DINA CTMR :
"Nadie puede bañarse dos veces en un mismo río". La frase “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río” de Heráclito encierra una verdad inquietante sobre el amor, pues todo cambia. El río cambia porque sus aguas siguen corriendo, pero quien entra en él también cambia. Lo mismo ocurre cuando amamos. Muchas veces creemos amar algo permanente, cuando en realidad amamos un instante, una versión concreta de alguien que existió en un momento preciso. Con el tiempo, esa persona se transforma y nosotros también, y entonces aparece la paradoja: buscamos revivir lo que sentimos al principio, pero el agua que tocamos ya no es la misma.
En ese sentido, el amor no es algo fijo, sino una corriente. Jorge Luis Borges escribió: “El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho.” Si nosotros estamos hechos de tiempo, el amor también lo está. Por eso muchas veces no amamos realmente al otro, sino la memoria del otro, el recuerdo de cómo era cuando lo conocimos. Amar de verdad exige algo más difícil: aceptar la transformación.
Friedrich Nietzsche decía que lo que se hace por amor ocurre más allá del bien y del mal, porque amar implica asumir que la persona que tenemos delante no permanecerá igual. Y aun así, decidir seguir caminando con ella dentro del cambio. Incluso así, puede ocurrir que dos personas que antes fluían juntas comiencen a tomar direcciones distintas. No siempre el amor termina por culpa de alguien; a veces simplemente las corrientes se separan. Tal vez por eso el amor no consiste en encontrar algo eterno e inmóvil, sino en algo más frágil y más profundo: volver a encontrarse cada día en el río, sabiendo que ninguno de los dos es exactamente el mismo que ayer. La verdadera pregunta no es si el río cambia porque inevitablemente lo hace sino si, cuando vuelvas a entrar en él, seguirás reconociendo a quien nada a tu lado.
2026-03-11 06:56:43