@brookezurcher: ☀️☀️

brooke
brooke
Open In TikTok:
Region: US
Thursday 05 March 2026 19:26:14 GMT
1486
13
0
1

Music

Download

Comments

There are no more comments for this video.
To see more videos from user @brookezurcher, please go to the Tikwm homepage.

Other Videos

A JingJing le gustaba Jan. Al principio había sido solo atracción: curiosidad por la chica que siempre se escondía detrás de una cámara, la que parecía vivir en su propio mundo. Pero conforme la fue conociendo, su torpeza natural, su inteligencia discreta, el corazón noble que asomaba en gestos pequeños, lo nerviosa que se ponía y aun así se mantenía atenta, esa atracción se convirtió en algo más firme. Más profundo. JingJing lo sabía. El problema era que Jan era terriblemente ciega… o tal vez se negaba a creer que alguien como ella pudiera gustarle. JingJing había lanzado indirectas, invitaciones, cercanía deliberada. Nada. Jan sonreía, se sonrojaba, pero nunca daba el paso. Esa noche, JingJing había decidido que ya no más. Si quería que Jan lo supiera, tendría que ser directa. El turno en la cafetería terminó más tarde de lo habitual. Cuando salió por la puerta trasera, ajustándose el bolso al hombro, Jan ya estaba ahí. Apoyada contra la pared del callejón, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta. Al verla, sonrió de esa forma torpe que a JingJing se le había vuelto adictiva. Caminaron juntas hacia el cine. La noche estaba fresca y las calles semivacías. —¿Estás cansada? —preguntó Jan, mirándola de reojo. —Un poco —admitió JingJing—. Pero no importa. Quería salir contigo. Jan se detuvo en seco. El corazón le dio un vuelco tan fuerte que por un segundo pensó que se había escuchado. —¿Eh? JingJing soltó una risa suave, casi nerviosa, y sin pensarlo demasiado le tomó la mano. Los dedos de Jan estaban un poco fríos. Los suyos, cálidos. Tiró de ella con suavidad para que siguieran caminando. —Vamos, o si no nos perdemos la función. Jan sintió que el cerebro le hacía corto circuito. La mano de JingJing era pequeña, firme, y el simple contacto le provocó un calor que le subió por el brazo hasta el pecho. Tragó saliva y asintió, dejando que la guiaran. No soltó la mano. El camino hasta el cine se llenó de conversaciones a medias y silencios cómodos. Hablaban de la película, de un profesor que ponía demasiada tarea, de lo mal que estaba el café de la escuela. Pero debajo de cada palabra había algo más denso. Jan notaba el peso de los dedos entrelazados. JingJing notaba cómo el pulgar de Jan se movía a veces, tímido, como si no supiera si debía acariciar o quedarse quieto. La función fue la última de la noche. La sala estaba casi vacía. Se sentaron juntas, los hombros rozándose cada vez que alguna se movía. Jan apenas prestó atención a la pantalla. Estaba demasiado consciente del perfume suave de JingJing, de la forma en que la luz del proyector le iluminaba el perfil, de lo cerca que estaban. Cuando salieron, la noche ya era profunda. Caminaban de regreso, más despacio. Jan miraba de vez en cuando la mano de JingJing, que ahora colgaba libre a su lado. Quería tomarla otra vez. Quería entrelazar los dedos y no soltarla. Pero le parecía demasiado atrevido, demasiado esperanzado. Como si al hacerlo estuviera admitiendo algo que todavía no se atrevía a nombrar. JingJing se dio cuenta. Sin decir nada, buscó la mano de Jan y la tomó. Esta vez fue más deliberado. Entrelazó los dedos con calma, como si tuviera todo el derecho del mundo a hacerlo. Jan se tensó un segundo… y luego se rindió, apretando suavemente. —Esto es lindo —comentó JingJing en voz baja. —Sí —respondió Jan, apenas un susurro. Caminaron así una cuadra más. El silencio ya no era solo cómodo. Estaba cargado. —¿Sabes qué más es lindo? —dijo JingJing de pronto. Jan la miró, esperando. —Tú. El aire se volvió espeso. Se detuvieron bajo la luz amarillenta de una farola. JingJing tenía las mejillas ligeramente sonrojadas, pero no apartó la mirada. Su voz salió un poco más baja, más vulnerable. —Jan… quiero decirte algo. —Tragó saliva. El pulso le latía en la garganta—. Tú… tú me… No terminó. (Continuación en comentarios).  #AU #janhae #jingjingyu #janjingjing #spiderman
