@trinna201: Opinión | El dolor de una persona no puede convertirse en arma contra toda una comunidad Por Jannelle Spencer Educadora, investigadora y mujer trans Las palabras que se volvieron titulares En las cartas y videos dejados por Robin Westman antes del tiroteo en Minneapolis, se leen frases como: “Estoy harta de ser trans” y “Desearía no haberme lavado el cerebro con esa idea”. Son palabras duras, íntimas, que reflejan un profundo dolor interno. Lo que encontramos aquí no es un manifiesto político ni un ataque explícito a la comunidad LGBT+. Lo que vemos es un testimonio desgarrador de alguien que vivía en medio de una crisis de salud mental, marcada por el arrepentimiento, la frustración y el aislamiento. Convertir este sufrimiento personal en prueba colectiva de que “las personas trans son peligrosas” es tan cruel como injusto. Salud mental ≠ identidad trans Los problemas de salud mental afectan a todas las personas, en cualquier orientación o identidad de género. Lo que Robin expresó no es un rechazo hacia la comunidad trans, sino hacia sí misma, un reflejo del peso del estigma, la precariedad económica para costear tratamientos médicos y el eco de discursos religiosos que llaman a “arrepentirse de existir”. Reducir este crimen a un “crimen trans” es un error y una mentira. No se trata de la identidad de género, sino de un contexto de abandono institucional, presión social y soledad emocional. La violencia espiritual del arrepentimiento forzado Las frases de Robin deben leerse también a la luz de lo que muchas personas trans escuchan a diario en templos, casas y espacios escolares: “tu identidad es pecado”, “tienes que arrepentirte”. Ese discurso no salva vidas: las destruye. Interiorizar la vergüenza y el odio hacia sí misma es violencia espiritual, y sus consecuencias pueden ser devastadoras. No se trata de justificar actos de violencia, sino de entender que el caldo de cultivo no está en ser trans, sino en vivir en un entorno que condena la mera existencia. Contra la manipulación política Hoy, sectores de la ultraderecha blanca y latina celebran estas frases como si fueran prueba de que “ser trans es un error”. Pero lo que realmente confirman es el peso de un sistema que obliga a muchas personas trans a cargar con culpas ajenas, con el miedo al rechazo, con la imposibilidad de alcanzar un cuerpo acorde a sus sueños por falta de recursos médicos. La instrumentalización de este dolor para sembrar odio no busca justicia, busca votos y control político. Y frente a eso, la comunidad trans no debe ser borrada ni reducida a un estigma. Lo que debemos sostener La violencia de Robin Westman no representa a las personas trans. Representa el abandono de la salud mental. Representa el eco de discursos religiosos que llaman a arrepentirse de existir. Representa la carga insoportable del estigma. Pero ser trans no es el problema. El problema es la transfobia, la invisibilización y la manipulación de nuestro dolor con fines políticos. Por eso repetimos: no somos culpables, no somos un peligro, somos libertad. Y jamás volveremos a ser borradas.

Transgender: Verdad y fuego
Transgender: Verdad y fuego
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Thursday 28 August 2025 23:44:34 GMT
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