@cortesdocoracao3: #motivacional #verenaaraujo #reflexao #mulher #relacionamento

VERENA ARAUJO FÃ
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Friday 29 May 2026 18:43:48 GMT
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Comments

cristianebarros49
Cristiane Barros :
não acredito,vejo as pessoas fazendo errado e vive bem
2026-05-31 22:27:56
564
rosngelaclara
rosngelaclara :
as vezes acho que não tem a lei do retorno
2026-05-30 03:03:38
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luciene90487
luciii :
próspera sim! vejo tantos prosperando
2026-05-30 02:54:18
297
van35810
user72310618281 :
Aconteceu comigo nunca trai e fui traido realmente espero que essa conta chegue mais rápido possível
2026-05-30 02:25:52
364
angelinadutra.oficial
Angelina Dutra 🍦 :
a vida é um restaurante,, ninguém sai sem pagar a conta.
2026-05-30 02:15:16
172
ostelina.antunes6
Ostelina Antunes Silva :
As vezes não somos nós que colhemos mas nossos filhos e netos por isso vamos evitar o plantio...
2026-05-31 13:58:42
50
mergulhadorbarbaruiva
Ricardo Barba Ruiva :
não concordo, não faz sentido, quer dizer se eu estiver disputando uma vaga tenho que abandonar para outro candidato, porque essa vaga, essa porta aberta eu não posso passar o outro concorrente vai ficar sofrer por não conseguir? A prova de uma faculdade nem deveria existir então, se eu for melhor que outro, se estudar mais, me dedicar mais, tenho que ceder a outro que estava menos preparado só porque está pessoa vai ficar triste e sofrer?
2026-05-31 01:53:15
21
loba013_
⚡Estou de PÉ! 🇪🇸🌪️ :
Se ouver amor se for relacionamento Deus abençoa.
2026-05-30 03:30:59
47
serafimbarroso685
Serafim Barroso :
verena você é fenomenal.
2026-06-08 19:52:36
2
victorialohana_
Victoria Lohana :
Eu acredito que ninguém é feliz com infelicidade do outro.
2026-06-03 16:48:32
46
varaispinheiro.es
Esio.Pinheiro :
pura verdade mesmo. eu acredito sim. a lei da colheita e certa..
2026-06-02 08:59:25
1
regina.ribas52
REGINA RIBAS :
a lei da semeadura é inflalivel
2026-06-09 05:45:07
15
ednilsonaraujooficial
Ednilson Araújo :
A conta do Lula está demorando demais
2026-06-14 22:44:45
14
izaalves40
izaalves :
amém amém amém 🙏
2026-05-31 17:54:54
6
user2116102140111
Andreia :
nem eu acredito
2026-06-02 02:09:49
5
claudio.ribeiro759
Claudia Ribeiro :
uma grande verdade
2026-05-30 11:08:02
6
anapauladelima96
anapauladelima96 :
É real!!! É fatooo!!!
2026-05-31 14:13:39
9
irenevilela
irenevilela :
Eu concordo plenamente…
2026-06-01 15:47:40
5
valdilenebarbosa09
valdilene Freitas Barbosa :
🙏🙏🙏🙏🙏 verdade 👏👏👏🙌🙌🙌🙌🙌🙌
2026-05-31 12:18:48
5
conce60a
Maria Conce :
Vdd.
2026-05-30 09:21:57
6
edimarcarvalho06
Edimar Carvalho :
Sabias palavras, a colheita sempre chega...
2026-05-29 22:07:32
130
jeremias.jeremias81
Jeremias Jeremias :
essa mulher é muito inteligente
2026-05-29 22:24:05
36
giselelimavenancio1
Gisele Venâncio :
Quando eu fui traída, era como se o mundo não tivesse mais sentido, sofri demais !! Com o passar do tempo eu fui vendo o cuidado de Deus comigo … Encontrei o amor da minha vida, construí uma família e sou muito feliz… Já o meu ex , nunca desejei mal a ele , pois enquanto estivemos juntos foi maravilhoso, mesmo com um fim conturbado…Não quero que ele colha nada , desejo que ele seja muito feliz, afinal é sobre ele …
2026-05-30 10:33:24
256
lilliam277
Lilliam Christier :
Deus e justo e soberano.
