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abacar fazza camara
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Saturday 26 October 2024 00:55:27 GMT
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🍲 Tamales de Candelaria, los que se llevan en la fiesta Mira, hija, el 2 de febrero es día de levantar al Niño Dios del pesebre, de llevarlo a misa y de hacer tamales, porque así se acostumbra desde siempre. En mi casa, desde que tengo memoria, ese día la cocina huele a masa de maíz, a chile y a hojas de mazorca remojadas. Y es que los tamales son el platillo de la Candelaria, el que se comparte en el tianguis después de la bendición, el que se lleva en una canasta a la casa de la comadre. Yo aprendí de mi abuela, que vendía tamales en el mercado de la Merced, y ella decía que los tamales llevan paciencia y cariño, como todo lo que se hace para una fiesta. Para hacer unos 40 tamales de tamaño regular, vas a necesitar: 1 kilo de masa de maíz para tamales (de la que venden ya preparada, o si tienes tiempo, hazla con harina de maíz nixtamalizado), 500 gramos de manteca de cerdo (no le tengas miedo, es la que da el sabor), 1 cucharada de polvo para hornear, 1 cucharadita de sal, 2 tazas de caldo de pollo (o del que hayas hecho con huesos de res), y para el relleno: 500 gramos de carne de cerdo o pollo deshebrada, 3 chiles guajillo desvenados y sin semillas, 2 chiles anchos, 2 dientes de ajo, 1 cebolla chica, y comino, orégano y sal al gusto. No olvides las hojas de mazorca (totomoxtle), unas 40, que se ponen a remojar en agua caliente desde la noche anterior. Primero, pon a cocer la carne con un pedazo de cebolla, ajo y sal, hasta que esté bien suave. Mientras, tuesta los chiles en un comal, con cuidado de que no se quemen, porque se amargan. Luego, hiérvelos en agua con un poco de la cebolla y el ajo, hasta que se ablanden. Licúa todo con un poco del agua de cocción, un chorrito de vinagre y las especias. Cuela la salsa y fríela en un poco de manteca; ahí le pones la carne deshebrada y deja que se sazone bien, unos 15 minutos a fuego bajo. La carne debe quedar jugosa, no seca. Ahora, lo más importante: la masa. Bate la manteca con una batidora o a mano, hasta que esté esponjosa, como pomada. Agrega la masa, el polvo para hornear, la sal, y ve echando el caldo de pollo tibio, poco a poco, mientras sigues batiendo. La masa debe quedar suave, que se despegue de la mano, como si fuera una crema espesa. Si ves que está muy seca, agrégale más caldo; si está aguada, un poco más de masa. Para saber si está lista, toma una bolita y échala en un vaso con agua fría: si flota, ya quedó. Luego, arma los tamales: toma una hoja de mazorca, úntale una cucharada de masa, extiéndela con el dorso de la cuchara o con los dedos mojados, pon una cucharada de relleno en el centro, y dobla la hoja como si fuera un sobre, doblando las puntas hacia abajo. No los aprietes mucho, que necesitan espacio para inflarse. Colócalos en una vaporera, parados, con la abertura hacia arriba, y tapa con una bolsa de plástico o con más hojas para que no se escape el vapor. Cocínalos a fuego medio-alto por una hora y media, o hasta que la masa se despegue fácil de la hoja. Si el agua de la vaporera se seca, agrégale más agua hirviendo, no fría. Y mira, mientras se cuecen, a mí me gusta prender una veladora a la Virgen de Guadalupe, que siempre tengo en la cocina. Esa velita parpadea mientras el vapor sube, y parece que ella también está dando su bendición. Es un recuerdo de mi abuela, que decía que los tamales salen bien cuando hay fe y cuando se cocinan con ganas de compartir. Cuando los tamales estén listos, déjalos reposar 10 minutos antes de abrirlos, para que la masa se asiente. Sírvelos con salsa verde, crema y un poco de queso, o solos, como a mí me gusta. Y no olvides: un tamal no se come solo, se comparte con la familia, con los vecinos, con quien llegue. Por eso en la Candelaria se dice:
