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Este año me ha dejado más tocado de lo que esperaba. Todo empezó normal, sin buscar nada, sin querer complicarme la vida, hasta que apareció ella. Y sin darme cuenta, poco a poco empezó a ocupar un lugar enorme en mi cabeza y en mi corazón.
No fue algo de golpe. Fue su forma de ser, su risa, cómo hablaba, cómo me miraba a veces, esos pequeños gestos que para cualquiera podían no significar nada, pero para mí lo eran todo. Cada mensaje, cada mirada, cada momento cerca de ella me hacía ilusionarme más. Yo me montaba mil historias en la cabeza, imaginaba cosas bonitas y pensaba que igual algún día podía pasar algo entre los dos.
Ahí fue cuando me perdí. Me enamoré de verdad, sin medir nada, sin protegerme y sin pensar en lo mucho que podía doler. Me aferré a cada mínima señal, a cada “igual sí”, a cada momento en el que me hacía sentir especial. Me creí esa ilusión con todo mi corazón, como un tonto, pero uno que solo quería querer bien y ser querido igual.
Lo peor fue vivir en un “casi”. Sentir que a veces estaba cerca de ser algo y otras veces no era nadie. Había días en los que una simple conversación con ella me arreglaba la vida, y otros en los que su distancia me hundía completamente. Yo daba demasiado, esperaba demasiado, sentía demasiado… y al final recibía muy poco.
Me siento tonto por haberme ilusionado tanto, por pensar que tal vez ella también podía sentir algo, por imaginar momentos que nunca pasaron. Pero lo que sentí fue real, y eso es lo que más duele. Porque no era solo que me gustara: era verla y que se me cambiara el día, escuchar su risa y sentir que todo pesaba menos, querer hablarle, verla, abrazarla y hacerla feliz.
Poco a poco dejé de ser yo. Empecé a fingir que estaba bien, a sonreír cuando por dentro estaba hecho pedazos. Me sentía insuficiente, invisible, como si por más que lo intentara nunca fuera a ser suficiente para ella. Y aun así, no podía dejar de quererla.
Lo que más duele no es haberla querido tanto, sino haberme perdido a mí mismo intentando ser alguien que ella pudiera querer. Aunque ahora me sienta roto y tonto, sé que algún día tendré que volver a encontrarme y recordar que valgo, aunque ella no me haya elegido.
2026-06-09 22:08:14