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Mẹ Gấu mê sắm đồ
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Tuesday 24 March 2026 08:03:55 GMT
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🕯️ Pan de muerto para el altar Mira, hija, cuando llega el 2 de noviembre y el altar ya tiene las flores de cempasúchil, el agua, la sal y las fotos de los que se nos adelantaron, falta el pan. El pan de muerto, ese que huele a azahar y a tierra mojada, que se deshace en la boca como si el alma de los difuntos se lo llevara en el vaho. Y yo siempre pienso en el milagro de la multiplicación de los panes, cómo con poco alcanza para todos, vivos y muertos. Así es la cocina, un acto de fe: le pones lo que tienes y sale algo que alimenta el cuerpo y el recuerdo. Para la masa, necesitas: - 500 gramos de harina de trigo (la de la bolsa roja, la que usas para todo) - 100 gramos de mantequilla a temperatura ambiente (ni fría ni derretida, como cuando la dejas fuera un rato) - 100 gramos de azúcar - 2 huevos - 1 yema - 1 cucharadita de sal - 1 cucharadita de esencia de azahar (si no consigues, usa ralladura de naranja, pero el azahar es el sabor de la tradición) - 1 sobre de levadura seca (11 gramos) disuelta en 1/4 de taza de leche tibia con una cucharadita de azúcar - 1/4 de taza de leche tibia - Ralladura de naranja (opcional, pero le da un toque) Para decorar: - 1 huevo batido para barnizar - Mantequilla derretida para untar después de hornear - Azúcar glass o granulada (yo uso la granulada, como la de la mesa del tianguis) Primero, activa la levadura: en la leche tibia, échale el azúcar y la levadura, revuelve y déjala reposar 10 minutos hasta que espume. Si no espuma, la levadura está muerta, tírala y compra otra, no pierdas tu tiempo. Mientras, en un bowl grande, mezcla la harina con la sal. Haz un hueco en el centro, como un volcán, y pon ahí la mantequilla, los huevos, la yema, el azúcar, la esencia de azahar y la ralladura. Agrega la levadura ya espumada. Empieza a mezclar con las manos, como amasando recuerdos, hasta que todo se integre. Amasa durante 10-15 minutos, hasta que la masa esté suave y elástica, que no se pegue en las manos. Si está muy seca, agrega un poco de leche tibia; si está muy pegajosa, un poco de harina. Es cuestión de sentirla, como cuando sabes que una fruta ya está madura. Forma una bola, ponla en un bowl engrasado, tápala con un trapo limpio y déjala reposar en un lugar tibio (como cerca de la estufa) hasta que doble su tamaño, como una hora. Cuando la masa haya subido, desgasifícala golpeándola suavemente, divídela en dos partes iguales. Reserva un poco de masa para hacer los huesitos y la bolita de arriba. Con la masa principal, forma bolitas del tamaño de un puño y colócalas en una charola para hornear forrada con papel encerado. Con la masa reservada, haz bolitas pequeñas para los huesitos (como canicas, pero alargadas) y una bolita más grande para la parte de arriba. Humedece un poco la base de los huesitos y la bolita para que se peguen a la masa principal. Tapa de nuevo con el trapo y deja reposar otros 30 minutos. Precalienta el horno a 180°C. Barniza cada pan con el huevo batido, cuidando que no se escurra a los huesitos. Hornéalos de 20 a 25 minutos, hasta que estén doraditos. Cuando salgan del horno, todavía calientes, úntales mantequilla derretida y espolvorea azúcar por todos lados. Verás cómo el azúcar se pega como si fuera un abrazo. Y si te fijas bien, cuando los pones en el altar, el vaho en el vidrio de la micro se empaña como si los difuntos soplaran su recuerdo. Que Dios los bendiga, y que el olor a pan de muerto los acompañe hasta el año que viene. Buen provecho.
🕯️ Pan de muerto para el altar Mira, hija, cuando llega el 2 de noviembre y el altar ya tiene las flores de cempasúchil, el agua, la sal y las fotos de los que se nos adelantaron, falta el pan. El pan de muerto, ese que huele a azahar y a tierra mojada, que se deshace en la boca como si el alma de los difuntos se lo llevara en el vaho. Y yo siempre pienso en el milagro de la multiplicación de los panes, cómo con poco alcanza para todos, vivos y muertos. Así es la cocina, un acto de fe: le pones lo que tienes y sale algo que alimenta el cuerpo y el recuerdo. Para la masa, necesitas: - 500 gramos de harina de trigo (la de la bolsa roja, la que usas para todo) - 100 gramos de mantequilla a temperatura ambiente (ni fría ni derretida, como cuando la dejas fuera un rato) - 100 gramos de azúcar - 2 huevos - 1 yema - 1 cucharadita de sal - 1 cucharadita de esencia de azahar (si no consigues, usa ralladura de naranja, pero el azahar es el sabor de la tradición) - 1 sobre de levadura seca (11 gramos) disuelta en 1/4 de taza de leche tibia con una cucharadita de azúcar - 1/4 de taza de leche tibia - Ralladura de naranja (opcional, pero le da un toque) Para decorar: - 1 huevo batido para barnizar - Mantequilla derretida para untar después de hornear - Azúcar glass o granulada (yo uso la granulada, como la de la mesa del tianguis) Primero, activa la levadura: en la leche tibia, échale el azúcar y la levadura, revuelve y déjala reposar 10 minutos hasta que espume. Si no espuma, la levadura está muerta, tírala y compra otra, no pierdas tu tiempo. Mientras, en un bowl grande, mezcla la harina con la sal. Haz un hueco en el centro, como un volcán, y pon ahí la mantequilla, los huevos, la yema, el azúcar, la esencia de azahar y la ralladura. Agrega la levadura ya espumada. Empieza a mezclar con las manos, como amasando recuerdos, hasta que todo se integre. Amasa durante 10-15 minutos, hasta que la masa esté suave y elástica, que no se pegue en las manos. Si está muy seca, agrega un poco de leche tibia; si está muy pegajosa, un poco de harina. Es cuestión de sentirla, como cuando sabes que una fruta ya está madura. Forma una bola, ponla en un bowl engrasado, tápala con un trapo limpio y déjala reposar en un lugar tibio (como cerca de la estufa) hasta que doble su tamaño, como una hora. Cuando la masa haya subido, desgasifícala golpeándola suavemente, divídela en dos partes iguales. Reserva un poco de masa para hacer los huesitos y la bolita de arriba. Con la masa principal, forma bolitas del tamaño de un puño y colócalas en una charola para hornear forrada con papel encerado. Con la masa reservada, haz bolitas pequeñas para los huesitos (como canicas, pero alargadas) y una bolita más grande para la parte de arriba. Humedece un poco la base de los huesitos y la bolita para que se peguen a la masa principal. Tapa de nuevo con el trapo y deja reposar otros 30 minutos. Precalienta el horno a 180°C. Barniza cada pan con el huevo batido, cuidando que no se escurra a los huesitos. Hornéalos de 20 a 25 minutos, hasta que estén doraditos. Cuando salgan del horno, todavía calientes, úntales mantequilla derretida y espolvorea azúcar por todos lados. Verás cómo el azúcar se pega como si fuera un abrazo. Y si te fijas bien, cuando los pones en el altar, el vaho en el vidrio de la micro se empaña como si los difuntos soplaran su recuerdo. Que Dios los bendiga, y que el olor a pan de muerto los acompañe hasta el año que viene. Buen provecho.

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