@z4yn8: Salt King #アニメ #hyakuyayuuichiro #seraphoftheend #anime #edit

Zayn
Zayn
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Thursday 24 April 2025 12:50:51 GMT
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.supreme_deity_rimuru
True Dragon Rimuru :
What is the Salt King, a Demon Lord or something not demonic ?
2025-04-26 15:09:42
98
christiantnierva
christiantnierva :
i need season 3 😭😭
2025-04-25 14:42:51
989
milliemetal
mimi 𝜗ৎ :
SERAPH OF THE END ON MY FYP IM WINNING
2025-04-25 10:57:29
79
gokusekitten
🎀༘ Mʀ ₘₑₗₐₜₒₙᵢₙ亀 :
SERAPH OF THE END MENTIONED?!
2025-04-24 12:55:38
1413
songoku00101
Son Goku :
man waiting for s3
2025-04-24 14:01:37
554
jinhosan
jinho :
why they are not throwing season 3 already 10 years wait
2025-04-25 14:30:51
289
.kiiara_22
mikayuu canon :
mikayuu canon
2025-04-25 10:22:27
68
ishaqplayz
𝓘𝓼𝓱𝓪𝓺 :
CHAT I FINALLY FOUND THE FYP FOR THIS ANIME 🙏🙏🙏
2025-04-26 09:57:25
51
haruto_.0
ツ𝙃ꪖ𝙧𝙪𝙩𝙤☁︎ :
El Serafin Del Fin 🗿🍷👌
2025-04-24 22:48:17
75
rsselena_
nana :
lisez les scans vous ratez vrmt
2025-04-25 22:12:10
25
manhleotop190
mạnh lê :
vua muối,nghe tên ko lực cho lắm😂😂
2025-04-25 05:33:46
22
vanryuu150
𝙍𝙖𝙪𝙡 𝙕𝙓¥ :
king uyah🔥🔥
2025-04-25 11:17:02
50
di_tdt
DI🏴‍☠️ :
гг силы в других аниме:Дьявольски фрукты , банками т.д гг сила в последнем Серафиме:Солёной король🙂
2025-06-12 10:05:06
24
nyliaaw
ليا :
manga elit, s3 sulit
2025-05-18 11:48:30
7
smnvsano
DEZGAN :
2025г а мы еще надеемся на продолжение
2025-06-19 10:33:45
19
songwut.fx
ซังคิว :
ราชาเกลือ😎😎
2025-04-25 03:25:18
0
steve_in_minecraft228
Steve :
Я в раю? Серафим в реках ☠️
2025-04-25 14:48:07
28
itsdarkness761
IM・Darkness安 :
nunggu s3 sampe lumutan🗿
2025-04-25 14:35:32
64
solarzed
solar :
солевой король
2025-04-25 04:03:59
1170
necrocok0
Necrocok :
Питерский бог💀
2025-04-28 20:01:03
150
hydewattpad
Ismail :
Tout sa pour Shinoa
2025-04-26 12:55:12
24
w1_ron
Тгк: Пещера Клиффа :
Чего эта аниме снова форситься.... Неужели намечается новый сезон???
