@maz277_: #قران #الكريم# . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

MAZEN
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Wednesday 08 October 2025 14:20:43 GMT
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lana384761
M :
2025-11-08 16:24:09
1100
fxok2
مازن😋👋🏻. :
ذنوبي احسها واجد سلسله الحوقله بنيه ان ذنوبي تروح
2025-11-09 02:35:39
348
.hl71
. :
2025-11-08 15:49:31
64
yon88158
𐙚 𝒢ℯ𝓃𝒶♡︎✩ :
أول مايحاسب علية العبد يوم القيامة هو ؟ ◯ الصلاة. ◯ الصوم. ◯ الزكاة
2025-11-08 07:55:53
184
a429434
. :
جاني فضول وش بيختم؟
2025-11-09 00:52:48
177
ton_mm37
Ton_mm37 :
رح اسوي سلسله الحمدالله ⬇️
2025-11-09 02:27:10
11
maz277_
MAZEN :
استغفر الله واتوب إليه
2025-10-08 18:23:03
49
123look27
Ğ.🐈‍⬛🪽 :
2025-11-08 20:04:49
11
kk_z7
A🪽 :
سلسله حقوله لا حد يفشلني😅
2025-11-09 10:41:39
9
bxo7.0
HA :
سلسلة الحوقلة
2025-11-09 10:01:11
10
lafy964
?C O R E & :
بنيه على جدي و جدي الثاني و عمي و جدتي
2025-11-08 18:39:57
8
abudawsar_502
AbuDawsr :
سلسلة الاستغفار+استغفرالله
2025-10-25 22:44:19
8
syrialebanon2
NL Polic :
سلسلة سبحان الله
2025-11-09 03:11:03
5
llor591
ᖇᗩᗪ♛ :
الي قرأها يحط🤍
2025-11-08 21:22:24
19
avilainvites
دعوات الاكترونيه | رسم رقمي ✨ :
2025-11-09 11:26:10
5
8_z1x
رفيـفَ :
اشهد ان لا إله إلا أنت وحدك لاشريك لك
2025-11-08 22:21:41
23
user4819696304058
𝓐𝓵𝓶𝓪𝓼𝓼𝓪𝓫𝓲🎬📸 :
استغفر الله العظيم و اتوب اليه
2025-11-10 11:03:08
1
u_6oo_
šøũļ🇬🇧🎶 :
سكبت ورجعت
2025-11-08 22:24:26
5
.west941
سكلر| West :
2026-03-27 15:22:08
1
dlu.2
Mesh :
اللهم اغفرلي وللمؤمنين والمؤمنات والمسلمين والمسلمات الأحياء منهم والأموات اللهم ارزقنا التوبه ورزقنا الجنه ورزقنا الذرية الصالحه يارب العالمين
2025-11-09 00:58:31
3
kamalziead772
Kamal Ziead :
لا إله إلا الله الواحد القهار
2025-11-09 10:57:09
1
_33r3
Nawaf :
سبحان الله
2025-11-09 09:41:46
3
s_oo789
s_oo789 :
سبحان الله وبحمده سبحان الله العظيم
2025-11-09 10:52:14
3
fajr_2011
😝😜🤙🏻 :
اللهم صل وسلم على نبينا محمد
2025-11-09 06:30:41
4
.io44881
Loni :
الحمد الله
2025-11-09 03:35:44
1
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Don Ernesto era un anciano de setenta y ocho años. Sus manos estaban arrugadas por los años de trabajo y su ropa siempre lucía gastada. Había pasado toda su vida sacrificándose por una sola persona: su hijo Daniel. Cuando Daniel era pequeño, Ernesto trabajaba donde podía. Cargaba sacos en el mercado, limpiaba patios, reparaba cercas y hacía cualquier oficio que le permitiera llevar un poco de comida a casa. Muchas noches él se acostaba sin cenar para que su hijo pudiera comer. —Papá, ¿y tú no tienes hambre? —preguntaba el pequeño Daniel. —No, hijo. Ya comí en el trabajo —mentía Ernesto con una sonrisa. En realidad, no había probado bocado en todo el día. Los años pasaron. Ernesto trabajó sin descanso para que Daniel estudiara. Vendió las pocas pertenencias que tenía para pagar libros, uniformes y transporte. —Algún día serás un hombre importante —le decía. —Y cuando lo sea, te cuidaré para siempre, papá —respondía Daniel. Aquellas palabras llenaban de esperanza el corazón del anciano. Finalmente, Daniel terminó sus estudios y consiguió un excelente empleo en una gran empresa. Su vida cambió por completo. Compró una bonita casa, un automóvil y comenzó a ganar mucho dinero. Poco tiempo después conoció a Sofía, una mujer hermosa pero orgullosa y egoísta. Tras algunos meses, se