante dinero con eso. Yo nunca entendí exactamente cuánto. Pero sabía que tenía una buena situación económica. Y también sabía que nosotros no estábamos pasando por nuestro mejor momento. Por eso, para mí, era perfectamente razonable pedirle ayuda. Una vez necesitábamos dinero para arreglar unas cosas de la casa. Le pedí. Me ayudó. Otra vez necesitábamos cubrir unos gastos. También ayudó. Entonces pensé: “Bueno, si puede hacerlo, ¿por qué no?” El problema era que mi hijo empezó a ponerme límites. —Mamá, no podés estar siempre pidiéndole dinero a Gisel. Yo le respondía: —¿Y por qué no? —Porque es nuestro dinero. —¿Nuestro? —Sí. —Entonces no entiendo por qué te molesta que tu esposa ayude a tu propia madre. Él se quedaba callado. Yo sabía perfectamente que Gisel tenía más dinero que nosotros. Y también sabía que mi hijo no estaba en una posición económica tan cómoda. Así que, desde mi punto de vista, ella debía colaborar. No por obligación legal. Por familia. O al menos eso pensaba yo. Una noche, en el grupo, escribí: —“Tenemos que hablar de Gisel.” Mi hija respondió: —“¿Otra vez?” —“Sí.” —“Mamá, te va a escuchar.” —“Ese es el problema. Siempre escucha y después hace lo que quiere.” Mi hijo escribió: —“No empiecen.” Yo contesté: —“Vos sos demasiado blando con ella.” —“Mamá…” —“No digo que sea mala mujer. Digo que debería ayudar más.” Mi hermana agregó: —“Estoy de acuerdo.” Y ahí comenzó la conversación. Hablamos de sus ingresos. De la casa. Del auto. De algunas cosas que tenía. Y sí… también nos burlamos un poco de sus relatos. No voy a mentir. A mí me parecían exagerados. Mi hija escribió: —“¿Vieron el último?” Yo puse: —“Sí. Parece que en todos sus relatos alguien termina recibiendo karma.” Nos reímos. Yo no pensé que eso fuera grave. Porque, para mí, era una conversación privada. Hasta que un martes por la tarde decidí agregar a una persona nueva al grupo. Estaba mirando la lista de contactos. Busqué el nombre. Vi varios resultados. Toqué uno. Y listo. “Marta agregó a Gisel.” Me quedé congelada. —No… Volví a mirar. Era ella. Gisel. Mi nuera. La mujer de la que llevábamos semanas hablando. La mujer a la que nadie quería que se enterara. Y ahora… estaba dentro. Mi corazón empezó a latir rapidísimo. —¡Dios mío! Inmediatamente escribí: —“Gisel, perdón, te agregué por error.” Esperé. Nada. —“Fue sin querer.” Nada. —“No era este el grupo.” Nada. Mi hija escribió inmediatamente: —“¿QUÉ HICISTE?” Yo respondí: —“¡Fue un accidente!” Mi hijo: —“Mamá, sacala.” Y ahí cometí otro error. Porque en vez de eliminarla inmediatamente… me quedé mirando la pantalla. Gisel estaba conectada. En línea. Mi hija escribió: —“¿Está leyendo?” Yo respondí: —“No sé.” Mi hijo: —“Sacala YA.” Y yo… no sé por qué… me quedé paralizada. Porque acababa de entender
🤣 Yo nunca me arrepentí de haber pensado que Gisel debía ayudar económicamente a la familia. Lo que sí lamenté fue haberla agregado por accidente al grupo de WhatsApp donde hablábamos de ella. Pero una cosa quiero dejar clara desde el principio: yo no creía estar haciendo nada malo. Gisel tenía dinero. Mi hijo estaba casado con ella. Vivían juntos. Y, para mí, cuando una familia tiene más posibilidades que otra, es lógico que ayude. ¿O acaso no se supone que la familia está para eso? Yo pensaba así. Y todavía lo pienso. El problema fue que una tarde, mientras estaba organizando un grupo de WhatsApp, cometí el peor error de mi vida. O quizás el más