@7ao.u_: #سعد_شميل #شعراء_وذواقين_الشعر_الشعبي

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Monday 18 May 2026 08:25:57 GMT
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Comments

anes200677
محمد الهلالي :
اعتقد ان سعد شميل مدح نفسه بهذا البيت حيث ان العنبر اجود انواع حبوب الارز و دائماً يستخدم في الشعر للدلاله على الجودة الجيدة، بينما الدخن هو مجرد نبات يزرع و لا يستفاد منه الا في القليل.. و العنبر مُفضل على الدخن
2026-05-18 08:36:32
17
q_i4b
سَـجـاد :
عنده مقطوعة اقوى عن الحظ السيء حظ ماعندي حتى وي أقرب الناس وهاي المسألة ما إلها چارة أشمرنا من السما يطيحون بالماي الوحيد التنبت بصدري المنارة
2026-05-18 17:19:02
12
4_bcv
Pro :
بس الافضل العنبر
2026-06-08 11:03:14
0
eu.1b
سَجاد وهاب :
وصفك مو صحيح مو ثنينهم من نفس الساجيه ثنينهم سواجي ديكول بل بيت الشعري ولكن شائت الاقدار ان يصبح درب حبيبته الذي يصفها للدخن الي هو بديل للتمن وهو يصف نفسه بالعنبر وهو اجود انواع التمن
2026-06-06 21:37:18
3
user4740783446568
ابو كوثر اللامي. 🇮🇶 :
البيت له بعدين الأول مدح سعد لنفسه والثاني سوء حظه كون العنبر يجب أن يغمر بالماء بصوره مستمره وأعتقد بصحه الاول
2026-06-05 08:49:28
1
d3_c_
مـحمد ععلي :
روح اقرا مايكعدد سمير صبيح
2026-05-18 18:20:50
2
ha9a8
ha9a8حسن :
القصيده جان يمدح بيه نفسه وبالأخص هذا البيت والعنبر بالشعر أو بصورة عامة يدل على الجودة والافضليه
2026-05-18 16:53:59
3
0...af
A :
راح اجيب النتيجه اندعولي 🙂🤎
2026-05-19 08:44:00
1
1l5._
ْ :
لكن احدهما اختار الفقر ع الغنى (العنبر اجود أنواع الارز) اما (الدخن فهو نوع رديء) 👌🏼
2026-05-18 08:30:05
3
f0d.8
عباس حسن :
طلع للدخن دربك وانا للعنبر فرق ياخي😁🖤
2026-05-19 13:07:36
1
fz0__
مهدي :
سواجي ثنينه بس هيه هم توفيق طلع للدخن دربك وأنه اللعنبر ...
2026-05-18 15:58:27
2
zenhb3
Zenab🦌 :
فرق هواي بين دخن ولعنبر
2026-06-06 13:59:41
0
hus__12m
حسين رياض :
حسين علي المطوري يوصف حظه يكول حضي فوك الماي جبته و صخره فوك الماي ماكو ادري جا بيمن عثر
2026-06-07 06:11:53
0
z6.o_
عــلي اثيـر :
🖤
2026-05-18 08:31:01
0
77lmuyqd
Hanaa ❤ :
❤️❤️❤️
2026-05-18 19:22:42
0
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El joven se llamaba Daniel. Tenía apenas veinte años y vivía en una pequeña habitación de madera al final de una calle olvidada por todos. No tenía padre, no tenía hermanos y tampoco tenía dinero. La única persona que siempre había estado a su lado era su madre, Elena, una mujer humilde que cada mañana salía a vender flores en una esquina concurrida de la ciudad. Aunque la vida era difícil, Elena siempre encontraba una forma de sonreír. Cada día preparaba ramos de rosas, margaritas y claveles que vendía para conseguir lo suficiente para comer. Daniel la ayudaba cuando podía, pero muchas veces no encontraba trabajo y terminaba caminando por las calles buscando alguna oportunidad. Aquella mañana había comenzado como cualquier otra. —Vuelve temprano, hijo —le dijo Elena mientras acomodaba unas flores en una canasta. —Lo haré, mamá —respondió Daniel. Sin saberlo, esa sería la última vez que escucharía su voz. Horas después, Daniel regresaba caminando cuando vio una multitud reunida cerca de la avenida principal. Al acercarse, sintió un extraño nudo en el pecho. Sobre el asfalto había flores destrozadas, pétalos esparcidos por todas partes y una canasta rota. Entonces reconoció aquellas flores. Eran las de su madre. El mundo pareció detenerse. A unos metros había un coche deportivo negro con la parte delantera dañada. Varias personas comentaban que una mujer había sido atropellada y llevada de emergencia al hospital. Daniel cayó de rodillas. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro mientras observaba los restos de los ramos que tantas veces había ayudado a preparar. El dolor se convirtió rápidamente en rabia. Se levantó y corrió hacia el automóvil. —¡Maldito seas! —gritó. Golpeó el capó con los puños una y otra vez. Después arrancó uno de los espejos laterales y lo lanzó contra el suelo. La ira había consumido completamente su corazón. En ese momento apareció un hombre elegantemente vestido. Era el dueño del coche. —¡¿Qué estás haciendo?! —exclamó. Daniel se giró con los ojos llenos de lágrimas. —¡Tú la atropellaste! ¡Era mi madre! ¡Era todo lo que tenía! El hombre quedó paralizado. Miró las flores tiradas en el suelo y luego el rostro del muchacho. —Yo... yo no quería hacerlo —murmuró—. No la vi cruzar. Todo ocurrió muy rápido. Pero aquellas palabras no calmaban el dolor de Daniel. —¡Era el único sustento de nuestro hogar! ¡Ahora no tengo a nadie! El hombre bajó la mirada. Por primera vez parecía sentir el peso de lo ocurrido. Lentamente se acercó a las flores aplastadas y se arrodilló junto a ellas. Mientras observaba los pétalos rotos, algo llamó su atención. Entre las flores había un pequeño collar de plata. Lo recogió cuidadosamente. Su expresión cambió de inmediato. Sus manos comenzaron a temblar. Era un collar