Al pasar los días, abro los ojos con más fuerza hacia una realidad cruda y fría: a veces el amor se siente como un holograma, una hermosa ilusión que promete llenarte, pero que al final solo te deja de frente con el vacío. Es difícil aceptar que la desconexión y el dolor parecen ser la norma, y que cada vez que decido arriesgarme y dar una nueva oportunidad, termino recogiendo mis propios pedazos, más lastimado que antes.
Pero, al igual que en un mundo artificial donde todo parece programado y falso, me niego a apagar lo que siento. Aunque duela, aunque me rompa, sigo eligiendo creer que el amor real existe. Porque el dolor de ser lastimado es real, pero las ganas de encontrar algo auténtico en medio de tanta falsedad también lo son. No quiero dejar de intentarlo.