@huda.and.hedi: I think I’m pranking him to much #tunisia #prank #couple #followformore👉🏽👉🏽 #tunesia🇹🇳 #husbandwife #germany #essencity #fyp #viralvideo #foryoupage❤️❤️ #justaprank #fakebloodwarning⚠️ #morenutrition #zerupmorenutrition

Huda&Hedi
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Sunday 06 July 2025 15:44:42 GMT
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Mayar♉ :
✨amboulance✨
2025-07-06 21:55:04
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yosra.messoud
Yesso💜🦄 :
✨imboulance✨😂 ✨Siri call 911😂😂
2025-07-07 00:56:52
875
j4sm_a
𝓐𝓼𝓶𝓪 ♡ :
✨شنعملل تو انااا ✨باااسييط ✨😭😂😂😂
2025-07-06 18:47:21
1821
djanesousou
Sousou :
Besh irawhou Biya hahahahahahah
2025-07-06 17:10:58
1111
www.tiktok.comnoura43
Thee Quuen😍🫶🏻 :
imboulance✨😂
2025-07-06 20:57:31
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louayissaoui
Louay Issaoui :
Siri call 911 le 7akem hedha😂😂😂😂
2025-07-07 12:50:00
305
bent__ameur
🐆FtaaY 🐆 :
Besh yrawho beya 😂
2025-07-06 21:35:57
869
mryy__37
Mary :
✨y7benk ya7 rasha mche✨
2025-07-08 00:01:53
460
hibabeldi1
Hiba :
Call 911 le 7akem hedha😭🤣
2025-07-07 14:23:52
51
semya.aidi
Semya aidi :
مشيت، باصيت، باش يروحو بيا😂😂😂😂
2025-07-09 10:04:22
474
yasmineriahi6
🧚‍♂️yasmineriahi🇹🇳 :
Raw7ou biya sayee 😂😂😂
2025-07-06 23:29:34
94
ssa._n
🪐💫 :
blouddd😂😂😂😂😂😂😂😂😂
2025-07-07 01:44:37
64
kha___dija20
Khadija🎀🩷 :
بش يروحو ليا✨😂😂😂
2025-07-06 21:26:33
135
eya.eya271
Youtta :
مش يروحو بيا 😂 باصيت هههه 😂
2025-07-07 01:43:47
112
parnorae
nour :
Blouuuuud
2025-07-08 01:27:21
19
syrine317
سيلينا :
شيروحو بيا 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
2025-07-06 20:18:10
73
queen.alg1
Queen alg :
ههه يخمم في روحو قال باش يروحو بيا
2025-07-08 17:26:12
43
nadinetounsi09
Baby🧸🩷 :
✨بش يروحو بيا✨
2025-07-09 00:49:28
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123schmetterlinq123
N! NA 🦋 :
Was soll ich machen jez 🤣 bluut 🤣🤣🤣
2025-07-06 21:12:39
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ritej.agueb
Douja🫀 :
Basitttt yahhh Beni bch yrw7ou biya 😂🦋
2025-07-06 20:53:52
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tasnimouni03
Tasneem 💋 :
✨tsawer latrab7ek✨
2025-07-12 21:18:41
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kattybenazzouz
katty :
باصيت باش يروحو بيا 😂😂😂
2025-07-14 13:33:54
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sa2ou
safia :
ich bin hier seit drei tage 😭😭😭😭😭😭
2025-07-06 19:42:20
86
a___ch07
A♕♡ :
اصدق مقلب نشوفو يمووووت ردة فعلوو😂😂😂😂
2025-07-06 20:21:47
22
piika293
Pï ka :
باصيت بش يروحوا بيا 😂😂😂😂
2025-07-08 20:34:10
6
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Don Ernesto era un anciano de setenta y ocho años. Sus manos estaban arrugadas por los años de trabajo y su ropa siempre lucía gastada. Había pasado toda su vida sacrificándose por una sola persona: su hijo Daniel. Cuando Daniel era pequeño, Ernesto trabajaba donde podía. Cargaba sacos en el mercado, limpiaba patios, reparaba cercas y hacía cualquier oficio que le permitiera llevar un poco de comida a casa. Muchas noches él se acostaba sin cenar para que su hijo pudiera comer. —Papá, ¿y tú no tienes hambre? —preguntaba el pequeño Daniel. —No, hijo. Ya comí en el trabajo —mentía Ernesto con una sonrisa. En realidad, no había probado bocado en todo el día. Los años pasaron. Ernesto trabajó sin descanso para que Daniel estudiara. Vendió las pocas pertenencias que tenía para pagar libros, uniformes y transporte. —Algún día serás un hombre importante —le decía. —Y cuando lo sea, te cuidaré para