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El amor que tuvimos aún vive en los rincones de mi memoria, como un eco que se niega a desaparecer. A veces cierro los ojos y vuelvo a sentir tu risa, tan cercana, tan mía, como si el tiempo no hubiera pasado. Pero al abrirlos, solo queda el vacío que dejaste al irte, un silencio que pesa más que mil palabras. Nunca imaginé que algo tan fuerte pudiera romperse tan fácilmente, como un cristal que parecía eterno. Me pregunto en qué momento nos perdimos, en qué instante dejamos de mirarnos con la misma luz en los ojos. Tal vez fue el orgullo, tal vez el miedo, o simplemente la vida que nos llevó por caminos distintos. Lo cierto es que aún guardo cada recuerdo como un tesoro, aunque duela. Hay noches en las que tu nombre se escapa en mis pensamientos, y no puedo evitar sonreír y llorar al mismo tiempo. Porque amarte fue lo más hermoso que me pasó, pero perderte fue lo que más me enseñó. Aprendí que no todo lo que queremos se queda, y que incluso lo más sincero puede desvanecerse. Aun así, no me arrepiento, porque cada momento contigo valió la pena. Fuiste mi hogar por un tiempo, mi paz en medio del caos. Y aunque ya no estés, una parte de ti siempre vivirá en mí. Tal vez en otra vida, en otro tiempo, nuestras historias se encuentren de nuevo. Mientras tanto, seguiré adelante, llevando tu recuerdo como una cicatriz que no se ve, pero que nunca deja de sentirse. Porque el amor perdido no desaparece, solo cambia de forma y se queda guardado en lo más profundo del corazón
2026-04-07 22:13:11