@pomellato: A conversation with #JaneFonda Ahead of the Opening Ceremony of the 79th Cannes Film Festival, @janefonda shares her red carpet memories, her love for Pomellato, and the confidence the Maison inspires in women. #PomellatoHighJewelry #Pomellato #Cannes26

pomellato
pomellato
Open In TikTok:
Region: IT
Friday 22 May 2026 09:12:05 GMT
1714
42
1
1

Music

Download

Comments

kimberlyssix
Susan :
💯💯💯Adoro jane❤️❤️❤️
2026-05-22 11:22:08
0
To see more videos from user @pomellato, please go to the Tikwm homepage.

Other Videos

#tickettoheaven :: #gemini :: #actorbl :: texto largo - Hubo una época de mi vida en la que pensé exactamente igual. Crecí rodeada de personas que creían en Dios con todo su corazón. Mis padres hablaban de Él con amor, le agradecían, le rezaban, confiaban en Él y siempre decían que Dios nunca abandona a nadie. Yo escuchaba todo eso y quería creerlo también. Quería sentir lo que ellos sentían. Quería tener la misma seguridad que ellos tenían cuando hablaban de Él. Quería sentir que alguien me cuidaba y me escuchaba. Pero mientras ellos parecían encontrar consuelo, yo solo encontraba silencio. Recuerdo tantas veces en las que me encerré a hablar con Dios. Tantas noches en las que lloré sin que nadie me viera. Tantas veces en las que le pedí ayuda porque ya no podía más. Le conté mis miedos, mis tristezas, mis problemas, las cosas que me dolían y las injusticias que sentía que estaba viviendo. Le hablé con sinceridad. Le hablé con fe. Le hablé con desesperación. Le hablé cuando ya no tenía a quién más acudir. Y aun así sentía que nada pasaba. Los días seguían iguales, los problemas seguían ahí, el dolor seguía ahí y yo seguía esperando. Esperando una respuesta. Esperando una señal. Esperando algo, lo que fuera. Y mientras esperaba, veía a otras personas decir que Dios las había ayudado. Veía testimonios de personas que aseguraban que Dios les había respondido. Veía a mis padres agradecerle por cosas buenas que les sucedían y yo no entendía nada. Porque mientras ellos hablaban de milagros, yo seguía sintiéndome sola. Mientras ellos hablaban de bendiciones, yo seguía cargando dolores que parecían no terminar nunca. Mientras ellos sonreían agradeciendo a Dios, yo seguía preguntándome por qué mis súplicas parecían no llegar a ninguna parte. Y fue entonces cuando comenzaron las preguntas que más miedo me daban. ¿Por qué? ¿Por qué ellos sí y yo no? ¿Por qué parecía escuchar a todos menos a mí? ¿Qué tenía de malo? ¿No rezaba suficiente? ¿No creía suficiente? ¿No era lo suficientemente buena? ¿Mis problemas no eran importantes? ¿Mi dolor no era suficiente? ¿Tenía que sufrir más? ¿Tenía que tocar fondo? ¿Tenía que estar a punto de morir para que me ayudara? Y la pregunta que más me rompía por dentro era una que jamás me atrevía a decir en voz alta: ¿Por qué mi Dios no era tan bueno como el de ellos? Porque así se sentía. Se sentía como si el Dios de los demás los escuchara, los protegiera, los abrazara cuando lloraban y les respondiera cuando lo necesitaban. Pero el mío no. El mío guardaba silencio. El mío parecía mirar hacia otro lado. El mío me dejaba sola con preguntas que nadie podía responder. Y me dolía admitirlo. Me dolía muchísimo. Porque yo quería creer. De verdad quería creer. Pero cada vez era más difícil. Había noches en las que me acostaba preguntándome si Dios realmente existía, si alguien me escuchaba cuando lloraba, si mis oraciones llegaban a algún lugar o simplemente desaparecían en la nada. Y mientras más tiempo pasaba sin respuestas, más crecía la duda dentro de mí. A veces sentía tristeza, a veces enojo, a veces decepción y a veces una mezcla de todo. Porque no entendía por qué tenía que pasar por cosas que nunca pedí vivir. No entendía por qué tenía que cargar dolores que no merecía. No entendía por qué Dios me hacía pasar por cosas que jamás le desearía a otra persona. No entendía por qué, si era tan bueno como todos decían, permitía que me sintiera tan rota. Y después de pensar todo eso llegaba la culpa. Una culpa horrible. Porque me sentía mal por siquiera cuestionarlo. Me sentía mal por dudar. Me sentía mal por enojarme. Me sentía mal por sentir abandono. Me sentía mal por pensar que tal vez Dios no estaba ahí. Entonces lloraba por mis problemas y después lloraba por sentirme culpable por haber pensado esas cosas. Era como una pelea constante dentro de mí. Una parte de mí seguía queriendo creer y otra parte estaba cansada de esperar respuestas que nunca llegaban. lo digo siendo una persona católica ☹️😓
