MS.16 :
Las rosas se parecen a nosotros más de lo que parece. Todas comparten la misma esencia, pero ninguna es igual a otra. Cambia el color, la forma en que abren sus pétalos, el tiempo que tardan en florecer. Y aun así, cada una es hermosa a su manera, sin necesidad de parecerse a las demás.
Con las personas pasa lo mismo. Hay quienes florecen rápido y otros que necesitan más tiempo. Algunos muestran su belleza de inmediato, otros la guardan hasta que se sienten seguros. Ninguno está mal por ser distinto. Solo están viviendo su proceso.
Las imperfecciones también forman parte. Pétalos doblados, pequeñas marcas, espinas que protegen. Nada de eso les quita valor; al contrario, las hace reales. Una rosa perfecta sería artificial, sin historia, sin vida.
Tal vez el error es compararnos como si todos tuviéramos que crecer igual. Pero cada quien tiene su ritmo, su forma, su momento. Y entender eso cambia la forma en que nos miramos: deja de ser una competencia y se vuelve aceptación.
Porque al final, no se trata de ser la mejor rosa, sino de florecer siendo quien eres. Y en esa diferencia, en esa imperfección, también hay belleza, oh al menos eso pienso
2026-04-22 04:22:43