𝙉𝙞𝙘𝙤𝙡𝙖́𝙨 :
¿Estamos solos porque nadie se acerca lo suficiente para conocernos de verdad, o porque somos nosotros quienes levantamos muros cuando alguien intenta hacerlo? Tal vez la soledad no sea siempre ausencia de otros, sino una distancia cuidadosamente mantenida. Deseamos ser comprendidos, pero tememos ser vistos; anhelamos cercanía, pero desconfiamos de la exposición que esta exige.
En las relaciones, especialmente en aquellas donde el vínculo promete intimidad, se revela una paradoja profunda: queremos que el otro nos descubra, pero solo hasta donde nos sentimos seguros. Permitimos que conozcan una versión editada de nosotros, una que no incomode, que no tiemble, que no muestre las grietas. Así, la soledad persiste incluso en compañía, no por falta de amor, sino por exceso de protección.
Quizá no estamos solos porque nadie quiera conocernos, sino porque conocer implica riesgo. Ser visto es aceptar la posibilidad de no ser aceptado. Y aun así, solo cuando dejamos caer las defensas, cuando permitimos que el otro nos mire sin filtros, la soledad comienza a perder sentido. No desaparece del todo, pero se transforma: deja de ser un vacío y se vuelve un espacio compartido
2025-12-13 04:19:16