@mukami802: Peace of mind ,,,, I mean peace of mind #malindikenya🇰🇪 #nightdrive gospel enough#nightdrivesaretherapy

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Thursday 12 March 2026 20:01:57 GMT
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inklink_tattoos
INK LINK STUDIO :
Sasa weka pops ujuwe peace of mind ni what. Best of all yime🥰
2026-03-20 10:23:31
0
piusmugendi629
Pius Mugendi :
wow
2026-03-18 09:05:24
0
alphyboy6
alphy :
🥰🥰🥰
2026-03-16 12:37:36
0
lilian.lulu3
lilian lulu :
😋😋
2026-03-13 06:38:42
0
annenimo1
Annenimo :
🥰🥰🥰
2026-03-13 04:16:51
0
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Tengo miedo. No del ruido de la ciudad cuando amanece, ni del silencio espeso que dejan las despedidas, ni siquiera de la soledad que a veces se sienta conmigo como una vieja conocida a tomar café frío. Tengo miedo —al fin— de haber llegado al borde del propósito. Porque durante años creí que la vida era una estación lejana, un tren que siempre pasaba lleno, un calendario lleno de lunes repetidos y de domingos que no sabían a descanso sino a espera. Esperar… siempre esperar. Esperar el momento exacto, la señal invisible, la certeza que nunca llega pero que uno imagina como una campana sonando dentro del pecho. Y ahora que el camino parece abrirse como una herida luminosa, ahora que el horizonte ya no es una promesa sino una posibilidad casi palpable, tengo miedo. Miedo de haber entendido demasiado tarde que aprovechar la vida no es ganarle al tiempo ni llenar los bolsillos de victorias. Aprovechar la vida es otra cosa. Es aprender a mirar las manos propias como si fueran un mapa secreto. Es sentir que cada respiración es una carta que alguien nos escribe desde el futuro. 💌 Es dejar de contar los años y empezar a contar los instantes. Pero también es aceptar el vértigo. Porque vivir de verdad no es un acto tranquilo. Vivir de verdad es pararse frente a uno mismo sin excusas, sin disfraces, sin prórrogas. Es preguntarse en voz baja: “¿Y si hoy fuera el último ensayo antes del estreno?” Tengo miedo de descubrir que la felicidad no hace ruido, que llega descalza, que no pide permiso, que no firma contratos. Tengo miedo de que el propósito no sea una meta sino una forma de caminar. De que no exista ese día glorioso en que uno pueda decir: “Ya está, ya aproveché la vida.” Porque tal vez aprovechar la vida sea simplemente esto: Sentir.  Dudar.  Caer. Volver a intentar.  Reír cuando no toca.  Llorar cuando hace falta.  Amar aunque no haya garantías.  Y seguir. Seguir aun con miedo, seguir aun con preguntas, seguir aun cuando el corazón late como si estuviera aprendiendo a hablar. Tengo miedo, sí. Pero por primera vez no es un miedo que paraliza. Es un miedo que empuja. Un miedo que dice: “Ahora que sabes que la vida se escapa, ¿qué vas a hacer con ella?” Y entonces comprendo —temblando— que aprovechar la vida no es vencer el miedo. Es tomarlo de la mano y salir juntos a caminar bajo la lluvia.
Tengo miedo. No del ruido de la ciudad cuando amanece, ni del silencio espeso que dejan las despedidas, ni siquiera de la soledad que a veces se sienta conmigo como una vieja conocida a tomar café frío. Tengo miedo —al fin— de haber llegado al borde del propósito. Porque durante años creí que la vida era una estación lejana, un tren que siempre pasaba lleno, un calendario lleno de lunes repetidos y de domingos que no sabían a descanso sino a espera. Esperar… siempre esperar. Esperar el momento exacto, la señal invisible, la certeza que nunca llega pero que uno imagina como una campana sonando dentro del pecho. Y ahora que el camino parece abrirse como una herida luminosa, ahora que el horizonte ya no es una promesa sino una posibilidad casi palpable, tengo miedo. Miedo de haber entendido demasiado tarde que aprovechar la vida no es ganarle al tiempo ni llenar los bolsillos de victorias. Aprovechar la vida es otra cosa. Es aprender a mirar las manos propias como si fueran un mapa secreto. Es sentir que cada respiración es una carta que alguien nos escribe desde el futuro. 💌 Es dejar de contar los años y empezar a contar los instantes. Pero también es aceptar el vértigo. Porque vivir de verdad no es un acto tranquilo. Vivir de verdad es pararse frente a uno mismo sin excusas, sin disfraces, sin prórrogas. Es preguntarse en voz baja: “¿Y si hoy fuera el último ensayo antes del estreno?” Tengo miedo de descubrir que la felicidad no hace ruido, que llega descalza, que no pide permiso, que no firma contratos. Tengo miedo de que el propósito no sea una meta sino una forma de caminar. De que no exista ese día glorioso en que uno pueda decir: “Ya está, ya aproveché la vida.” Porque tal vez aprovechar la vida sea simplemente esto: Sentir. Dudar. Caer. Volver a intentar. Reír cuando no toca. Llorar cuando hace falta. Amar aunque no haya garantías. Y seguir. Seguir aun con miedo, seguir aun con preguntas, seguir aun cuando el corazón late como si estuviera aprendiendo a hablar. Tengo miedo, sí. Pero por primera vez no es un miedo que paraliza. Es un miedo que empuja. Un miedo que dice: “Ahora que sabes que la vida se escapa, ¿qué vas a hacer con ella?” Y entonces comprendo —temblando— que aprovechar la vida no es vencer el miedo. Es tomarlo de la mano y salir juntos a caminar bajo la lluvia.

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