@rmv_v: #اكسبلورexplore #لايك #اكسبلور #فولو #الباحة

مبتعث الباحت يلد✌🏻
مبتعث الباحت يلد✌🏻
Open In TikTok:
Region: SA
Tuesday 09 June 2026 04:34:50 GMT
128759
3837
157
3390

Music

Download

Comments

fyi2v
Faisal Alamri :
بتحصله في مواقف التقنيه
2026-06-09 12:18:20
286
nefa.10
NF📿 :
وش رايك بذي طيب✌️
2026-06-09 15:40:17
129
t2lcr
SAEED 📷 :
اهلاً بك في التقنيه
2026-06-09 13:23:26
41
eox_7
مبارك حسين 🤍. :
قلناها ولا جاتنا حتى جندي
2026-06-09 11:46:13
46
gjiie
M :
خله ينبسط يا رجال قد قلناها كلنا وما جت من نصيبنا لكن جت من نصيب غيرنا يمكن هو تجيه
2026-06-09 19:59:38
3
uissq3
. :
قلتها والحين اغسل موتري هههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههھ .
2026-06-09 21:07:43
2
i4c_u
W . :
قلتها قبلهم وانسجنت😔
2026-06-09 14:18:11
2
ali707i
ابو فايع🥷. :
الارزاق بيد الله يخوان خلو ايمانكم بالله قوي وبأذن الله تتوضفون بلي تبون الله يرزقنا ويرزقكم جميعع
2026-06-09 15:01:31
4
a.79l3
🐈‍⬛ :
2026-06-09 14:16:44
0
iu_8am
﮼محمد ﮼بن ﮼احمد シ :
الوعد مواقف التقنيةة🤣🤣🤣
2026-06-09 20:31:08
1
ucys7
~ :
هههههههههههههههههههههههههههههه هههههههههههههههههههههههههههههه هههههههههههههههههههههههههههههه كلنا قلنها قبلهم 😂
2026-06-09 14:44:55
2
n_34iii
n_34iii :
تكف ياخي لا تحطم فينا اني طالبك 😩😢
2026-06-09 12:38:14
3
999klil
R G 1 🍏 :
ههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههههه ادرس تقنيه بعد محاولات انا ومخي بعد 6 سنوات من تخرجي
2026-06-09 08:38:18
2
mtab369
MT7🥷🏼 :
بوف صرت مبتعث ب ماليزيا الله يعين
2026-06-09 13:14:45
0
هوَى
هوَى :
قلتها والنهايه
2026-06-09 20:02:15
0
zesd19
H :
ندري بس يعنني نسوي عباره
2026-06-09 14:12:42
1
y0ja5
86🧣. :
الرازق فالسماء
2026-06-09 16:21:36
2
zf1c
Q3qaa 🥷🏻 :
كيف المرايه ما عكست
2026-06-09 16:28:45
0
9_prw
مّ :
حفل تخرجي في ستوري ✋🏽
2026-06-09 18:53:19
1
ee_og
الملكة سهله💅🏻🎀 :
اهٌ😭💗
2026-06-09 17:43:34
2
a_zs51
𝐀𝐛𝐮 𝐀𝐳𝐡𝐚 :
١٢ سنه انضباط والوعد كليه التقنيه 👍🏻
2026-06-09 21:11:33
3
riisk98
عبدالعزيز 💙 :
كاش ولا شبكة
2026-06-09 10:27:28
4
To see more videos from user @rmv_v, please go to the Tikwm homepage.