casaron. Al principio, Ernesto estaba feliz. —Mi hijo tiene todo lo que siempre soñó —decía a sus vecinos. Pero pronto comenzó el sufrimiento. Cuando visitaba la casa de Daniel, Sofía lo recibía con mala cara. —Otra vez vino tu padre —susurraba molesta. —Solo quiere saludarnos —respondía Daniel. —Siempre llega con esa ropa vieja. Los vecinos pensarán que somos iguales que él. Ernesto escuchaba aquellas palabras desde lejos, pero fingía no oírlas. Un día llegó a la casa después de caminar varias horas. —Buenas tardes, hijos —saludó con una sonrisa. Sofía observó sus zapatos rotos y frunció el ceño. —¿Qué necesita ahora? —Solo quería verlos. —Pues estamos ocupados. Daniel apareció en la puerta. —Hola, papá. —Hola, hijo. —¿Todo bien? —Sí, sí... todo bien. Pero no estaba bien. Llevaba dos días sin comer. Sofía intervino inmediatamente. —Daniel, tenemos invitados esta noche. No podemos atender visitas. Ernesto bajó la mirada. —No se preocupen. Ya me voy. Y se marchó lentamente. Con el paso del tiempo, las visitas se volvieron menos frecuentes. Cada vez que llegaba, Sofía encontraba una forma de humillarlo. —No toques eso. —No te sientes ahí. —No ensucies el sofá. —¿Por qué no te buscas un lugar donde vivir? Ernesto soportaba todo en silencio porque amaba a su hijo. Mientras tanto, Daniel nunca veía la verdadera actitud de su esposa. Siempre estaba trabajando y solo escuchaba la versión de Sofía. —Tu padre exagera. —Tu padre siempre viene a pedir algo. —Tu padre quiere aprovecharse de nosotros. Poco a poco, aquellas palabras fueron sembrando dudas en su corazón. Los años continuaron pasando. Ernesto se volvió más frágil y más pobre. Ya casi nadie le daba trabajo debido a su edad. Algunas veces iba a buscar a Daniel únicamente para pedir un poco de comida. Una tarde lluviosa, caminaba por una avenida cuando vio a Daniel y Sofía saliendo de un restaurante elegante. Sus ojos se iluminaron. —¡Daniel! El hijo se giró. —Papá. Ernesto se acercó despacio. —Hijo... ¿podrías ayudarme con algo de comida? No he comido desde ayer. Daniel permaneció en silencio. Antes de que pudiera responder, Sofía habló con evidente molestia. —Otra vez lo mismo. —Solo tengo hambre —dijo Ernesto humildemente. —Siempre aparece cuando estamos tranquilos. Daniel miró a su esposa. —Sofía... Ella cruzó los brazos. —Ya estoy cansada. Siempre es igual. Tu padre da demasiados problemas. Ernesto sintió una punzada en el pecho. —No quiero causar molestias. —Entonces deja de venir —respondió ella fríamente. Daniel observó a su padre. Por un instante recordó los sacrificios de su infancia #historias #fyp #seriesenespañol
Don Ernesto era un anciano de setenta y ocho años. Sus manos estaban arrugadas por los años de trabajo y su ropa siempre lucía gastada. Había pasado toda su vida sacrificándose por una sola persona: su hijo Daniel. Cuando Daniel era pequeño, Ernesto trabajaba donde podía. Cargaba sacos en el mercado, limpiaba patios, reparaba cercas y hacía cualquier oficio que le permitiera llevar un poco de comida a casa. Muchas noches él se acostaba sin cenar para que su hijo pudiera comer. —Papá, ¿y tú no tienes hambre? —preguntaba el pequeño Daniel. —No, hijo. Ya comí en el trabajo —mentía Ernesto con una sonrisa. En realidad, no había probado bocado en todo el día. Los años