A JingJing le gustaba Jan. Al principio había sido solo atracción: curiosidad por la chica que siempre se escondía detrás de una cámara, la que parecía vivir en su propio mundo. Pero conforme la fue conociendo, su torpeza natural, su inteligencia discreta, el corazón noble que asomaba en gestos pequeños, lo nerviosa que se ponía y aun así se mantenía atenta, esa atracción se convirtió en algo más firme. Más profundo. JingJing lo sabía. El problema era que Jan era terriblemente ciega… o tal vez se negaba a creer que alguien como ella pudiera gustarle. JingJing había lanzado indirectas, invitaciones, cercanía deliberada. Nada. Jan sonreía, se sonrojaba, pero nunca daba el paso. Esa noche, JingJing había decidido que ya no más. Si quería que Jan lo supiera, tendría que ser directa. El turno en la cafetería terminó más tarde de lo habitual. Cuando salió por la puerta trasera, ajustándose el bolso al hombro, Jan ya estaba ahí. Apoyada contra la pared del callejón, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta. Al verla, sonrió de esa forma torpe que a JingJing se le había vuelto adictiva. Caminaron juntas hacia el cine. La noche estaba fresca y las calles semivacías. —¿Estás cansada? —preguntó Jan, mirándola de reojo. —Un poco —admitió JingJing—. Pero no importa. Quería salir contigo. Jan se detuvo en seco. El corazón le dio un vuelco tan fuerte que por un segundo pensó que se había escuchado. —¿Eh? JingJing soltó una risa suave, casi nerviosa, y sin pensarlo demasiado le tomó la mano. Los dedos de Jan estaban un poco fríos. Los suyos, cálidos. Tiró de ella con suavidad para que siguieran caminando. —Vamos, o si no nos perdemos la función. Jan sintió que el cerebro le hacía corto circuito. La mano de JingJing era pequeña, firme, y el simple contacto le provocó un calor que le subió por el brazo hasta el pecho. Tragó saliva y asintió, dejando que la guiaran. No soltó la mano. El camino hasta el cine se llenó de conversaciones a medias y silencios cómodos. Hablaban de la película, de un profesor que ponía demasiada tarea, de lo mal que estaba el café de la escuela. Pero debajo de cada palabra había algo más denso. Jan notaba el peso de los dedos entrelazados. JingJing notaba cómo el pulgar de Jan se movía a veces, tímido, como si no supiera si debía acariciar o quedarse quieto. La función fue la última de la noche. La sala estaba casi vacía. Se sentaron juntas, los hombros rozándose cada vez que alguna se movía. Jan apenas prestó atención a la pantalla. Estaba demasiado consciente del perfume suave de JingJing, de la forma en que la luz del proyector le iluminaba el perfil, de lo cerca que estaban. Cuando salieron, la noche ya era profunda. Caminaban de regreso, más despacio. Jan miraba de vez en cuando la mano de JingJing, que ahora colgaba libre a su lado. Quería tomarla otra vez. Quería entrelazar los dedos y no soltarla. Pero le parecía demasiado atrevido, demasiado esperanzado. Como si al hacerlo estuviera admitiendo algo que todavía no se atrevía a nombrar. JingJing se dio cuenta. Sin decir nada, buscó la mano de Jan y la tomó. Esta vez fue más deliberado. Entrelazó los dedos con calma, como si tuviera todo el derecho del mundo a hacerlo. Jan se tensó un segundo… y luego se rindió, apretando suavemente. —Esto es lindo —comentó JingJing en voz baja. —Sí —respondió Jan, apenas un susurro. Caminaron así una cuadra más. El silencio ya no era solo cómodo. Estaba cargado. —¿Sabes qué más es lindo? —dijo JingJing de pronto. Jan la miró, esperando. —Tú. El aire se volvió espeso. Se detuvieron bajo la luz amarillenta de una farola. JingJing tenía las mejillas ligeramente sonrojadas, pero no apartó la mirada. Su voz salió un poco más baja, más vulnerable. —Jan… quiero decirte algo. —Tragó saliva. El pulso le latía en la garganta—. Tú… tú me… No terminó. (Continuación en comentarios). #AU #janhae #jingjingyu #janjingjing #spiderman

About