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Me paso horas enteras perdiendo el tiempo en cualquier juego sin sentido, no porque me guste, sino porque es la única forma de no tener que aguantar mi propia cabeza. Intento distraerme, engañarme, hacer como si todo estuviera bajo control... pero no lo está. Nunca lo está. Y llega un punto donde ya ni eso funciona. Estoy harto. No de alguien en específico. De mí. De cómo pienso, de cómo reacciono, de cómo todo termina cayendo en el mismo ciclo una y otra vez. Y sí, ya sé el discurso de siempre: que hay gente peor, que esto no es nada, que debería aguantar. Perfecto. Aun así, esto es lo que me toca vivir, y es suficiente para desgastarme todos los días.
No hay descanso mental. No hay pausa. Es analizar cada palabra que dicen, cada silencio, cada mínimo gesto. Es asumir lo peor automáticamente. Es volverse distante sin querer, como si todo dentro de mí empujara a arruinar cualquier intento de conexión. Y lo peor es que soy consciente de todo eso... y aún así no cambia nada. He fallado. Más veces de las que puedo justificar. No estuve cuando debía estar. No supe reaccionar cuando importaba. Fui una decepción en momentos donde se suponía que tenía que ser alguien confiable. Y no hace falta que nadie me lo recuerde, porque ya lo tengo grabado constantemente. No se va. Nunca fui alguien que disfrute hablar con los demás, pero aún así lo intenté. Porque en algún punto pensé que valía la pena. Que quizás podía encontrar algo diferente. Pero la realidad es otra.
La mayoría no se queda. No porque no puedan, sino porque no quieren. Y uno termina entendiendo el patrón: no eres interesante, no eres suficiente, no aportas nada que valga el tiempo de alguien. Y sí, hay personas que están ahí. No lo niego. Pero eso no elimina el hecho de que el vacío sigue presente. No cambia la sensación de que, al final, siempre falta algo. Siempre hay una distancia que no se rompe. En algún momento quise sentir algo distinto. Quise sentirme valorado sin condiciones, respetado sin tener que fingir, aceptado sin estar midiendo cada movimiento. Pero cuando bajé la guardia y mostré lo que realmente soy, la respuesta fue clara: burla, rechazo, juicio. Nada nuevo. Nada inesperado.
2026-05-03 23:59:07