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El sol se filtraba entre los vitrales del castillo, iluminando tenuemente a la Dama mientras se apoyaba suavemente del brazo de su príncipe, su risa ligera contrastando con la fría solemnidad de la sala. El caballero, su antigua obsesión, permanecía en silencio, su armadura reluciendo bajo la luz, cada reflejo recordándole sus intentos fallidos, sus promesas vacías, su esperanza desmoronándose ante la felicidad de otros.
Sus ojos, apenas visibles tras el visor, se clavaron en ellos como dagas. La Dama, consciente de su mirada, giró su rostro hacia él, y en ese instante el desprecio se volvió tangible; una mirada de asco que penetró la coraza del caballero como si supiera exactamente dónde dolía. Una única lágrima se deslizó por su mejilla, atrapada por la fría máscara de metal, mientras apoyaba su espada en el suelo con un sonido seco que resonó en todo el salón. Su corazón se quebró no por la traición del príncipe, sino porque comprendió que ella nunca había querido su amor… solo había deseado su espada.
Ese día, la chispa que lo definía como caballero se convirtió en fuego oscuro. No fue más el caballero que alguna vez conocieron; emergió el MEGA CABALLERO, una sombra envuelta en acero, con ojos ardientes de rabia y círculos con pinchos en las manos, símbolo de su odio hacia todo lo que una vez amó. Su fe en la humanidad se quebró, su confianza evaporada, y cada paso que daba era un recordatorio de que nunca volvería a depender de nadie. Desde ese día, la justicia se volvió fría, y la venganza, su único aliado.
2026-01-24 14:57:01