eldenjias :
Me encantaría ser el ratón de campo, porque él no duda de su lugar en el mundo. Vive con lo necesario, sin preguntarse si hay algo mejor esperándolo en otro sitio. Su hambre es honesta, su miedo es claro, y su paz no depende de promesas. Pero sigo siendo un ratón de ciudad, caminando entre luces que ciegan y ruidos que no dejan pensar, rodeado de cosas que brillan más de lo que nutren.
Si me preguntan qué ratón soy, no puedo elegir uno sin mentirme un poco. Quisiera decir que soy el ratón de campo, el que valora la calma, la vida sencilla, el que no necesita demasiado para sentirse vivo. Ese ratón representa la parte de mí que quiere paz, vínculos reales, días que no se sientan como una carrera constante. El que cree que la felicidad puede caber en algo pequeño y honesto.
Pero también soy el ratón de ciudad, aunque a veces me pese admitirlo. Soy el que se pierde entre el ruido, el deseo y las oportunidades que prometen más de lo que cumplen. El que se queda porque tiene miedo de soltar, porque ya probó el calor artificial, la comodidad, el amor intenso aunque inestable. La ciudad representa mis contradicciones: la ambición, la curiosidad, el miedo a volver a empezar sin nada.
Y quizá esa es la verdad más humana: no somos uno u otro, somos el conflicto entre ambos. El ratón de campo vive en lo que anhelamos; el de la ciudad, en lo que somos ahora. Como en el arco de Reze, la pregunta no es cuál elegir, sino qué parte de nosotros estamos dispuestos a cuidar para no perdernos del todo, pero tal vez no estoy perdido. Tal vez estoy en ese punto incómodo donde uno empieza a entender que la libertad no es huir ni quedarse, sino aceptar el peso de elegir. Ser humano es eso: desear el campo mientras se sobrevive en la ciudad, amar lo simple aunque ya no sepamos vivir sin el caos, y seguir caminando aun sabiendo que algunas promesas, como Reze, llegan para enseñarnos lo que queremos… y luego se van, Porque a veces no estamos perdidos en la ciudad… solo estamos buscando la flor.
2026-02-02 05:59:00