🍲 Tamales de Candelaria, los que se llevan en la fiesta Mira, hija, el 2 de febrero es día de levantar al Niño Dios del pesebre, de llevarlo a misa y de hacer tamales, porque así se acostumbra desde siempre. En mi casa, desde que tengo memoria, ese día la cocina huele a masa de maíz, a chile y a hojas de mazorca remojadas. Y es que los tamales son el platillo de la Candelaria, el que se comparte en el tianguis después de la bendición, el que se lleva en una canasta a la casa de la comadre. Yo aprendí de mi abuela, que vendía tamales en el mercado de la Merced, y ella decía que los tamales llevan paciencia y cariño, como todo lo que se hace para una fiesta. Para hacer unos 40 tamales de tamaño regular, vas a necesitar: 1 kilo de masa de maíz para tamales (de la que venden ya preparada, o si tienes tiempo, hazla con harina de maíz nixtamalizado), 500 gramos de manteca de cerdo (no le tengas miedo, es la que da el sabor), 1 cucharada de polvo para hornear, 1 cucharadita de sal, 2 tazas de caldo de pollo (o del que hayas hecho con huesos de res), y para el relleno: 500 gramos de carne de cerdo o pollo deshebrada, 3 chiles guajillo desvenados y sin semillas, 2 chiles anchos, 2 dientes de ajo, 1 cebolla chica, y comino, orégano y sal al gusto. No olvides las hojas de mazorca (totomoxtle), unas 40, que se ponen a remojar en agua caliente desde la noche anterior. Primero, pon a cocer la carne con un pedazo de cebolla, ajo y sal, hasta que esté bien suave. Mientras, tuesta los chiles en un comal, con cuidado de que no se quemen, porque se amargan. Luego, hiérvelos en agua con un poco de la cebolla y el ajo, hasta que se ablanden. Licúa todo con un poco del agua de cocción, un chorrito de vinagre y las especias. Cuela la salsa y fríela en un poco de manteca; ahí le pones la carne deshebrada y deja que se sazone bien, unos 15 minutos a fuego bajo. La carne debe quedar jugosa, no seca. Ahora, lo más importante: la masa. Bate la manteca con una batidora o a mano, hasta que esté esponjosa, como pomada. Agrega la masa, el polvo para hornear, la sal, y ve echando el caldo de pollo tibio, poco a poco, mientras sigues batiendo. La masa debe quedar suave, que se despegue de la mano, como si fuera una crema espesa. Si ves que está muy seca, agrégale más caldo; si está aguada, un poco más de masa. Para saber si está lista, toma una bolita y échala en un vaso con agua fría: si flota, ya quedó. Luego, arma los tamales: toma una hoja de mazorca, úntale una cucharada de masa, extiéndela con el dorso de la cuchara o con los dedos mojados, pon una cucharada de relleno en el centro, y dobla la hoja como si fuera un sobre, doblando las puntas hacia abajo. No los aprietes mucho, que necesitan espacio para inflarse. Colócalos en una vaporera, parados, con la abertura hacia arriba, y tapa con una bolsa de plástico o con más hojas para que no se escape el vapor. Cocínalos a fuego medio-alto por una hora y media, o hasta que la masa se despegue fácil de la hoja. Si el agua de la vaporera se seca, agrégale más agua hirviendo, no fría. Y mira, mientras se cuecen, a mí me gusta prender una veladora a la Virgen de Guadalupe, que siempre tengo en la cocina. Esa velita parpadea mientras el vapor sube, y parece que ella también está dando su bendición. Es un recuerdo de mi abuela, que decía que los tamales salen bien cuando hay fe y cuando se cocinan con ganas de compartir. Cuando los tamales estén listos, déjalos reposar 10 minutos antes de abrirlos, para que la masa se asiente. Sírvelos con salsa verde, crema y un poco de queso, o solos, como a mí me gusta. Y no olvides: un tamal no se come solo, se comparte con la familia, con los vecinos, con quien llegue. Por eso en la Candelaria se dice: "el que no tiene tamal, que se aguante". Pero tú, que los hiciste, tienes para dar y para recibir. Que el olor a tamal llene tu casa, que el calor de la cocina te abrace, y que la Virgen te cuide mientras los compartes. ¡Buen provecho, y que la fiesta sea larga!

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