Juáncito :
Estuve temporadas defendiendo la camiseta de su club como titular indiscutido. Desde mi debut sentí que había llegado al equipo de mi vida, ese en el que uno no solo juega por contrato sino por pasión, con la ilusión de quedarme a largo plazo y hasta retirarme ahí. Ella era mi final soñada, la copa que quería levantar: casarme y compartir la victoria eterna.
Con el paso de los partidos empecé a notar movimientos extraños en el mercado de fichajes: llegaban refuerzos para mi misma posición, aunque el DT me repetía que confiaba en mí y que yo tenía contrato de titularidad. Aun así, en los entrenamientos se veía claro que había un suplente en especial que se estaba ganando su atención.
Di todo en la cancha, jugué con el corazón, soporté lesiones emocionales y aun así seguí poniéndome la camiseta con orgullo. Pero un día me dejaron en el banquillo, viendo cómo mi lugar en el once inicial lo ocupaba otro. Terminé la temporada cumpliendo mi contrato, sabiendo que no me renovarían.
Cuando el pitazo final llegó, el DT me llamó y me dijo que estaba libre, que ya no tenía nada más que hacer en ese club. Así fue como dejé el vestuario, me despedí de la que pensé sería mi casa y desde entonces quedé como agente libre, con el recuerdo de haber jugado el mejor fútbol de mi vida, aunque el club ya no lo valorara.
2026-05-25 18:11:07