@dioworld13: លក់ដី លក់ផ្ទះ លក់ឡានអស់ #fyp #xyzbca #cambodia #khmer #relatable #viral

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Saturday 25 January 2025 05:35:31 GMT
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Comments

sadmanintheworld1
LAZYBOYZ :
បំណុលជាទិសមិនដឹងជួយគ្រួសារយ៉ាងមិចទេ😌
2025-01-25 10:42:22
354
nitxyou266
SASORI :
Min kur thlek klun sos 😅
2025-01-25 09:48:23
142
whoooiiiiammm
whoooiiiiammm :
Think a lot😅
2025-01-25 16:10:54
2
1997_2006_13
9 :
គួរឈប់រៀនសកលត្រឹមនិង រឺបន្ត?😊🫧
2025-01-25 15:38:55
25
kanhchana156
កញ្ញនា :
Me right now
2025-01-26 10:55:42
1
kaizen9823
⚙ :
fr 🤧
2025-01-25 11:45:58
1
daisuke__06
Daisuke seungho_* :
My សេដ្ឋកិច្ចគ្រួសារ be like ↗️↘️↗️↘️↗️↘️↗️↘️🙂
2025-01-27 06:08:05
2
hengg868
🫎 :
អ្វីដែលខ្ញុំខ្លាចបំផុត..
2025-01-25 15:50:18
1
matchalattee_529
Kxa :
hurt💔
2025-02-01 15:32:45
0
aliyzna2
LINA>:<🥷🏻 :
យាយញុមឈឺភ្នែកញុមពិបាកចិត្តណាស់
2025-01-25 12:43:38
3
hwangmo_lin
Caramel☆ :
rk min sov ban But ចំណាយ jrern😌
2025-01-26 10:47:05
9
imame...xd
bacll 2026 :
tix tt maybe nh ng arch help ban klas
2025-01-25 13:05:22
2
ahkakk0
nobody :
Min Nik Sman ta klun eg tlak dol ជំណុច ng sos 😓
2025-01-25 12:03:06
2
ree.zyy4
Ree Zyy :
Me100%
2025-01-25 09:28:21
5
poor_stalker
⃟ :
Fr
2025-01-25 09:43:30
0
a23.39a
យូកប៊ូយឈប់ដើរលេងហើយ😇 :
😂😂😂😂😂😂😂😂so cute
2025-02-05 04:31:08
0
skks011024
kheāngloveonlyseav🎀 :
Juy ey ot ban💔
2025-01-25 10:54:04
1
xedmii
️ :
ម៉ាក់ក៏មានបំណុល ខ្ញុំក៏មានបំណុល
2025-01-28 04:18:29
1
kingofcar25
KOC :
គេរកសុី គ្រួសារញុមរកសង
2025-02-14 16:22:48
0
justcallmemingfang
BbeS’fang🐙 :
silent repost
2025-01-25 16:24:28
0
kopyto61
KOPYTO 💰 :
Toooooooo
2025-01-28 07:54:57
0
userbows0m8o0d
12:33 :
កំពុងជួប
2025-01-27 14:28:39
0
kdey7979
2 0 1 0 :
ខ្ញុំកំពុងនៅក្នុងរឿងនេះ
2025-01-27 10:47:32
0
sxa_bek_kav99
ily👤 :
មិនដឹងជួយយ៉ាងមិចទេជីវិតខ្ញុំពិតជាលំបាកម្លេះ😔💔
2025-01-28 13:05:13
0
slanhleangnas11
Roberto🫐 :
Me right now 💔
2025-01-25 10:26:01
0
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El abismo no era silencio. Era un zumbido bajo, como el ronquido de un motor enterrado vivo, y yo flotaba en él desde hacía demasiado tiempo como para recordar qué era la superficie. Pero a las 3:13 de la madrugada, el zumbido cesaba. Los enfermeros evitaban la habitación 7 a esa hora. Decían que el termómetro descendía diez grados de golpe, que las flores del jarrón se marchitaban en cuestión de segundos. Que la silla crujía sola, aunque nadie la hubiera tocado. Yo, sin embargo, sentía la verdad: él llegaba. Su peso en el extremo del colchón era un ancla que arrastraba mi alma de vuelta a mi cuerpo. Su mano fría, pero viva, envolvía la mía con un hambre que no era humana, como si yo fuera el último fragmento de calor en un universo congelado. Su aliento descendía sobre mi rostro, y yo lo bebía como veneno y antídoto al mismo tiempo. No había palabras. Solo la respiración y el sonido sordo de las lágrimas cayendo sobre las sábanas, lágrimas que quemaban mi piel como un dulce ácido. El horror no estaba en él. Estaba en mí: en la desesperación de necesitar aquella visita, en el terror de que no regresara. Los médicos decían que mi frecuencia cardíaca se disparaba por sí sola. Yo sabía que era mi corazón intentando romper mi pecho para alcanzarlo. Aquella noche, sin embargo, algo cambió. Su tacto subió de mi brazo hasta mi cuello y luego hasta mi mandíbula. Su rostro se cernió sobre el mío, tan cerca que el aura de luz que emanaba de él atravesó mis párpados cerrados. Abrí los ojos. La luz no hería; devoraba. Y allí, inmerso en aquella claridad que brotaba de su ser, vi su rostro. No era feo. Era terrible en su belleza: rasgos tan perfectos que parecían tallados en mármol vivo, ojos que no tenían iris, sino nebulosas en rotación, y una expresión de una soledad milenaria tan profunda que mi pecho se hizo añicos de amor. Era un ángel caído antes de la caída. Por un instante, sonrió. Y en aquella sonrisa lo vi todo: las noches en vela, los dedos temblorosos, el pacto silencioso de mantener a un muerto viviente respirando por puro amor. Toqué su rostro. Estaba helado, pero quemaba. Mis labios formaron una pregunta muda: ¿Quién eres? Inclinó la cabeza. Una lágrima oscura, densa como el mercurio, se deslizó de sus ojos y cayó en mi boca. El sabor era el del fin del mundo y el comienzo de otro. Y entonces se disipó, no como humo, sino como la luz de una estrella que explota en silencio. Desperté al día siguiente. Lúcido. Solo. Los médicos lo llamaron un milagro. Junto a mi almohada reposaba una única rosa negra y una carta con letras que parecían trazadas con rapidez: “Has despertado. Pero