Real :
A veces le tenemos miedo a la muerte, como si fuera una condena, cuando en realidad es lo más natural de la vida. Nos asusta no tanto por lo que es, sino por lo que la gente ha construido alrededor de ella. Y eso me hace pensar: ¿por qué temerle, si la muerte es parte esencial de existir? No tengo una respuesta absoluta, pero sí una certeza: no hay vida sin muerte. De la muerte nace la vida y la vida camina, inevitablemente, hacia la muerte. Es una ley silenciosa de la naturaleza.
No hablo de religión, sino de lo humano, de lo filosófico. El ser humano no puede ser eterno, y quizá eso sea una bendición. La eternidad sería una tortura: ver pasar a tus hijos, a los hijos de tus hijos, y seguir ahí, sin final. Incluso cuando le digo a mi madre que desearía que fuera eterna, ella me recuerda que el hombre está destinado a morir una sola vez. Más allá de la fe, ese mensaje encierra una verdad profunda: no hay escapatoria, y aceptarlo es parte de vivir.
Entonces, ¿cómo enfrentar la muerte? No se puede vencer ni evitar; solo se puede aceptar. Saber que un día moriremos cambia la forma en que miramos la vida. Para muchos, la muerte es descanso, no castigo. Pero no debe verse como una salida fácil ante el dolor; la vida, aun con su peso, merece ser vivida. La muerte no invita a huir, sino a reflexionar.
Por eso, la muerte se convierte en medida y espejo: nos recuerda que el tiempo es finito. Amen a sus seres queridos, vivan con intención, porque no sabemos cuándo ni dónde llegará el final. Y quizá ahí esté el sentido: no en temer a la muerte, sino en aprender a vivir antes de que llegue.
2026-01-21 04:40:22