pasaron. Ernesto trabajó sin descanso para que Daniel estudiara. Vendió las pocas pertenencias que tenía para pagar libros, uniformes y transporte. —Algún día serás un hombre importante —le decía. —Y cuando lo sea, te cuidaré para siempre, papá —respondía Daniel. Aquellas palabras llenaban de esperanza el corazón del anciano. Finalmente, Daniel terminó sus estudios y consiguió un excelente empleo en una gran empresa. Su vida cambió por completo. Compró una bonita casa, un automóvil y comenzó a ganar mucho dinero. Poco tiempo después conoció a Sofía, una mujer hermosa pero orgullosa y egoísta. Tras algunos meses, se casaron. Al principio, Ernesto estaba feliz. —Mi hijo tiene todo lo que siempre soñó —decía a sus vecinos. Pero pronto comenzó el sufrimiento. Cuando visitaba la casa de Daniel, Sofía lo recibía con mala cara. —Otra vez vino tu padre —susurraba molesta. —Solo quiere saludarnos —respondía Daniel. —Siempre llega con esa ropa vieja. Los vecinos pensarán que somos iguales que él. Ernesto escuchaba aquellas palabras desde lejos, pero fingía no oírlas. Un día llegó a la casa después de caminar varias horas. —Buenas tardes, hijos —saludó con una sonrisa. Sofía observó sus zapatos rotos y frunció el ceño. —¿Qué necesita ahora? —Solo quería verlos. —Pues estamos ocupados. Daniel apareció en la puerta. —Hola, papá. —Hola, hijo. —¿Todo bien? —Sí, sí... todo bien. Pero no estaba bien. Llevaba dos días sin comer. Sofía intervino inmediatamente. —Daniel, tenemos invitados esta noche. No podemos atender visitas. Ernesto bajó la mirada. —No se preocupen. Ya me voy. Y se marchó lentamente. Con el paso del tiempo, las visitas se volvieron menos frecuentes. Cada vez que llegaba, Sofía encontraba una forma de humillarlo. —No toques eso. —No te sientes ahí. —No ensucies el sofá. —¿Por qué no te buscas un lugar donde vivir? Ernesto soportaba todo en silencio porque amaba a su hijo. Mientras tanto, Daniel nunca veía la verdadera actitud de su esposa. Siempre estaba trabajando y solo escuchaba la versión de Sofía. —Tu padre exagera. —Tu padre siempre viene a pedir algo. —Tu padre quiere aprovecharse de nosotros. Poco a poco, aquellas palabras fueron sembrando dudas en su corazón. Los años continuaron pasando. Ernesto se volvió más frágil y más pobre. Ya casi nadie le daba trabajo debido a su edad. Algunas veces iba a buscar a Daniel únicamente para pedir un poco de comida. Una tarde lluviosa, caminaba por una avenida cuando vio a Daniel y Sofía saliendo de un restaurante elegante. Sus ojos se iluminaron. —¡Daniel! El hijo se giró. —Papá. Ernesto se acercó despacio. —Hijo... ¿podrías ayudarme con algo de comida? No he comido desde ayer. Daniel permaneció en silencio. Antes de que pudiera responder, Sofía habló con evidente molestia. —Otra vez lo mismo. —Solo tengo hambre —dijo Ernesto humildemente. —Siempre aparece cuando estamos tranquilos. Daniel miró a su esposa. —Sofía... Ella cruzó los brazos. —Ya estoy cansada. Siempre es igual. Tu padre da demasiados problemas. Ernesto sintió una punzada en el pecho. —No quiero causar molestias. —Entonces deja de venir —respondió ella fríamente. Daniel observó a su padre. Por un instante recordó los sacrificios de su infancia #historias #fyp #seriesenespañol

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