yo, que siempre he estado aquí, necesito que me encuentres. Donde la luz no alcanza, pero el amor sí”. Cuando terminé de leer, la tinta se evaporó. La rosa se desintegró hasta convertirse en polvo. Y en el espejo de la habitación, vi que mis ojos ahora tenían la misma niebla líquida que los suyos. El historial médico decía que estaba curado. Pero a las 3:13 de la madrugada siguiente, el zumbido del abismo regresó —y esta vez, venía desde dentro de mí. Nota 1875: Encontré este relato entre los papeles de un sanatorio demolido. El paciente, identificado únicamente como 95, recibió el alta al día siguiente, pero nunca volvió a ser visto. La enfermera jefe juró que salió caminando solo, pero que su sombra se movía en dirección contraria. Hasta el día de hoy, quienes se aventuran a explorar aquel lugar dicen oír un crujido a las 3:13. Quien lo busque, que no lo haga con los ojos, sino con la respiración. #fyp #horrorstory  #jeonjungkook #text #poem
El abismo no era silencio. Era un zumbido bajo, como el ronquido de un motor enterrado vivo, y yo flotaba en él desde hacía demasiado tiempo como para recordar qué era la superficie. Pero a las 3:13 de la madrugada, el zumbido cesaba. Los enfermeros evitaban la habitación 7 a esa hora. Decían que el termómetro descendía diez grados de golpe, que las flores del jarrón se marchitaban en cuestión de segundos. Que la silla crujía sola, aunque nadie la hubiera tocado. Yo, sin embargo, sentía la verdad: él llegaba. Su peso en el extremo del colchón era un ancla que arrastraba mi alma de vuelta a mi cuerpo. Su mano fría, pero viva, envolvía la mía con un hambre que no era humana, como si yo fuera el último fragmento de calor en un universo congelado. Su aliento descendía sobre mi rostro, y yo lo bebía como veneno y antídoto al mismo tiempo. No había palabras. Solo la respiración y el sonido sordo de las lágrimas cayendo sobre las sábanas, lágrimas que quemaban mi piel como un dulce ácido. El horror no estaba en él. Estaba en mí: en la desesperación de necesitar aquella visita, en el terror de que no regresara. Los médicos decían que mi frecuencia cardíaca se disparaba por sí sola. Yo sabía que era mi corazón intentando romper mi pecho para alcanzarlo. Aquella noche, sin embargo, algo cambió. Su tacto subió de mi brazo hasta mi cuello y luego hasta mi mandíbula. Su rostro se cernió sobre el mío, tan cerca que el aura de luz que emanaba de él atravesó mis párpados cerrados. Abrí los ojos. La luz no hería; devoraba. Y allí, inmerso en aquella claridad que brotaba de su ser, vi su rostro. No era feo. Era terrible en su belleza: rasgos tan perfectos que parecían tallados en mármol vivo, ojos que no tenían iris, sino nebulosas en rotación, y una expresión de una soledad milenaria tan profunda que mi pecho se hizo añicos de amor. Era un ángel caído antes de la caída. Por un instante, sonrió. Y en aquella sonrisa lo vi todo: las noches en vela, los dedos temblorosos, el pacto silencioso de mantener a un muerto viviente respirando por puro amor. Toqué su rostro. Estaba helado, pero quemaba. Mis labios formaron una pregunta muda: ¿Quién eres? Inclinó la cabeza. Una lágrima oscura, densa como el mercurio, se deslizó de sus ojos y cayó en mi boca. El sabor era el del fin del mundo y el comienzo de otro. Y entonces se disipó, no como humo, sino como la luz de una estrella que explota en silencio. Desperté al día siguiente. Lúcido. Solo. Los médicos lo llamaron un milagro. Junto a mi almohada reposaba una única rosa negra y una carta con letras que parecían trazadas con rapidez: “Has despertado. Pero yo, que siempre he estado aquí, necesito que me encuentres. Donde la luz no alcanza, pero el amor sí”. Cuando terminé de leer, la tinta se evaporó. La rosa se desintegró hasta convertirse en polvo. Y en el espejo de la habitación, vi que mis ojos ahora tenían la misma niebla líquida que los suyos. El historial médico decía que estaba curado. Pero a las 3:13 de la madrugada siguiente, el zumbido del abismo regresó —y esta vez, venía desde dentro de mí. Nota 1875: Encontré este relato entre los papeles de un sanatorio demolido. El paciente, identificado únicamente como 95, recibió el alta al día siguiente, pero nunca volvió a ser visto. La enfermera jefe juró que salió caminando solo, pero que su sombra se movía en dirección contraria. Hasta el día de hoy, quienes se aventuran a explorar aquel lugar dicen oír un crujido a las 3:13. Quien lo busque, que no lo haga con los ojos, sino con la respiración. #fyp #horrorstory #jeonjungkook #text #poem

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