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Te amo, pero como amiga. Y decirlo así no lo hace menos fuerte, solo más honesto. Te amo de esa forma silenciosa que no exige nada, de esa que se queda incluso cuando sabe que no puede pedir más. Te amo porque fuiste esa amiga que estuvo ahí para mí cuando nadie más estuvo, cuando aprender a aguantar sola ya se había vuelto costumbre.
Llegaste en un momento en el que yo ya no esperaba a nadie. Cuando confiar parecía una pérdida de tiempo y hablar se sentía inútil. Aun así, te quedaste. Me escuchaste cuando mis palabras salían desordenadas, cuando ni yo sabía cómo explicar lo que me dolía. Fuiste la única en la que pude confiar después de años de levantar muros, después de convencerme de que era mejor no necesitar a nadie.
Podría escribirte mil cartas y aun así sentir que me faltan palabras. Porque hay cosas que no se dicen fácil, cosas que solo se sienten. Fuiste esa amiga que no pidió explicaciones, que no reclamó mi silencio, que no exigió presencia. Simplemente estuviste, incluso cuando yo no tenía mucho para dar.
Lo sé, fue poco el tiempo que nos conocimos. Y eso es lo que más duele. Porque en tan poco tiempo lograste llenar un vacío que llevaba conmigo desde hace años. Un vacío que nadie había notado, o que nadie quiso mirar. Yo ya había aprendido a vivir con él, a hacer como si no existiera. Y luego llegaste tú… y lo llenaste sin saberlo.
2026-02-23 01:14:32