2025-07-20 15:22:41
6
lukis_edits333
LUKIS :
посоленый король
2025-04-26 18:07:33
9
killa_5
✮˚.⋆၊၊|၊|။•Kila•||||။၊⋆.˚✮˚. :
a terceira temporada virou lenda urbana já scrr
2025-06-23 11:12:16
12
tmmy_211
Thompson hogsett :
WE NEED SEASON 3🗣️🗣️
2025-04-27 05:48:12
20
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Les dijeron que volverían después de trabajar durante unos meses. De las casi mil jóvenes que subieron a aquel tren, menos de cien alcanzarían la libertad. El 25 de marzo de 1942, un convoy partió de Poprad, en Eslovaquia, con 999 muchachas y mujeres judías. La mayoría eran solteras, muchas apenas adolescentes, y algunas nunca habían pasado una noche lejos de sus familias. Las autoridades les hicieron creer que realizarían trabajos para el Estado. Se hablaba de fábricas y contratos temporales. Varias llevaron ropa cuidadosamente doblada, alimentos preparados por sus madres y objetos personales que esperaban utilizar durante su estancia. Sus padres las despidieron creyendo que volverían. Nadie les dijo que habían sido entregadas a los nazis para realizar trabajos forzados. El propio gobierno eslovaco colaboró en la deportación y pagó a Alemania 500 marcos del Reich por cada persona enviada. Cuando el tren llegó a Auschwitz el 26 de marzo, aquellas jóvenes se convirtieron en el primer gran transporte de judíos organizado oficialmente hacia ese campo. Entre ellas viajaban las hermanas Edith y Lea Friedman, de 17 y 19 años. Al bajar encontraron nieve, alambradas y hombres vestidos con uniformes a rayas. Edith todavía no comprendía que aquellos hombres también eran prisioneros ni que ella acababa de perder su nombre para convertirse en un número. No había ninguna fábrica esperándolas. Las obligaron a trabajar demoliendo edificios, nivelando terrenos, despejando caminos y limpiando pantanos y zanjas con las manos desnudas. Recibían tan poca comida que sus cuerpos comenzaron a consumirse rápidamente. Una herida, una infección o unos zapatos rotos podían convertirse en una sentencia de muerte. Edith lo descubrió cuando su calzado se deshizo. Una prisionera llamada Margie Becker, que trabajaba clasificando las pertenencias arrebatadas a quienes llegaban al campo, consiguió para ella un par de zapatos resistentes. En Auschwitz, un gesto que en cualquier otro lugar habría parecido pequeño podía significar la diferencia entre seguir caminando o caer. Edith recordaría después que sus ángeles no tenían alas: tenían pies. En agosto de 1942, las mujeres fueron trasladadas a Birkenau. Allí las condiciones eran todavía peores. Faltaba agua, las barracas estaban abarrotadas y una epidemia de tifus se extendió entre las prisioneras. Primero enfermó Edith. Lea la sostuvo, la llevó al trabajo y la obligó a continuar cuando apenas podía caminar. Sabía que faltar a la formación o mostrarse demasiado débil podía significar la muerte. Cuando Edith comenzó a recuperarse, Lea cayó enferma. Durante semanas, Edith le entregó su sopa porque su hermana ya no podía comer pan. Después, Lea dejó de levantarse. Fue llevada al bloque donde recluían a las enfermas antes de las selecciones. Edith logró entrar para verla. Encontró a su hermana tendida en el suelo, consumida por la fiebre. Le sostuvo la mano, besó su rostro y tuvo que marcharse sabiendo que probablemente no volvería a verla. El 5 de diciembre de 1942, Lea fue asesinada en una cámara de gas junto con otras prisioneras enfermas. Edith perdió la voluntad de continuar. Entonces apareció Elsa Rosenthal, una joven de 16 años que se convirtió en su “hermana de campo”. Elsa se aseguraba de que comiera, dormía junto a ella para darle calor y la vigilaba cuando estaba enferma. Una noche le dijo: —Yo no puedo sobrevivir sin ti. Edith comprendió que ya no estaba viviendo únicamente por ella misma. En Auschwitz, las amistades no eran simples compañías. Eran redes de supervivencia. Las mujeres compartían migajas, sostenían a quienes se desplomaban durante los recuentos y se protegían unas a otras de una maquinaria diseñada para convertirlas en seres aislados. En enero de 1945, con el Ejército Rojo acercándose, los nazis evacuaron Auschwitz. Edith y miles de prisioneros fueron obligados a caminar bajo una tormenta de nieve.