Other Videos

Don Ernesto era un anciano de setenta y ocho años. Sus manos estaban arrugadas por los años de trabajo y su ropa siempre lucía gastada. Había pasado toda su vida sacrificándose por una sola persona: su hijo Daniel. Cuando Daniel era pequeño, Ernesto trabajaba donde podía. Cargaba sacos en el mercado, limpiaba patios, reparaba cercas y hacía cualquier oficio que le permitiera llevar un poco de comida a casa. Muchas noches él se acostaba sin cenar para que su hijo pudiera comer. —Papá, ¿y tú no tienes hambre? —preguntaba el pequeño Daniel. —No, hijo. Ya comí en el trabajo —mentía Ernesto con una sonrisa. En realidad, no había probado bocado en todo el día. Los años pasaron. Ernesto trabajó sin descanso para que Daniel estudiara. Vendió las pocas pertenencias que tenía para pagar libros, uniformes y transporte. —Algún día serás un hombre importante —le decía. —Y cuando lo sea, te cuidaré para siempre, papá —respondía Daniel. Aquellas palabras llenaban de esperanza el corazón del anciano. Finalmente, Daniel terminó sus estudios y consiguió un excelente empleo en una gran empresa. Su vida cambió por completo. Compró una bonita casa, un automóvil y comenzó a ganar mucho dinero. Poco tiempo después conoció a Sofía, una mujer hermosa pero orgullosa y egoísta. Tras algunos meses, se casaron. Al principio, Ernesto estaba feliz. —Mi hijo tiene todo lo que siempre soñó —decía a sus vecinos. Pero pronto comenzó el sufrimiento. Cuando visitaba la casa de Daniel, Sofía lo recibía con mala cara. —Otra vez vino tu padre —susurraba molesta. —Solo quiere saludarnos —respondía Daniel. —Siempre llega con esa ropa vieja. Los vecinos pensarán que somos iguales que él. Ernesto escuchaba aquellas palabras desde lejos, pero fingía no oírlas. Un día llegó a la casa después de caminar varias horas. —Buenas tardes, hijos —saludó con una sonrisa. Sofía observó sus zapatos rotos y frunció el ceño. —¿Qué necesita ahora? —Solo quería verlos. —Pues estamos ocupados. Daniel apareció en la puerta. —Hola, papá. —Hola, hijo. —¿Todo bien? —Sí, sí... todo bien. Pero no estaba bien. Llevaba dos días sin comer. Sofía intervino inmediatamente. —Daniel, tenemos invitados esta noche. No podemos atender visitas. Ernesto bajó la mirada. —No se preocupen. Ya me voy. Y se marchó lentamente. Con el paso del tiempo, las visitas se volvieron menos frecuentes. Cada vez que llegaba, Sofía encontraba una forma de humillarlo. —No toques eso. —No te sientes ahí. —No ensucies el sofá. —¿Por qué no te buscas un lugar donde vivir? Ernesto soportaba todo en silencio porque amaba a su hijo. Mientras tanto, Daniel nunca veía la verdadera actitud de su esposa. Siempre estaba trabajando y solo escuchaba la versión de Sofía. —Tu padre exagera. —Tu padre siempre viene a pedir algo. —Tu padre quiere aprovecharse de nosotros. Poco a poco, aquellas palabras fueron sembrando dudas en su corazón. Los años continuaron pasando. Ernesto se volvió más frágil y más pobre. Ya casi nadie le daba trabajo debido a su edad. Algunas veces iba a buscar a Daniel únicamente para pedir un poco de comida. Una tarde lluviosa, caminaba por una avenida cuando vio a Daniel y Sofía saliendo de un restaurante elegante. Sus ojos se iluminaron. —¡Daniel! El hijo se giró. —Papá. Ernesto se acercó despacio. —Hijo... ¿podrías ayudarme con algo de comida? No he comido desde ayer. Daniel permaneció en silencio. Antes de que pudiera responder, Sofía habló con evidente molestia. —Otra vez lo mismo. —Solo tengo hambre —dijo Ernesto humildemente. —Siempre aparece cuando estamos tranquilos. Daniel miró a su esposa. —Sofía... Ella cruzó los brazos. —Ya estoy cansada. Siempre es igual. Tu padre da demasiados problemas. Ernesto sintió una punzada en el pecho. —No quiero causar molestias. —Entonces deja de venir —respondió ella fríamente. Daniel observó a su padre. Por un instante recordó los sacrificios de su infancia #historias #fyp #seriesenespañol
