sebas :
Mire usted, la verdad es que la cosa está en que, viéndolo bien y analizándolo desde un punto de vista acá, de por allá, uno se pone a contemplar el compás de lo que viene siendo el movimiento rítmico espiritual, ¡que no es cualquier cosa, oiga! Porque, vamos a ver, si el alma baila, pues el cuerpo le sigue el paso, y si el paso lleva un ritmo de batería acá medio acelerada, tipo de esos muchachos del rock que cantan con mucha energía y toxicidad de la buena, pues entonces resulta que la coincidencia no es coincidencia, sino una casualidad muy bien sincronizada.
Por un lado, hay quienes dicen, con justa razón de su propio parecer, que la mezcla es un tanto, ¿cómo le dijera?, de falta de respeto; pero por el otro lado, que viene siendo el de más allá, la experiencia personal es tan de cada quien que, si a esas vamos, cada quien su experiencia y cada cual su sintonía. Porque, ¿quién es uno para medir los voltios del espíritu con los decibelios de la guitarra eléctrica? ¡Nadie, oiga!
Así que, ni se me ofendan los del canto ni se me asusten los del ritmo, que al fin y al cabo, lo que se ve no se juzga, y lo que se oye... pues se escucha según el oído que lo mire. O sea que, en conclusión de lo que les venía diciendo: si el espíritu se eleva mientras la música truena, pues ahí hay una amalgama que ni la ciencia explica ni la paciencia complica. ¡Ahí está el detalle! Que todo es real según el cristal con que se dance
2026-05-17 21:46:01