@el amor en palabras :
Hubo en la estancia un prodigio,
una visión tan regia y soberana,
que los astros, al verla,
enmudecieron su lumbre de plata.
Era ella, mujer de tez encendida,
erigida como estatua viviente
en el altar de las pasiones ocultas.
Su cabellera —río nocturno y solemne—
se derramaba en ondas graves,
y en su semblante ardía
la claridad de una aurora profana.
¡Oh divino artificio del universo!
Sus labios, rosas de un jardín vedado,
destilaban néctar de delirio,
y al pronunciar apenas un suspiro
ya nacían tormentas de deleite.
Sus pechos —orbes de majestad secreta—
se alzaban cual custodios sagrados
de un templo que no conoce blasfemia,
sino la liturgia ardiente del deseo.
Allí reposaba la respiración del mundo,
allí palpitaba la música del incendio.
Su talle era sortilegio,
su vientre, mapa de naufragios,
y de sus piernas —torres de marfil palpitante—
se levantaba el arco triunfal
donde la carne proclama su victoria.
Así, en su cuerpo radiante,
la naturaleza olvidó su mesura
y escribió con tinta de lujuria y de gracia
un poema de fuego para los siglos.
Mujer: tú no caminas,
sino que fluyes como río de oro;
no hablas, sino que dictas con tu silencio
el evangelio de la pasión.
Y yo, pobre mortal rendido,
me confieso reo de tus encantos,
deseoso de leer página por página
la sagrada desnudez de tu misterio,
hasta perderme, sin salvación,
2025-10-05 02:40:17