siempre, papá —respondía Daniel. Aquellas palabras llenaban de esperanza el corazón del anciano. Finalmente, Daniel terminó sus estudios y consiguió un excelente empleo en una gran empresa. Su vida cambió por completo. Compró una bonita casa, un automóvil y comenzó a ganar mucho dinero. Poco tiempo después conoció a Sofía, una mujer hermosa pero orgullosa y egoísta. Tras algunos meses, se casaron. Al principio, Ernesto estaba feliz. —Mi hijo tiene todo lo que siempre soñó —decía a sus vecinos. Pero pronto comenzó el sufrimiento. Cuando visitaba la casa de Daniel, Sofía lo recibía con mala cara. —Otra vez vino tu padre —susurraba molesta. —Solo quiere saludarnos —respondía Daniel. —Siempre llega con esa ropa vieja. Los vecinos pensarán que somos iguales que él. Ernesto escuchaba aquellas palabras desde lejos, pero fingía no oírlas. Un día llegó a la casa después de caminar varias horas. —Buenas tardes, hijos —saludó con una sonrisa. Sofía observó sus zapatos rotos y frunció el ceño. —¿Qué necesita ahora? —Solo quería verlos. —Pues estamos ocupados. Daniel apareció en la puerta. —Hola, papá. —Hola, hijo. —¿Todo bien? —Sí, sí... todo bien. Pero no estaba bien. Llevaba dos días sin comer. Sofía intervino inmediatamente. —Daniel, tenemos invitados esta noche. No podemos atender visitas. Ernesto bajó la mirada. —No se preocupen. Ya me voy. Y se marchó lentamente. Con el paso del tiempo, las visitas se volvieron menos frecuentes. Cada vez que llegaba, Sofía encontraba una forma de humillarlo. —No toques eso. —No te sientes ahí. —No ensucies el sofá. —¿Por qué no te buscas un lugar donde vivir? Ernesto soportaba todo en silencio porque amaba a su hijo. Mientras tanto, Daniel nunca veía la verdadera actitud de su esposa. Siempre estaba trabajando y solo escuchaba la versión de Sofía. —Tu padre exagera. —Tu padre siempre viene a pedir algo. —Tu padre quiere aprovecharse de nosotros. Poco a poco, aquellas palabras fueron sembrando dudas en su corazón. Los años continuaron pasando. Ernesto se volvió más frágil y más pobre. Ya casi nadie le daba trabajo debido a su edad. Algunas veces iba a buscar a Daniel únicamente para pedir un poco de comida. Una tarde lluviosa, caminaba por una avenida cuando vio a Daniel y Sofía saliendo de un restaurante elegante. Sus ojos se iluminaron. —¡Daniel! El hijo se giró. —Papá. Ernesto se acercó despacio. —Hijo... ¿podrías ayudarme con algo de comida? No he comido desde ayer. Daniel permaneció en silencio. Antes de que pudiera responder, Sofía habló con evidente molestia. —Otra vez lo mismo. —Solo tengo hambre —dijo Ernesto humildemente. —Siempre aparece cuando estamos tranquilos. Daniel miró a su esposa. —Sofía... Ella cruzó los brazos. —Ya estoy cansada. Siempre es igual. Tu padre da demasiados problemas. Ernesto sintió una punzada en el pecho. —No quiero causar molestias. —Entonces deja de venir —respondió ella fríamente. Daniel observó a su padre. Por un instante recordó los sacrificios de su infancia #historias #fyp #seriesenespañol
