@tatttism: practicing my ‘pedes love adding a lil broken leg action! based in Las Vegas, coming to reno/los angeles soon #centipedetattoo #lasvegastattoo #femaletattooartist #bugtattoo #finelinetattoo

jay
jay
Open In TikTok:
Region: US
Tuesday 07 April 2026 18:43:17 GMT
1004
72
2
2

Music

Download

Comments

jrobtheartist_
jrobtheartist_ on twitch :
cool
2026-04-08 16:36:20
1
To see more videos from user @tatttism, please go to the Tikwm homepage.

Other Videos

Ya calmate we #cbtis #momazos #curis #clases #mexico  Extrañar a alguien es, en esencia, experimentar la ausencia de una presencia que se ha vuelto indispensable para el paisaje de nuestra vida diaria. Es una forma de memoria activa, un eco persistente que resuena cuando la persona ya no está físicamente cerca, pero continúa habitando cada rincón de nuestra rutina y de nuestros pensamientos. La geografía del vacío Cuando extrañamos a alguien, el espacio que nos rodea cambia de forma. Los lugares que alguna vez compartimos adquieren una textura distinta, a veces teñida de una dulce nostalgia y otras de un silencio pesado. No se trata solo de la distancia física, sino de la interrupción abrupta de una dinámica: Las conversaciones inconclusas que se quedan suspendidas en el aire. Los pequeños rituales cotidianos que de repente pierden su destinatario. El impulso reflejo de voltear para contarle algo gracioso a alguien que ya no está allí. Un fenómeno físico y emocional Esta ausencia no vive únicamente en el plano mental; se manifiesta también en el cuerpo. El anhelo puede sentirse como un peso en el pecho, un vacío repentino ante un estímulo cotidiano —una canción, un aroma, una frase— que activa de inmediato el recuerdo. Es la prueba de que los vínculos humanos reconfiguran nuestra neurología y nuestras emociones, dejándonos temporalmente desorientados cuando el estímulo afectivo principal se ausenta. El tiempo y la memoria Paradójicamente, extrañar intensifica la presencia de la otra persona a través del recuerdo. Lo ausente se vuelve omnipresente. El tiempo parece estirarse: los minutos en los que esperamos un mensaje o un reencuentro se vuelven densos, mientras que los momentos compartidos en el pasado se agigantan en la memoria. Es un recordatorio constante de aquello que valoramos, pues solo se echa de menos aquello que importa profundamente. En definitiva, extrañar es el precio inevitable de haber querido bien. Es la evidencia silenciosa de que los afectos dejan huella, demostrando que somos seres profundamente relacionales, capaces de llevar a otros con nosotros incluso en su ausencia.
Ya calmate we #cbtis #momazos #curis #clases #mexico Extrañar a alguien es, en esencia, experimentar la ausencia de una presencia que se ha vuelto indispensable para el paisaje de nuestra vida diaria. Es una forma de memoria activa, un eco persistente que resuena cuando la persona ya no está físicamente cerca, pero continúa habitando cada rincón de nuestra rutina y de nuestros pensamientos. La geografía del vacío Cuando extrañamos a alguien, el espacio que nos rodea cambia de forma. Los lugares que alguna vez compartimos adquieren una textura distinta, a veces teñida de una dulce nostalgia y otras de un silencio pesado. No se trata solo de la distancia física, sino de la interrupción abrupta de una dinámica: Las conversaciones inconclusas que se quedan suspendidas en el aire. Los pequeños rituales cotidianos que de repente pierden su destinatario. El impulso reflejo de voltear para contarle algo gracioso a alguien que ya no está allí. Un fenómeno físico y emocional Esta ausencia no vive únicamente en el plano mental; se manifiesta también en el cuerpo. El anhelo puede sentirse como un peso en el pecho, un vacío repentino ante un estímulo cotidiano —una canción, un aroma, una frase— que activa de inmediato el recuerdo. Es la prueba de que los vínculos humanos reconfiguran nuestra neurología y nuestras emociones, dejándonos temporalmente desorientados cuando el estímulo afectivo principal se ausenta. El tiempo y la memoria Paradójicamente, extrañar intensifica la presencia de la otra persona a través del recuerdo. Lo ausente se vuelve omnipresente. El tiempo parece estirarse: los minutos en los que esperamos un mensaje o un reencuentro se vuelven densos, mientras que los momentos compartidos en el pasado se agigantan en la memoria. Es un recordatorio constante de aquello que valoramos, pues solo se echa de menos aquello que importa profundamente. En definitiva, extrañar es el precio inevitable de haber querido bien. Es la evidencia silenciosa de que los afectos dejan huella, demostrando que somos seres profundamente relacionales, capaces de llevar a otros con nosotros incluso en su ausencia.

About