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Mi novia tenía 19 y estaba estudiando enfermería. Siempre decía que estaba ocupada: prácticas, exámenes, guardias voluntarias… yo, con 20, solo quería verla, pasar un rato juntos, pero siempre cancelaba.
Un día cociné algo que llevaba horas preparando porque sabía que le encantaba. Como volvió a cancelar, pensé: “Va, se lo llevo yo mismo.”
Fui a su facultad y la encontré en un aula vacía… con un compañero, demasiado cerca, hablando bajito y con esa tensión rara que no hace falta explicar.
No dije nada.
Cerré la puerta y me fui.
Ella llegó horas después a mi casa llorando, diciendo que “no era lo que parece”, que estaba confundida, que solo fue un error. Yo solo pensaba en la cantidad de veces que me había dejado esperando por “prácticas”.
No discutí. Solo le dije que necesitaba espacio y que no me buscara.
Pasaron semanas.
Me enfoqué en mi vida, en mis cosas, en entrenar y en trabajar.
En el curro conocí a otra chica: buena onda, me apoyaba, me hacía reír… y sin darme cuenta, me empezaba a gustar.
Antes de avanzar, cerré mi pasado. Fui a ver a mi ex y le dije que hasta aquí llegaba todo, que no había vuelta. No hubo drama, no hubo gritos. Solo se acabó.
Dos años después me torcí el tobillo en el gym y fui a urgencias.
¿Quién estaba en triage? Ella.
Nos miramos como dos personas que ya no tenían nada que ver.
Ni amor, ni odio, ni historia.
Solo pasado.
Y nada… si llegaste hasta aquí, también es mentira. No podía dormir jajajaja.
2025-12-09 07:07:43