Les dijeron que volverían después de trabajar durante unos meses. De las casi mil jóvenes que subieron a aquel tren, menos de cien alcanzarían la libertad. El 25 de marzo de 1942, un convoy partió de Poprad, en Eslovaquia, con 999 muchachas y mujeres judías. La mayoría eran solteras, muchas apenas adolescentes, y algunas nunca habían pasado una noche lejos de sus familias. Las autoridades les hicieron creer que realizarían trabajos para el Estado. Se hablaba de fábricas y contratos temporales. Varias llevaron ropa cuidadosamente doblada, alimentos preparados por sus madres y objetos personales que esperaban utilizar durante su estancia. Sus padres las despidieron creyendo que volverían. Nadie les dijo que habían sido entregadas a los nazis para realizar trabajos forzados. El propio gobierno eslovaco colaboró en la deportación y pagó a Alemania 500 marcos del Reich por cada persona enviada. Cuando el tren llegó a Auschwitz el 26 de marzo, aquellas jóvenes se convirtieron en el primer gran transporte de judíos organizado oficialmente hacia ese campo. Entre ellas viajaban las hermanas Edith y Lea Friedman, de 17 y 19 años. Al bajar encontraron nieve, alambradas y hombres vestidos con uniformes a rayas. Edith todavía no comprendía que aquellos hombres también eran prisioneros ni que ella acababa de perder su nombre para convertirse en un número. No había ninguna fábrica esperándolas. Las obligaron a trabajar demoliendo edificios, nivelando terrenos, despejando caminos y limpiando pantanos y zanjas con las manos desnudas. Recibían tan poca comida que sus cuerpos comenzaron a consumirse rápidamente. Una herida, una infección o unos zapatos rotos podían convertirse en una sentencia de muerte. Edith lo descubrió cuando su calzado se deshizo. Una prisionera llamada Margie Becker, que trabajaba clasificando las pertenencias arrebatadas a quienes llegaban al campo, consiguió para ella un par de zapatos resistentes. En Auschwitz, un gesto que en cualquier otro lugar habría parecido pequeño podía significar la diferencia entre seguir caminando o caer. Edith recordaría después que sus ángeles no tenían alas: tenían pies. En agosto de 1942, las mujeres fueron trasladadas a Birkenau. Allí las condiciones eran todavía peores. Faltaba agua, las barracas estaban abarrotadas y una epidemia de tifus se extendió entre las prisioneras. Primero enfermó Edith. Lea la sostuvo, la llevó al trabajo y la obligó a continuar cuando apenas podía caminar. Sabía que faltar a la formación o mostrarse demasiado débil podía significar la muerte. Cuando Edith comenzó a recuperarse, Lea cayó enferma. Durante semanas, Edith le entregó su sopa porque su hermana ya no podía comer pan. Después, Lea dejó de levantarse. Fue llevada al bloque donde recluían a las enfermas antes de las selecciones. Edith logró entrar para verla. Encontró a su hermana tendida en el suelo, consumida por la fiebre. Le sostuvo la mano, besó su rostro y tuvo que marcharse sabiendo que probablemente no volvería a verla. El 5 de diciembre de 1942, Lea fue asesinada en una cámara de gas junto con otras prisioneras enfermas. Edith perdió la voluntad de continuar. Entonces apareció Elsa Rosenthal, una joven de 16 años que se convirtió en su “hermana de campo”. Elsa se aseguraba de que comiera, dormía junto a ella para darle calor y la vigilaba cuando estaba enferma. Una noche le dijo: —Yo no puedo sobrevivir sin ti. Edith comprendió que ya no estaba viviendo únicamente por ella misma. En Auschwitz, las amistades no eran simples compañías. Eran redes de supervivencia. Las mujeres compartían migajas, sostenían a quienes se desplomaban durante los recuentos y se protegían unas a otras de una maquinaria diseñada para convertirlas en seres aislados. En enero de 1945, con el Ejército Rojo acercándose, los nazis evacuaron Auschwitz. Edith y miles de prisioneros fueron obligados a caminar bajo una tormenta de nieve.

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