@asoullostt: de quoi commencer 🪷 /!\ Merleau-Ponty est le plus difficile de la sélection, c'est un livre clôture de toute son œuvre. À mon sens, on peut en sortir quelque chose et le but n'est pas non plus de TOUT comprendre surtout lorsqu'on est débutant. Il représente un bon challenge et une opportunité de faire des liens avec d'autres philosophes cités explicitement et implicitement, la philosophie n’a rien de facile. Même dans l'accessibilité, il faut se confronter au plus dur. Ce tiktok est une sélection de livres courts et accessibles, pas une sélection de livres faciles. #BookTok #philosophie #philosophy #descartes #lecture

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Thursday 30 April 2026 16:44:28 GMT
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🌅 Huevos rancheros de madrugada Hay algo sagrado en esa hora donde el cielo todavía no decide si amanecer o quedarse dormido. A las seis de la mañana la cocina huele distinto, como si los trastes de anoche todavía estuvieran contando sus secretos. Yo llegaba del horno, con las manos todavía tibias de amasar el pan de la tarde, y mi mujer ya tenía el comal puesto. Esa es la cosa con los huevos rancheros: no son desayuno, son un acto de fe entre el primer café y el reloj checador. - 4 huevos frescos (que los conozcas, de esos que cuando los abres la yema está parada como torre de iglesia) - 4 tortillas de maíz (si son del día anterior, mejor — ya pasaron su prueba) - 1 lata chica de frijoles refritos (o si hiciste olla ayer, unos cucharones bien espesos) - 1/2 taza de salsa roja (la que tengas, pero que tenga chile de verdad) - Aceite vegetal, el necesario - Sal al gusto Primero calienta el comal o sartén a fuego medio. Ahí está el primer secreto: el comal tiene que estar tan caliente que cuando le avientes una gota de agua baile y se evapore de inmediato, pero no tan caliente que queme las tortillas antes de que se doren. Pasas las tortillas, una por una, y las dejas apenas unos segundos de cada lado. No las quieras dejar crocantes, que van a ir al aceite después. En otro sartén, ponle un chorrito de aceite — no mucho, apenas que cubra el fondo. Cuando esté caliente (prueba con un pedacito de tortilla, si chisporrotea ya estuvo), fríe las tortillas pasadas por el comal. Aquí está el segundo secreto: no las dejes sumergidas en aceite hirviendo o te quedan como tostada dura. Las pasas rapidito, como quien no quiere la cosa, y las pones a escurrir en un plato con papel. Que queden suavecitas, que se doblen sin quebrarse. Así es como debe ser. Los frijoles van en una ollita aparte, a fuego bajito, moviéndoles de vez en cuando. Si están muy espesos, les avientas un chorrito de agua y los mueves con ganas hasta que queden como crema. En otro sartén, a fuego medio-alto, haces los huevos estrellados. El truco que aprendí de mi abuela: les pones sal apenas cuando el clarito ya está blanqueado, no antes, y les tapas el sartén un momentito para que la yema se cocine por arriba sin voltearlos. Y ahora el montaje, que es donde se hace la magia. Dos tortillas en el plato, una encima de otra. Encima, una cucharada buena de frijoles. Sobre los frijoles, el huevo estrellado. Y la salsa, calientita, regada por encima como bendición de madrugada. Me acuerdo, mientras como esto antes de irme al trabajo, del vaso de plástico con atole que me esperaba en el camión. Mi madre siempre decía que el desayuno es la oración del cuerpo. Y tiene razón: estos huevos rancheros, con su tortilla suavecita y su yema que se derrama como luz de vela, son la forma más honesta de empezar el día. Que les queden bien, y que el hambre se les quite con gusto. Buen provecho. 🙏
🌅 Huevos rancheros de madrugada Hay algo sagrado en esa hora donde el cielo todavía no decide si amanecer o quedarse dormido. A las seis de la mañana la cocina huele distinto, como si los trastes de anoche todavía estuvieran contando sus secretos. Yo llegaba del horno, con las manos todavía tibias de amasar el pan de la tarde, y mi mujer ya tenía el comal puesto. Esa es la cosa con los huevos rancheros: no son desayuno, son un acto de fe entre el primer café y el reloj checador. - 4 huevos frescos (que los conozcas, de esos que cuando los abres la yema está parada como torre de iglesia) - 4 tortillas de maíz (si son del día anterior, mejor — ya pasaron su prueba) - 1 lata chica de frijoles refritos (o si hiciste olla ayer, unos cucharones bien espesos) - 1/2 taza de salsa roja (la que tengas, pero que tenga chile de verdad) - Aceite vegetal, el necesario - Sal al gusto Primero calienta el comal o sartén a fuego medio. Ahí está el primer secreto: el comal tiene que estar tan caliente que cuando le avientes una gota de agua baile y se evapore de inmediato, pero no tan caliente que queme las tortillas antes de que se doren. Pasas las tortillas, una por una, y las dejas apenas unos segundos de cada lado. No las quieras dejar crocantes, que van a ir al aceite después. En otro sartén, ponle un chorrito de aceite — no mucho, apenas que cubra el fondo. Cuando esté caliente (prueba con un pedacito de tortilla, si chisporrotea ya estuvo), fríe las tortillas pasadas por el comal. Aquí está el segundo secreto: no las dejes sumergidas en aceite hirviendo o te quedan como tostada dura. Las pasas rapidito, como quien no quiere la cosa, y las pones a escurrir en un plato con papel. Que queden suavecitas, que se doblen sin quebrarse. Así es como debe ser. Los frijoles van en una ollita aparte, a fuego bajito, moviéndoles de vez en cuando. Si están muy espesos, les avientas un chorrito de agua y los mueves con ganas hasta que queden como crema. En otro sartén, a fuego medio-alto, haces los huevos estrellados. El truco que aprendí de mi abuela: les pones sal apenas cuando el clarito ya está blanqueado, no antes, y les tapas el sartén un momentito para que la yema se cocine por arriba sin voltearlos. Y ahora el montaje, que es donde se hace la magia. Dos tortillas en el plato, una encima de otra. Encima, una cucharada buena de frijoles. Sobre los frijoles, el huevo estrellado. Y la salsa, calientita, regada por encima como bendición de madrugada. Me acuerdo, mientras como esto antes de irme al trabajo, del vaso de plástico con atole que me esperaba en el camión. Mi madre siempre decía que el desayuno es la oración del cuerpo. Y tiene razón: estos huevos rancheros, con su tortilla suavecita y su yema que se derrama como luz de vela, son la forma más honesta de empezar el día. Que les queden bien, y que el hambre se les quite con gusto. Buen provecho. 🙏

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