incómodo. Porque el grupo se llamaba: “Familia sin Gisel”. No lo habíamos creado para hacerle daño. Bueno… al menos eso me decía yo. Lo habíamos creado porque cada vez que hablábamos de ciertos asuntos familiares, alguien terminaba diciendo: —“No digan eso delante de Gisel.” Y yo pensé: —Entonces hagamos un grupo aparte. Así de simple. Ahí estaban mis hijos, algunos sobrinos, mi hermana y mi nuera… bueno, técnicamente mi hijo estaba ahí. Y claro que hablábamos de Gisel. ¿De qué otra cosa íbamos a hablar? Ella era el centro de muchos problemas familiares. Gisel trabajaba desde casa, escribía relatos, publicaba historias y, según mi hijo, ganaba bastante dinero con eso. Yo nunca entendí exactamente cuánto. Pero sabía que tenía una buena situación económica. Y también sabía que nosotros no estábamos pasando por nuestro mejor momento. Por eso, para mí, era perfectamente razonable pedirle ayuda. Una vez necesitábamos dinero para arreglar unas cosas de la casa. Le pedí. Me ayudó. Otra vez necesitábamos cubrir unos gastos. También ayudó. Entonces pensé: “Bueno, si puede hacerlo, ¿por qué no?” El problema era que mi hijo empezó a ponerme límites. —Mamá, no podés estar siempre pidiéndole dinero a Gisel. Yo le respondía: —¿Y por qué no? —Porque es nuestro dinero. —¿Nuestro? —Sí. —Entonces no entiendo por qué te molesta que tu esposa ayude a tu propia madre. Él se quedaba callado. Yo sabía perfectamente que Gisel tenía más dinero que nosotros. Y también sabía que mi hijo no estaba en una posición económica tan cómoda. Así que, desde mi punto de vista, ella debía colaborar. No por obligación legal. Por familia. O al menos eso pensaba yo. Una noche, en el grupo, escribí: —“Tenemos que hablar de Gisel.” Mi hija respondió: —“¿Otra vez?” —“Sí.” —“Mamá, te va a escuchar.” —“Ese es el problema. Siempre escucha y después hace lo que quiere.” Mi hijo escribió: —“No empiecen.” Yo contesté: —“Vos sos demasiado blando con ella.” —“Mamá…” —“No digo que sea mala mujer. Digo que debería ayudar más.” Mi hermana agregó: —“Estoy de acuerdo.” Y ahí comenzó la conversación. Hablamos de sus ingresos. De la casa. Del auto. De algunas cosas que tenía. Y sí… también nos burlamos un poco de sus relatos. No voy a mentir. A mí me parecían exagerados. Mi hija escribió: —“¿Vieron el último?” Yo puse: —“Sí. Parece que en todos sus relatos alguien termina recibiendo karma.” Nos reímos. Yo no pensé que eso fuera grave. Porque, para mí, era una conversación privada. Hasta que un martes por la tarde decidí agregar a una persona nueva al grupo. Estaba mirando la lista de contactos. Busqué el nombre. Vi varios resultados. Toqué uno. Y listo. “Marta agregó a Gisel.” Me quedé congelada. —No… Volví a mirar. Era ella. Gisel. Mi nuera. La mujer de la que llevábamos semanas hablando. La mujer a la que nadie quería que se enterara. Y ahora… estaba dentro. Mi corazón empezó a latir rapidísimo. —¡Dios mío! Inmediatamente escribí: —“Gisel, perdón, te agregué por error.” Esperé. Nada. —“Fue sin querer.” Nada. —“No era este el grupo.” Nada. Mi hija escribió inmediatamente: —“¿QUÉ HICISTE?” Yo respondí: —“¡Fue un accidente!” Mi hijo: —“Mamá, sacala.” Y ahí cometí otro error. Porque en vez de eliminarla inmediatamente… me quedé mirando la pantalla. Gisel estaba conectada. En línea. Mi hija escribió: —“¿Está leyendo?” Yo respondí: —“No sé.” Mi hijo: —“Sacala YA.” Y yo… no sé por qué… me quedé paralizada. Porque acababa de entender

About