@atelismoradical: Disfrutar la vida es un lujo, no un derecho. No porque así deba ser, sino porque el sistema lo hizo así. Mientras unos meditan en retiros de silencio, otros trabajan 12 horas sin descanso. Mientras unos buscan propósito, otros solo buscan no enfermar. La felicidad fue privatizada. El tiempo libre se volvió privilegio. Y lo mínimo —dormir sin miedo, comer sin deuda, respirar sin ansiedad— ya no es condición humana, es recompensa de mercado. No todos pueden “vivir el presente” cuando ese presente está roto. No todos pueden “buscar su pasión” si no saben cómo van a pagar la renta. La alegría no es falta de voluntad. Es falta de condiciones. Y hasta que eso no se entienda, toda filosofía será decoración. —Nada de Fondo