#tickettoheaven :: #gemini :: #actorbl :: texto largo - Hubo una época de mi vida en la que pensé exactamente igual. Crecí rodeada de personas que creían en Dios con todo su corazón. Mis padres hablaban de Él con amor, le agradecían, le rezaban, confiaban en Él y siempre decían que Dios nunca abandona a nadie. Yo escuchaba todo eso y quería creerlo también. Quería sentir lo que ellos sentían. Quería tener la misma seguridad que ellos tenían cuando hablaban de Él. Quería sentir que alguien me cuidaba y me escuchaba. Pero mientras ellos parecían encontrar consuelo, yo solo encontraba silencio. Recuerdo tantas veces en las que me encerré a hablar con Dios. Tantas noches en las que lloré sin que nadie me viera. Tantas veces en las que le pedí ayuda porque ya no podía más. Le conté mis miedos, mis tristezas, mis problemas, las cosas que me dolían y las injusticias que sentía que estaba viviendo. Le hablé con sinceridad. Le hablé con fe. Le hablé con desesperación. Le hablé cuando ya no tenía a quién más acudir. Y aun así sentía que nada pasaba. Los días seguían iguales, los problemas seguían ahí, el dolor seguía ahí y yo seguía esperando. Esperando una respuesta. Esperando una señal. Esperando algo, lo que fuera. Y mientras esperaba, veía a otras personas decir que Dios las había ayudado. Veía testimonios de personas que aseguraban que Dios les había respondido. Veía a mis padres agradecerle por cosas buenas que les sucedían y yo no entendía nada. Porque mientras ellos hablaban de milagros, yo seguía sintiéndome sola. Mientras ellos hablaban de bendiciones, yo seguía cargando dolores que parecían no terminar nunca. Mientras ellos sonreían agradeciendo a Dios, yo seguía preguntándome por qué mis súplicas parecían no llegar a ninguna parte. Y fue entonces cuando comenzaron las preguntas que más miedo me daban. ¿Por qué? ¿Por qué ellos sí y yo no? ¿Por qué parecía escuchar a todos menos a mí? ¿Qué tenía de malo? ¿No rezaba suficiente? ¿No creía suficiente? ¿No era lo suficientemente buena? ¿Mis problemas no eran importantes? ¿Mi dolor no era suficiente? ¿Tenía que sufrir más? ¿Tenía que tocar fondo? ¿Tenía que estar a punto de morir para que me ayudara? Y la pregunta que más me rompía por dentro era una que jamás me atrevía a decir en voz alta: ¿Por qué mi Dios no era tan bueno como el de ellos? Porque así se sentía. Se sentía como si el Dios de los demás los escuchara, los protegiera, los abrazara cuando lloraban y les respondiera cuando lo necesitaban. Pero el mío no. El mío guardaba silencio. El mío parecía mirar hacia otro lado. El mío me dejaba sola con preguntas que nadie podía responder. Y me dolía admitirlo. Me dolía muchísimo. Porque yo quería creer. De verdad quería creer. Pero cada vez era más difícil. Había noches en las que me acostaba preguntándome si Dios realmente existía, si alguien me escuchaba cuando lloraba, si mis oraciones llegaban a algún lugar o simplemente desaparecían en la nada. Y mientras más tiempo pasaba sin respuestas, más crecía la duda dentro de mí. A veces sentía tristeza, a veces enojo, a veces decepción y a veces una mezcla de todo. Porque no entendía por qué tenía que pasar por cosas que nunca pedí vivir. No entendía por qué tenía que cargar dolores que no merecía. No entendía por qué Dios me hacía pasar por cosas que jamás le desearía a otra persona. No entendía por qué, si era tan bueno como todos decían, permitía que me sintiera tan rota. Y después de pensar todo eso llegaba la culpa. Una culpa horrible. Porque me sentía mal por siquiera cuestionarlo. Me sentía mal por dudar. Me sentía mal por enojarme. Me sentía mal por sentir abandono. Me sentía mal por pensar que tal vez Dios no estaba ahí. Entonces lloraba por mis problemas y después lloraba por sentirme culpable por haber pensado esas cosas. Era como una pelea constante dentro de mí. Una parte de mí seguía queriendo creer y otra parte estaba cansada de esperar respuestas que nunca llegaban. lo digo siendo una persona católica ☹️😓

About