2026-05-30 11:59:01
45
mariamacielsocorr
mariamacielsocorr :
qomsertesa eapuraverdade isso mesmo 🥹💔
2026-05-30 02:35:49
5
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En una de sus últimas fotos juntos ya no hay rastro de la risa. Lo que queda es el peso de todo lo que habían dejado atrás. Stan Laurel y Oliver Hardy hicieron reír al planeta entero durante décadas. Aquí los llamamos El Gordo y el Flaco. En otros países fueron Stanlio y Ollio. Da igual el idioma: el flaco torpe que parecía siempre al borde de las lágrimas y el gordo solemne que se desesperaba con cada desastre eran universales. Dos tipos corrientes, casi infantiles, que lograron algo dificilísimo: convertir el fracaso absoluto en pura ternura. Fueron el refugio de millones de personas. Literalmente. Durante los peores años de la Gran Depresión y en la posguerra, sus películas daban algo que la gente necesitaba para no volverse loca: la oportunidad de reírse de la desgracia sin volverse cínicos. Jamás tuvieron que humillar a nadie para arrancar una carcajada. Su comedia venía del tropezón cotidiano, del lenguaje de las miradas, de esa torpeza absurda que a todos nos da un golpe de realidad cuando las cosas salen mal. El cierre de su historia, sin embargo, fue trágico y muy silencioso. Llegaron los años 50 y los dos estaban al límite, enfermos y agotados. Ya no quedaba nada de aquellos hombres de reflejos rápidos y caídas perfectas. Oliver Hardy, cuya marca registrada era precisamente su silueta enorme, perdió muchísimo peso de golpe por culpa de los problemas de corazón. El cambio fue tan drástico que daba impresión; la gente apenas lo reconocía por la calle. Stan Laurel no estaba mejor: arrastraba sus propios achaques y acababa de sufrir un derrame cerebral. Aun así, seguían tercos. Querían volver. Se les metió entre ceja y ceja un último proyecto tras una aparición en televisión que conmovió a todos. Iba a llamarse Laurel and Hardy’s Fabulous Fables, una serie a color basada en cuentos infantiles. Tenía sentido. Dos viejos que habían hecho poesía de la torpeza querían despedirse contando fábulas, volviendo al origen de todo. El cuerpo no les dio tregua para ese último baile. En septiembre de 1956, a Hardy le dio un derrame cerebral fulminante que lo dejó postrado, sin poder moverse ni hablar. Ahí se acabó el sueño. El hombre que tantas veces miró a la cámara con el orgullo herido, como si el universo lo hubiera insultado, se quedó atrapado en una fragilidad que el cine nunca nos enseñó. Stan no se separó de él. La amistad de estos dos aguantó de todo: contratos abusivos de los estudios, giras demoledoras en teatros de mala muerte, ruinas económicas y una industria que, como suele pasar en Hollywood, los olvidó en cuanto dejaron de facturar. Cuando Hardy murió el 7 de agosto de 1957, Stan estaba tan jodido de salud que el médico le prohibió ir al entierro. La prensa malintencionada habló de enemistad, pero la realidad era mucho más triste. Estaba devastado. Su esposa e hija tuvieron que ir en su lugar. Stan Laurel no volvió a pisar un escenario. Nunca más. Pasó los ocho años que le quedaron de vida rechazando cheques en blanco. Se dedicó a contestar las cartas de sus fans una a una y a dar consejos a los cómicos jóvenes que lo visitaban. Sin su gordo, el oficio no tenía sentido. Lo de ellos no era una fórmula comercial; era una respiración compartida. Stan murió el 23 de febrero de 1965. Hasta el último segundo mantuvo el tipo. Le soltó a la enfermera que preferiría estar esquiando en ese momento. Cuando la mujer, extrañada, le preguntó si le gustaba el esquí, él remató:
