Mario antares :
*El Oro que Respira: Memoria de la Amazonía*
Cuando la noche cae sobre la selva y el río se vuelve espejo de estrellas, las abuelas cuentan que no todos los hombres nacieron del barro.
Dicen que hubo Uno que cayó sin ruido. No en fuego, no en trueno. Solo apareció entre ceibas, con la piel del color de la luna nueva y los ojos llenos de constelaciones que aquí ya no se ven.
*El Hombre de las Estrellas.*
No vino a conquistar. No vino a mandar. Vino solo, porque el trabajo que le encargaron no se hace en multitud. Vino a trabajar este planeta. A labrarlo como se labra la tierra, pero su siembra era otra.
Nos enseñó a mirar el oro. No el que brilla y enloquece a los hombres de afuera. El otro. El oro vivo que corre por las venas de la Tierra.
“Este planeta está enfermo”, dijo sin hablar, porque su voz era el viento entre las hojas. “Sus hermanos mayores respiran porque aquí abajo alguien cuida el horno. El oro no es riqueza. Es aliento. Cuando se calienta en las entrañas, sube como vapor y se vuelve cielo para otros mundos. Sin oro, los planetas pierden su manto. Se secan. Se enfrían. Mueren.”
Por eso baja cada cierto ciclo. No a llevarse el oro. A moverlo. A cantarle para que despierte. A enterrarlo donde debe morir para que arriba otros puedan vivir. Es minero, sí, pero minero de atmósferas. Jardinero de cielos ajenos.
La Amazonía lo recuerda porque aquí el corazón del planeta aún late fuerte. Aquí el oro todavía sueña. Por eso los ríos lo arrastran en polvo. Por eso los árboles lo beben sin saberlo.
Y nosotros, nosotros venimos de allá también. No todos, pero algunos. Por eso cuando soñamos, soñamos con un cielo que tiene dos lunas. Por eso cuando nos duele la Tierra, es nostalgia. Por eso cuando vemos el oro, algo adentro nos dice: “No lo tomes. Agradécelo. Ya tiene dueño, y su dueño es el viento de otros mundos.”
El Hombre de las Estrellas sigue aquí. A veces es jaguar. A veces es anciano que pide agua. A veces es el temblor suave antes de que llueva. Trabaja solo. No pide ayuda. Solo pide memoria.
Porque el día que olvidemos de dónde venimos, ese día dejaremos de cuidar el horno. Y si el horno se apaga aquí, allá arriba muchos cielos se volverá
2026-04-29 07:07:18