@balsam6839:

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Wednesday 06 May 2026 13:12:27 GMT
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worry.boy763
worry boy :
hi Good evening
2026-05-11 10:01:59
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hanneel2
DEINMA HANNEEL DICKSON :
🥰🥰🥰
2026-05-07 17:49:32
3
balsam6839
Balsam 🌸🌸🌸 :
😂😂😂😂
2026-05-06 13:22:36
2
abu.million4
Abu million😎😎 :
😂😂😂😂😂😂
2026-05-28 19:40:18
1
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El silencio en la sala de partos se rompió con el primer llanto del recién nacido. Era un sonido limpio, ajeno a la tormenta emocional que llenaba la habitación. Pond, un alfa de hombros anchos y mirada usualmente severa, sostenía el pequeño bulto entre sus brazos con una delicadeza infinita. Sus manos grandes acunaban el cuerpo frágil del bebé. Lo miraba con una ternura absoluta, sin rastro de duda en sus ojos. No compartían la misma sangre. El aroma del cachorro no llevaba su firma genética. Pero nada de eso importaba para él. En su corazón de alfa, ese niño ya era suyo, y juró protegerlo con su vida. En la camilla de hospital, la realidad era drásticamente opuesta. Phuwin, el omega, permanecía completamente rígido. Tenía el rostro girado hacia la pared opuesta, con los ojos cerrados con fuerza y los puños apretando las sábanas blancas hasta dejar sus nudillos sin color. Su respiración era errática, una mezcla de dolor físico y un trauma profundo que la medicina no podía anestesiar. Para Phuwin, ese bebé no era un milagro; era un recordatorio constante y viviente de la peor noche de su vida. El fruto de una violación brutal por parte de un alfa desconocido, un extraño que había profanado su cuerpo y destrozado su paz. —Phuwin, amor... míralo —susurró Pond con voz suave, intentando acercarse con lentitud para no alarmarlo—. Es hermoso. Está sano. Al escuchar la propuesta, algo se quebró definitivamente dentro del omega. El pánico acumulado durante nueve meses estalló en un segundo. —¡No! ¡Aléjalo de mí! —gritó Phuwin. Su voz, rota y rasposa por el esfuerzo del parto, llenó las paredes de la sala—. ¡No quiero verlo! ¡Sácalo de aquí! —Cariño, por favor, cálmate, estás a salvo... —intentó tranquilizarlo Pond, retrocediendo un paso para darle espacio, pero manteniendo al bebé seguro contra su pecho. —¡Es un error! ¡Ese monstruo no es nada mío! —los gritos de Phuwin se transformaron en un llanto desgarrador, lleno de pura angustia—. ¡No quiero ver a ese bebé! ¡Lévatelo, Pond! ¡Por lo que más quieras, haz que se lo lleven! Phuwin comenzó a sacudir la cabeza frenéticamente, cubriéndose los oídos con las manos, tratando de bloquear tanto el llanto del niño como la realidad de su existencia. El monitor cardíaco a su lado empezó a pitar de forma acelerada, alertando a los médicos. Pond sintió una punzada de dolor en el pecho al ver sufrir a su omega de esa manera, pero no flaqueó. Con total firmeza y madurez, miró al bebé, luego a su pareja, y entendió que el camino hacia la sanación sería largo. No iba a presionar a Phuwin. Hizo una señal a la enfermera para que revisara los niveles del omega, mientras él daba media vuelta con el cachorro en brazos, susurrándole palabras de paz al oído al niño y prometiéndose a sí mismo que sería el escudo de ambos, sin importar cuánto tiempo tomara sanar las heridas del pasado. #parati #fyp #tiktok #viral #pondphuwin @TikTok
El silencio en la sala de partos se rompió con el primer llanto del recién nacido. Era un sonido limpio, ajeno a la tormenta emocional que llenaba la habitación. Pond, un alfa de hombros anchos y mirada usualmente severa, sostenía el pequeño bulto entre sus brazos con una delicadeza infinita. Sus manos grandes acunaban el cuerpo frágil del bebé. Lo miraba con una ternura absoluta, sin rastro de duda en sus ojos. No compartían la misma sangre. El aroma del cachorro no llevaba su firma genética. Pero nada de eso importaba para él. En su corazón de alfa, ese niño ya era suyo, y juró protegerlo con su vida. En la camilla de hospital, la realidad era drásticamente opuesta. Phuwin, el omega, permanecía completamente rígido. Tenía el rostro girado hacia la pared opuesta, con los ojos cerrados con fuerza y los puños apretando las sábanas blancas hasta dejar sus nudillos sin color. Su respiración era errática, una mezcla de dolor físico y un trauma profundo que la medicina no podía anestesiar. Para Phuwin, ese bebé no era un milagro; era un recordatorio constante y viviente de la peor noche de su vida. El fruto de una violación brutal por parte de un alfa desconocido, un extraño que había profanado su cuerpo y destrozado su paz. —Phuwin, amor... míralo —susurró Pond con voz suave, intentando acercarse con lentitud para no alarmarlo—. Es hermoso. Está sano. Al escuchar la propuesta, algo se quebró definitivamente dentro del omega. El pánico acumulado durante nueve meses estalló en un segundo. —¡No! ¡Aléjalo de mí! —gritó Phuwin. Su voz, rota y rasposa por el esfuerzo del parto, llenó las paredes de la sala—. ¡No quiero verlo! ¡Sácalo de aquí! —Cariño, por favor, cálmate, estás a salvo... —intentó tranquilizarlo Pond, retrocediendo un paso para darle espacio, pero manteniendo al bebé seguro contra su pecho. —¡Es un error! ¡Ese monstruo no es nada mío! —los gritos de Phuwin se transformaron en un llanto desgarrador, lleno de pura angustia—. ¡No quiero ver a ese bebé! ¡Lévatelo, Pond! ¡Por lo que más quieras, haz que se lo lleven! Phuwin comenzó a sacudir la cabeza frenéticamente, cubriéndose los oídos con las manos, tratando de bloquear tanto el llanto del niño como la realidad de su existencia. El monitor cardíaco a su lado empezó a pitar de forma acelerada, alertando a los médicos. Pond sintió una punzada de dolor en el pecho al ver sufrir a su omega de esa manera, pero no flaqueó. Con total firmeza y madurez, miró al bebé, luego a su pareja, y entendió que el camino hacia la sanación sería largo. No iba a presionar a Phuwin. Hizo una señal a la enfermera para que revisara los niveles del omega, mientras él daba media vuelta con el cachorro en brazos, susurrándole palabras de paz al oído al niño y prometiéndose a sí mismo que sería el escudo de ambos, sin importar cuánto tiempo tomara sanar las heridas del pasado. #parati #fyp #tiktok #viral #pondphuwin @TikTok

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