En una de sus últimas fotos juntos ya no hay rastro de la risa. Lo que queda es el peso de todo lo que habían dejado atrás. Stan Laurel y Oliver Hardy hicieron reír al planeta entero durante décadas. Aquí los llamamos El Gordo y el Flaco. En otros países fueron Stanlio y Ollio. Da igual el idioma: el flaco torpe que parecía siempre al borde de las lágrimas y el gordo solemne que se desesperaba con cada desastre eran universales. Dos tipos corrientes, casi infantiles, que lograron algo dificilísimo: convertir el fracaso absoluto en pura ternura. Fueron el refugio de millones de personas. Literalmente. Durante los peores años de la Gran Depresión y en la posguerra, sus películas daban algo que la gente necesitaba para no volverse loca: la oportunidad de reírse de la desgracia sin volverse cínicos. Jamás tuvieron que humillar a nadie para arrancar una carcajada. Su comedia venía del tropezón cotidiano, del lenguaje de las miradas, de esa torpeza absurda que a todos nos da un golpe de realidad cuando las cosas salen mal. El cierre de su historia, sin embargo, fue trágico y muy silencioso. Llegaron los años 50 y los dos estaban al límite, enfermos y agotados. Ya no quedaba nada de aquellos hombres de reflejos rápidos y caídas perfectas. Oliver Hardy, cuya marca registrada era precisamente su silueta enorme, perdió muchísimo peso de golpe por culpa de los problemas de corazón. El cambio fue tan drástico que daba impresión; la gente apenas lo reconocía por la calle. Stan Laurel no estaba mejor: arrastraba sus propios achaques y acababa de sufrir un derrame cerebral. Aun así, seguían tercos. Querían volver. Se les metió entre ceja y ceja un último proyecto tras una aparición en televisión que conmovió a todos. Iba a llamarse Laurel and Hardy’s Fabulous Fables, una serie a color basada en cuentos infantiles. Tenía sentido. Dos viejos que habían hecho poesía de la torpeza querían despedirse contando fábulas, volviendo al origen de todo. El cuerpo no les dio tregua para ese último baile. En septiembre de 1956, a Hardy le dio un derrame cerebral fulminante que lo dejó postrado, sin poder moverse ni hablar. Ahí se acabó el sueño. El hombre que tantas veces miró a la cámara con el orgullo herido, como si el universo lo hubiera insultado, se quedó atrapado en una fragilidad que el cine nunca nos enseñó. Stan no se separó de él. La amistad de estos dos aguantó de todo: contratos abusivos de los estudios, giras demoledoras en teatros de mala muerte, ruinas económicas y una industria que, como suele pasar en Hollywood, los olvidó en cuanto dejaron de facturar. Cuando Hardy murió el 7 de agosto de 1957, Stan estaba tan jodido de salud que el médico le prohibió ir al entierro. La prensa malintencionada habló de enemistad, pero la realidad era mucho más triste. Estaba devastado. Su esposa e hija tuvieron que ir en su lugar. Stan Laurel no volvió a pisar un escenario. Nunca más. Pasó los ocho años que le quedaron de vida rechazando cheques en blanco. Se dedicó a contestar las cartas de sus fans una a una y a dar consejos a los cómicos jóvenes que lo visitaban. Sin su gordo, el oficio no tenía sentido. Lo de ellos no era una fórmula comercial; era una respiración compartida. Stan murió el 23 de febrero de 1965. Hasta el último segundo mantuvo el tipo. Le soltó a la enfermera que preferiría estar esquiando en ese momento. Cuando la mujer, extrañada, le preguntó si le gustaba el esquí, él remató: "Lo odio, pero prefiero eso a estar muriéndome aquí". Un chiste final muy fiel a su estilo. El Gordo y el Flaco no son reliquias del cine en blanco y negro. Fueron una filosofía de vida. Nos demostraron que ser patoso puede tener clase, que el fracaso no es el fin del mundo y que la risa limpia sobrevive al paso del tiempo. Al final de sus vidas ya no les hacía falta tirar un piano por las escaleras para emocionar a nadie. #interesante #datocurioso #sorprendente

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