Don Ernesto era un anciano de setenta y ocho años. Sus manos estaban arrugadas por los años de trabajo y su ropa siempre lucía gastada. Había pasado toda su vida sacrificándose por una sola persona: su hijo Daniel. Cuando Daniel era pequeño, Ernesto trabajaba donde podía. Cargaba sacos en el mercado, limpiaba patios, reparaba cercas y hacía cualquier oficio que le permitiera llevar un poco de comida a casa. Muchas noches él se acostaba sin cenar para que su hijo pudiera comer. —Papá, ¿y tú no tienes hambre? —preguntaba el pequeño Daniel. —No, hijo. Ya comí en el trabajo —mentía Ernesto con una sonrisa. En realidad, no había probado bocado en todo el día. Los años pasaron. Ernesto trabajó sin descanso para que Daniel estudiara. Vendió las pocas pertenencias que tenía para pagar libros, uniformes y transporte. —Algún día serás un hombre importante —le decía. —Y cuando lo sea, te cuidaré para siempre, papá —respondía Daniel. Aquellas palabras llenaban de esperanza el corazón del anciano. Finalmente, Daniel terminó sus estudios y consiguió un excelente empleo en una gran empresa. Su vida cambió por completo. Compró una bonita casa, un automóvil y comenzó a ganar mucho dinero. Poco tiempo después conoció a Sofía, una mujer hermosa pero orgullosa y egoísta. Tras algunos meses, se casaron. Al principio, Ernesto estaba feliz. —Mi hijo tiene todo lo que siempre soñó —decía a sus vecinos. Pero pronto comenzó el sufrimiento. Cuando visitaba la casa de Daniel, Sofía lo recibía con mala cara. —Otra vez vino tu padre —susurraba molesta. —Solo quiere saludarnos —respondía Daniel. —Siempre llega con esa ropa vieja. Los vecinos pensarán que somos iguales que él. Ernesto escuchaba aquellas palabras desde lejos, pero fingía no oírlas. Un día llegó a la casa después de caminar varias horas. —Buenas tardes, hijos —saludó con una sonrisa. Sofía observó sus zapatos rotos y frunció el ceño. —¿Qué necesita ahora? —Solo quería verlos. —Pues estamos ocupados. Daniel apareció en la puerta. —Hola, papá. —Hola, hijo. —¿Todo bien? —Sí, sí... todo bien. Pero no estaba bien. Llevaba dos días sin comer. Sofía intervino inmediatamente. —Daniel, tenemos invitados esta noche. No podemos atender visitas. Ernesto bajó la mirada. —No se preocupen. Ya me voy. Y se marchó lentamente. Con el paso del tiempo, las visitas se volvieron menos frecuentes. Cada vez que llegaba, Sofía encontraba una forma de humillarlo. —No toques eso. —No te sientes ahí. —No ensucies el sofá. —¿Por qué no te buscas un lugar donde vivir? Ernesto soportaba todo en silencio porque amaba a su hijo. Mientras tanto, Daniel nunca veía la verdadera actitud de su esposa. Siempre estaba trabajando y solo escuchaba la versión de Sofía. —Tu padre exagera. —Tu padre siempre viene a pedir algo. —Tu padre quiere aprovecharse de nosotros. Poco a poco, aquellas palabras fueron sembrando dudas en su corazón. Los años continuaron pasando. Ernesto se volvió más frágil y más pobre. Ya casi nadie le daba trabajo debido a su edad. Algunas veces iba a buscar a Daniel únicamente para pedir un poco de comida. Una tarde lluviosa, caminaba por una avenida cuando vio a Daniel y Sofía saliendo de un restaurante elegante. Sus ojos se iluminaron. —¡Daniel! El hijo se giró. —Papá. Ernesto se acercó despacio. —Hijo... ¿podrías ayudarme con algo de comida? No he comido desde ayer. Daniel permaneció en silencio. Antes de que pudiera responder, Sofía habló con evidente molestia. —Otra vez lo mismo. —Solo tengo hambre —dijo Ernesto humildemente. —Siempre aparece cuando estamos tranquilos. Daniel miró a su esposa. —Sofía... Ella cruzó los brazos. —Ya estoy cansada. Siempre es igual. Tu padre da demasiados problemas. Ernesto sintió una punzada en el pecho. —No quiero causar molestias. —Entonces deja de venir —respondió ella fríamente. Daniel observó a su padre. Por un instante recordó los sacrificios de su infancia #historias #fyp #seriesenespañol

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