antiguo con una pequeña inscripción grabada en la parte trasera. El hombre lo observó durante varios segundos, como si estuviera viendo un fantasma. Entonces sus labios pronunciaron un nombre en voz baja. —Elena... Daniel dejó de llorar por un instante. —¿Qué dijo? El hombre seguía mirando el collar. Sus ojos estaban llenos de sorpresa. —No puede ser... Daniel se acercó lentamente. —¿Usted conoce a mi mamá? El hombre levantó la vista. Por primera vez ambos se quedaron observándose en silencio. El collar seguía entre sus manos. Y en su rostro había una mezcla de culpa, tristeza y asombro. Como si aquel accidente hubiera despertado un secreto enterrado durante muchos años. —¿Usted conoce a mi mamá? —repitió Daniel. El hombre respiró profundamente. Y justo cuando parecía dispuesto a responder, el silencio se apoderó de la avenida. Porque la respuesta a esa pregunta estaba a punto de cambiar la vida de ambos para siempre. #historias #fyp #seriesenespañol
El joven se llamaba Daniel. Tenía apenas veinte años y vivía en una pequeña habitación de madera al final de una calle olvidada por todos. No tenía padre, no tenía hermanos y tampoco tenía dinero. La única persona que siempre había estado a su lado era su madre, Elena, una mujer humilde que cada mañana salía a vender flores en una esquina concurrida de la ciudad. Aunque la vida era difícil, Elena siempre encontraba una forma de sonreír. Cada día preparaba ramos de rosas, margaritas y claveles que vendía para conseguir lo suficiente para comer. Daniel la ayudaba cuando podía, pero muchas veces no encontraba trabajo y terminaba caminando por las calles buscando alguna oportunidad. Aquella mañana había comenzado como cualquier otra. —Vuelve temprano, hijo —le dijo Elena mientras acomodaba unas flores en una canasta. —Lo haré, mamá —respondió Daniel. Sin saberlo, esa sería la última vez que escucharía su voz. Horas después, Daniel regresaba caminando cuando vio una multitud reunida cerca de la avenida principal. Al acercarse, sintió un extraño nudo en el pecho. Sobre el asfalto había flores destrozadas, pétalos esparcidos por todas partes y una canasta rota. Entonces reconoció aquellas flores. Eran las de su madre. El mundo pareció detenerse. A unos metros había un coche deportivo negro con la parte delantera dañada. Varias personas comentaban que una mujer había sido atropellada y llevada de emergencia al hospital. Daniel cayó de rodillas. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro mientras observaba los restos de los ramos que tantas veces había ayudado a preparar. El dolor se convirtió rápidamente en rabia. Se levantó y corrió hacia el automóvil. —¡Maldito seas! —gritó. Golpeó el capó con los puños una y otra vez. Después arrancó uno de los espejos laterales y lo lanzó contra el suelo. La ira había consumido completamente su corazón. En ese momento apareció un hombre elegantemente vestido. Era el dueño del coche. —¡¿Qué estás haciendo?! —exclamó. Daniel se giró con los ojos llenos de lágrimas. —¡Tú la atropellaste! ¡Era mi madre! ¡Era todo lo que tenía! El hombre quedó paralizado. Miró las flores tiradas en el suelo y luego el rostro del muchacho. —Yo... yo no quería hacerlo —murmuró—. No la vi cruzar. Todo ocurrió muy rápido. Pero aquellas palabras no calmaban el dolor de Daniel. —¡Era el único sustento de nuestro hogar! ¡Ahora no tengo a nadie! El hombre bajó la mirada. Por primera vez parecía sentir el peso de lo ocurrido. Lentamente se acercó a las flores aplastadas y se arrodilló junto a ellas. Mientras observaba los pétalos rotos, algo llamó su atención. Entre las flores había un pequeño collar de plata. Lo recogió cuidadosamente. Su expresión cambió de inmediato. Sus manos comenzaron a temblar. Era un collar antiguo con una pequeña inscripción grabada en la parte trasera. El hombre lo observó durante varios segundos, como si estuviera viendo un fantasma. Entonces sus labios pronunciaron un nombre en voz baja. —Elena... Daniel dejó de llorar por un instante. —¿Qué dijo? El hombre seguía mirando el collar. Sus ojos estaban llenos de sorpresa. —No puede ser... Daniel se acercó lentamente. —¿Usted conoce a mi mamá? El hombre levantó la vista. Por primera vez ambos se quedaron observándose en silencio. El collar seguía entre sus manos. Y en su rostro había una mezcla de culpa, tristeza y asombro. Como si aquel accidente hubiera despertado un secreto enterrado durante muchos años. —¿Usted conoce a mi mamá? —repitió Daniel. El hombre respiró profundamente. Y justo cuando parecía dispuesto a responder, el silencio se apoderó de la avenida. Porque la respuesta a esa pregunta estaba a punto de cambiar la vida de ambos para siempre. #historias #fyp #seriesenespañol

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