Don Ernesto era un anciano de setenta y ocho años. Sus manos estaban arrugadas por los años de trabajo y su ropa siempre lucía gastada. Había pasado toda su vida sacrificándose por una sola persona: su hijo Daniel. Cuando Daniel era pequeño, Ernesto trabajaba donde podía. Cargaba sacos en el mercado, limpiaba patios, reparaba cercas y hacía cualquier oficio que le permitiera llevar un poco de comida a casa. Muchas noches él se acostaba sin cenar para que su hijo pudiera comer. —Papá, ¿y tú no tienes hambre? —preguntaba el pequeño Daniel. —No, hijo. Ya comí en el trabajo —mentía Ernesto con una sonrisa. En realidad, no había probado bocado en todo el día. Los años pasaron. Ernesto trabajó sin descanso para que Daniel estudiara. Vendió las pocas pertenencias que tenía para pagar libros, uniformes y transporte. —Algún día serás un hombre importante —le decía. —Y cuando lo sea, te cuidaré para siempre, papá —respondía Daniel. Aquellas palabras llenaban de esperanza el corazón del anciano. Finalmente, Daniel terminó sus estudios y consiguió un excelente empleo en una gran empresa. Su vida cambió por completo. Compró una bonita casa, un automóvil y comenzó a ganar mucho dinero. Poco tiempo después conoció a Sofía, una mujer hermosa pero orgullosa y egoísta. Tras algunos meses, se casaron. Al principio, Ernesto estaba feliz. —Mi hijo tiene todo lo que siempre soñó —decía a sus vecinos. Pero pronto comenzó el sufrimiento. Cuando visitaba la casa de Daniel, Sofía lo recibía con mala cara. —Otra vez vino tu padre —susurraba molesta. —Solo quiere saludarnos —respondía Daniel. —Siempre llega con esa ropa vieja. Los vecinos pensarán que somos iguales que él. Ernesto escuchaba aquellas palabras desde lejos, pero fingía no oírlas. Un día llegó a la casa después de caminar varias horas. —Buenas tardes, hijos —saludó con una sonrisa. Sofía observó sus zapatos rotos y frunció el ceño. —¿Qué necesita ahora? —Solo quería verlos. —Pues estamos ocupados. Daniel apareció en la puerta. —Hola, papá. —Hola, hijo. —¿Todo bien? —Sí, sí... todo bien. Pero no estaba bien. Llevaba dos días sin comer. Sofía intervino inmediatamente. —Daniel, tenemos invitados esta noche. No podemos atender visitas. Ernesto bajó la mirada. —No se preocupen. Ya me voy. Y se marchó lentamente. Con el paso del tiempo, las visitas se volvieron menos frecuentes. Cada vez que llegaba, Sofía encontraba una forma de humillarlo. —No toques eso. —No te sientes ahí. —No ensucies el sofá. —¿Por qué no te buscas un lugar donde vivir? Ernesto soportaba todo en silencio porque amaba a su hijo. Mientras tanto, Daniel nunca veía la verdadera actitud de su esposa. Siempre estaba trabajando y solo escuchaba la versión de Sofía. —Tu padre exagera. —Tu padre siempre viene a pedir algo. —Tu padre quiere aprovecharse de nosotros. Poco a poco, aquellas palabras fueron sembrando dudas en su corazón. Los años continuaron pasando. Ernesto se volvió más frágil y más pobre. Ya casi nadie le daba trabajo debido a su edad. Algunas veces iba a buscar a Daniel únicamente para pedir un poco de comida. Una tarde lluviosa, caminaba por una avenida cuando vio a Daniel y Sofía saliendo de un restaurante elegante. Sus ojos se iluminaron. —¡Daniel! El hijo se giró. —Papá. Ernesto se acercó despacio. —Hijo... ¿podrías ayudarme con algo de comida? No he comido desde ayer. Daniel permaneció en silencio. Antes de que pudiera responder, Sofía habló con evidente molestia. —Otra vez lo mismo. —Solo tengo hambre —dijo Ernesto humildemente. —Siempre aparece cuando estamos tranquilos. Daniel miró a su esposa. —Sofía... Ella cruzó los brazos. —Ya estoy cansada. Siempre es igual. Tu padre da demasiados problemas. Ernesto sintió una punzada en el pecho. —No quiero causar molestias. —Entonces deja de venir —respondió ella fríamente. Daniel observó a su padre. Por un instante recordó los sacrificios de su infancia #historias #fyp #seriesenespañol

About