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Hoy se cumplen 111 años de la muerte del General Oaxaqueño Porfirio Díaz, “El Soldado de la Patria” . Los últimos minutos de Porfirio Díaz: el largo adiós del hombre que gobernó México durante más de tres décadas Hay momentos en la historia en los que el poder desaparece por completo y solo queda un hombre frente a su destino. Así fueron los últimos instantes de vida de Porfirio Díaz, el militar, héroe de guerra y presidente que marcó profundamente la historia de México. Era el 2 de julio de 1915. Lejos de la tierra que gobernó durante más de 30 años, Díaz agonizaba en un departamento de París, Francia. El exmandatario, de 84 años, llevaba varios días debilitado por una enfermedad respiratoria que poco a poco fue apagando su fortaleza. Aquel hombre que alguna vez encabezó desfiles militares, inauguró ferrocarriles y fue recibido con honores por mandatarios de todo el mundo, ahora permanecía rodeado únicamente por su familia más cercana. Su esposa, Carmen Romero Rubio, permanecía junto a él, acompañándolo en un silencio cargado de recuerdos y resignación. Dicen los relatos de la época que, durante sus últimos días, Porfirio Díaz hablaba poco. Su mirada parecía perderse entre los recuerdos de un México que nunca volvió a ver. Desde su salida del país, en 1911, tras el triunfo de la Revolución encabezada por Francisco I. Madero, el viejo general conservó la esperanza de regresar algún día a su patria. Ese momento jamás llegó. Cuando el reloj avanzaba sobre la tarde parisina, su respiración comenzó a hacerse cada vez más lenta. Sin ceremonias militares, sin multitudes y sin el estruendo de los cañones que alguna vez lo acompañaron en el campo de batalla, el hombre que dominó la política mexicana durante una generación exhaló su último aliento. Su muerte ocurrió en el exilio, a miles de kilómetros de Oaxaca, la tierra que lo vio nacer, y de la Ciudad de México, donde ejerció el poder durante buena parte de su vida. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Montparnasse, en París, donde permanecen hasta nuestros días. Más de un siglo después, continúa el debate sobre si algún día deberán regresar a México. La figura de Porfirio Díaz sigue dividiendo opiniones. Para algunos fue el impulsor de la modernización, el crecimiento económico y la estabilidad; para otros, simbolizó la desigualdad, la falta de libertades y el autoritarismo que desembocó en la Revolución Mexicana. Pero en aquel cuarto de París, todas esas discusiones quedaron atrás. En sus últimos minutos ya no había un presidente, un general o un personaje histórico. Solo quedaba un anciano que, lejos de su patria, cerró los ojos con el anhelo de volver a pisar la tierra mexicana que tanto amó y que nunca pudo abrazar de nuevo.
Hoy se cumplen 111 años de la muerte del General Oaxaqueño Porfirio Díaz, “El Soldado de la Patria” . Los últimos minutos de Porfirio Díaz: el largo adiós del hombre que gobernó México durante más de tres décadas Hay momentos en la historia en los que el poder desaparece por completo y solo queda un hombre frente a su destino. Así fueron los últimos instantes de vida de Porfirio Díaz, el militar, héroe de guerra y presidente que marcó profundamente la historia de México. Era el 2 de julio de 1915. Lejos de la tierra que gobernó durante más de 30 años, Díaz agonizaba en un departamento de París, Francia. El exmandatario, de 84 años, llevaba varios días debilitado por una enfermedad respiratoria que poco a poco fue apagando su fortaleza. Aquel hombre que alguna vez encabezó desfiles militares, inauguró ferrocarriles y fue recibido con honores por mandatarios de todo el mundo, ahora permanecía rodeado únicamente por su familia más cercana. Su esposa, Carmen Romero Rubio, permanecía junto a él, acompañándolo en un silencio cargado de recuerdos y resignación. Dicen los relatos de la época que, durante sus últimos días, Porfirio Díaz hablaba poco. Su mirada parecía perderse entre los recuerdos de un México que nunca volvió a ver. Desde su salida del país, en 1911, tras el triunfo de la Revolución encabezada por Francisco I. Madero, el viejo general conservó la esperanza de regresar algún día a su patria. Ese momento jamás llegó. Cuando el reloj avanzaba sobre la tarde parisina, su respiración comenzó a hacerse cada vez más lenta. Sin ceremonias militares, sin multitudes y sin el estruendo de los cañones que alguna vez lo acompañaron en el campo de batalla, el hombre que dominó la política mexicana durante una generación exhaló su último aliento. Su muerte ocurrió en el exilio, a miles de kilómetros de Oaxaca, la tierra que lo vio nacer, y de la Ciudad de México, donde ejerció el poder durante buena parte de su vida. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Montparnasse, en París, donde permanecen hasta nuestros días. Más de un siglo después, continúa el debate sobre si algún día deberán regresar a México. La figura de Porfirio Díaz sigue dividiendo opiniones. Para algunos fue el impulsor de la modernización, el crecimiento económico y la estabilidad; para otros, simbolizó la desigualdad, la falta de libertades y el autoritarismo que desembocó en la Revolución Mexicana. Pero en aquel cuarto de París, todas esas discusiones quedaron atrás. En sus últimos minutos ya no había un presidente, un general o un personaje histórico. Solo quedaba un anciano que, lejos de su patria, cerró los ojos con el anhelo de volver a pisar la tierra mexicana que tanto amó y que nunca pudo abrazar de nuevo.

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