@lorranyaraujo.c: você encontrou uma criadora de conteúdo que vive uma rotina real, parecida com a sua 🤍 casa bagunçada, lista infinita, tentando dar conta de tudo — e ainda assim, aparecendo por aqui, a vida acontece todos os dias: entre fraldas, autocuidado possível, fé e a tentativa constante de se reencontrar no meio da maternidade se você também tá nesse processo, fica comigo ✨ #maternidadereal #rotinareal #vidareal #maedeprimeiraviagem #maternidadecomamor

Lorrany | life & baby
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Saturday 02 May 2026 15:19:49 GMT
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𝗣𝗢𝗥 𝗙𝗔𝗩𝗢𝗥 𝗟𝗘𝗘 𝗟𝗔 𝗗𝗘𝗦𝗖𝗥𝗜𝗣𝗖𝗜𝗢́𝗡: #afganistan #mujeres #derechoshumanos #derechoslaborales #respectwomen  En Afganistán, millones de mujeres viven una realidad que para muchas personas del mundo parece imposible de imaginar. Mientras en otros países las niñas sueñan con convertirse en doctoras, artistas, maestras o deportistas, muchas niñas afganas crecieron viendo cómo sus sueños eran apagados poco a poco por reglas que les prohíben estudiar, trabajar y participar libremente en la sociedad. Desde el regreso del Talibán al poder en 2021, la vida de las mujeres cambió drásticamente. Miles de ellas perdieron sus empleos, sus estudios y hasta la posibilidad de salir con libertad. Muchas mujeres que antes trabajaban como juezas, periodistas, profesoras o funcionarias públicas fueron obligadas a abandonar sus carreras. Algunas tuvieron que esconderse por miedo, mientras otras dejaron atrás años de esfuerzo y dedicación. Lo más doloroso es que no solo se les quitó un trabajo, sino también la oportunidad de construir su futuro. Una niña que no puede estudiar hoy probablemente tendrá menos oportunidades mañana. Cuando una mujer no puede trabajar, también pierde independencia, estabilidad económica y la posibilidad de decidir sobre su propia vida. Poco a poco, sus voces comienzan a desaparecer de las escuelas, las oficinas, los medios de comunicación y los espacios públicos. Las restricciones no afectan únicamente a las mujeres; afectan a toda la sociedad. Un país donde millones de personas no pueden desarrollar su talento pierde conocimiento, creatividad y progreso. Afganistán está perdiendo científicas, escritoras, deportistas, maestras y líderes que podrían ayudar a mejorar el futuro del país. Cada puerta cerrada para una mujer es también una puerta cerrada para el desarrollo de toda una nación. Aun así, muchas mujeres afganas continúan resistiendo. Algunas enseñan en secreto a niñas que desean seguir aprendiendo. Otras trabajan desde casa, escriben, ayudan a sus comunidades o levantan la voz pese al peligro. Aunque el miedo existe, también existe una enorme valentía. Su lucha demuestra que incluso en los momentos más difíciles, el deseo de libertad y educación nunca desaparece completamente. La situación de las mujeres en Afganistán es un recordatorio de lo importante que son los derechos humanos. Poder estudiar, trabajar, expresar opiniones y decidir sobre la propia vida no debería ser un privilegio, sino algo básico para todas las personas. Hablar de lo que ocurre en Afganistán no es solo hablar de política; es hablar de millones de mujeres y niñas que merecen ser escuchadas, respetadas y tratadas con dignidad. Muchas veces las personas piensan que un solo individuo no puede cambiar nada, pero la historia demuestra lo contrario. Cada voz que informa, cada persona que muestra empatía y cada acción que defiende la igualdad ayuda a mantener viva la esperanza de que algún día las mujeres afganas puedan recuperar las oportunidades y libertades que nunca debieron perder.
𝗣𝗢𝗥 𝗙𝗔𝗩𝗢𝗥 𝗟𝗘𝗘 𝗟𝗔 𝗗𝗘𝗦𝗖𝗥𝗜𝗣𝗖𝗜𝗢́𝗡: #afganistan #mujeres #derechoshumanos #derechoslaborales #respectwomen En Afganistán, millones de mujeres viven una realidad que para muchas personas del mundo parece imposible de imaginar. Mientras en otros países las niñas sueñan con convertirse en doctoras, artistas, maestras o deportistas, muchas niñas afganas crecieron viendo cómo sus sueños eran apagados poco a poco por reglas que les prohíben estudiar, trabajar y participar libremente en la sociedad. Desde el regreso del Talibán al poder en 2021, la vida de las mujeres cambió drásticamente. Miles de ellas perdieron sus empleos, sus estudios y hasta la posibilidad de salir con libertad. Muchas mujeres que antes trabajaban como juezas, periodistas, profesoras o funcionarias públicas fueron obligadas a abandonar sus carreras. Algunas tuvieron que esconderse por miedo, mientras otras dejaron atrás años de esfuerzo y dedicación. Lo más doloroso es que no solo se les quitó un trabajo, sino también la oportunidad de construir su futuro. Una niña que no puede estudiar hoy probablemente tendrá menos oportunidades mañana. Cuando una mujer no puede trabajar, también pierde independencia, estabilidad económica y la posibilidad de decidir sobre su propia vida. Poco a poco, sus voces comienzan a desaparecer de las escuelas, las oficinas, los medios de comunicación y los espacios públicos. Las restricciones no afectan únicamente a las mujeres; afectan a toda la sociedad. Un país donde millones de personas no pueden desarrollar su talento pierde conocimiento, creatividad y progreso. Afganistán está perdiendo científicas, escritoras, deportistas, maestras y líderes que podrían ayudar a mejorar el futuro del país. Cada puerta cerrada para una mujer es también una puerta cerrada para el desarrollo de toda una nación. Aun así, muchas mujeres afganas continúan resistiendo. Algunas enseñan en secreto a niñas que desean seguir aprendiendo. Otras trabajan desde casa, escriben, ayudan a sus comunidades o levantan la voz pese al peligro. Aunque el miedo existe, también existe una enorme valentía. Su lucha demuestra que incluso en los momentos más difíciles, el deseo de libertad y educación nunca desaparece completamente. La situación de las mujeres en Afganistán es un recordatorio de lo importante que son los derechos humanos. Poder estudiar, trabajar, expresar opiniones y decidir sobre la propia vida no debería ser un privilegio, sino algo básico para todas las personas. Hablar de lo que ocurre en Afganistán no es solo hablar de política; es hablar de millones de mujeres y niñas que merecen ser escuchadas, respetadas y tratadas con dignidad. Muchas veces las personas piensan que un solo individuo no puede cambiar nada, pero la historia demuestra lo contrario. Cada voz que informa, cada persona que muestra empatía y cada acción que defiende la igualdad ayuda a mantener viva la esperanza de que algún día las mujeres afganas puedan recuperar las oportunidades y libertades que nunca debieron perder.

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