@melissacastroram: Tetania se emocionó un poquito mucho💜 @Andres Cruz #hermanatetania #tetania #actriz

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Wednesday 10 June 2026 01:22:17 GMT
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Comments

usserrbored
userbored 🇦🇷 :
Con dios no se juega
2026-06-10 01:28:13
516
alonso_carias
Alonso. ⚡ :
quién lo está viendo ahorita? pero ahoritita
2026-06-10 01:28:59
470
jjesus.castro5
jJesus Castro :
no le veo la risa a estos videos
2026-06-10 01:51:11
79
gabriela_0296
♡♡ :
video correcto ✅ público incorrecto ❌
2026-06-10 02:11:00
114
rosalesrosales98
️ 𝔈𝔰𝔱𝔢𝔭𝔥𝔞𝔫𝔦𝔞 𝔪’𝔞 :
Entiendan que no se esta riendo ni faltándole el respeto a nadie, no esta haciendo nada malo, al que no le gusteeee no vea los videos y puntooo se ahorran el enojo, solo es un video no le veo nada de malooooo que gente nada le parece bien!!!🙄🙄🙄
2026-06-10 02:04:49
30
akazabot0
akazabot :
ay tetiana me tomaste una foto!
2026-06-10 01:24:29
17
jiangligxie_0
ㅛㅁㄱㄷㅅㅋㅛ🍓🍒 :
dejen su huella
2026-06-10 01:26:34
55
carito_cano6
carito_cano :
Se Fue Y No De Fiesta 😅😅😅
2026-06-10 01:52:01
12
itsjosex1
Jos3_3as :
iba a comentar primero pero aparecieron como 35 ramdoms
2026-06-10 01:26:04
62
ari.c511
Ari C :
te fuiste de la fiesta o te fuiste nomás?
2026-06-10 03:26:32
4
its_fer54
. :
1ro
2026-06-10 01:23:31
4
joss20vt22
Joselyn Calderón :
Saludos desde Costa Rica 🇨🇷 🥰
2026-06-10 01:24:55
0
cruz_cobain
Andres Cruz :
Tan hermosa 😍
2026-06-10 02:01:52
3
who.is_kela
𝒢𝒶𝓇𝒸𝒾𝒶🎀🦥 :
de q país es
2026-06-10 01:38:58
0
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[ #marinkitagawa ] - ayer no le di por eso se enoja 🥹 obvio es broma #foryoupage #fyp #contenido #anime  La relación de Gojo y Marin en My Dress-Up Darling empieza por accidente, pero se vuelve el centro de toda la historia. Ellos no tenían nada en común a simple vista. Gojo era el chico callado que se escondía en el aula de manualidades para coser muñecas hina, convencido de que su pasatiempo era vergonzoso y que nadie lo entendería. Marin era la gyaru popular, brillante, ruidosa y sin miedo a decir que amaba el anime, los juegos y el cosplay. Vivían en el mismo salón, pero en mundos distintos, hasta que Marin descubre a Gojo usando la máquina de coser. En vez de burlarse, lo mira con una emoción genuina y le suplica que le haga un traje de Shizuku. Para Gojo eso rompe todo lo que creía. Por primera vez alguien no solo acepta su talento, sino que lo admira. Desde ese momento se vuelven un equipo. Su dinámica funciona porque son opuestos que se complementan. Marin pone la pasión desbordada, las ideas locas a las 2 a.m., y la valentía de lanzarse sin pensar. Gojo pone la calma, la técnica, el detalle obsesivo y la paciencia para que todo salga perfecto. Ella lo arrastra a tiendas de tela, a convenciones, a sesiones de fotos en la playa con frío. Él la obliga a medirse, a esperar, a entender que un buen cosplay lleva horas de trabajo invisible. Al principio Gojo se la pasa rojo, tartamudeando y queriendo desaparecer cada vez que tiene que tocarle la cintura para tomar medidas. Marin no lo hace por maldad. Simplemente no tiene filtros y no entiende por qué él se avergüenza tanto. Pero poco a poco aprende a notar sus límites y a cuidarlo. Lo importante es que ninguno de los dos intenta cambiar al otro. Marin nunca le dice a Gojo que deje las muñecas o que sea “más normal”. Al contrario, se obsesiona con lo que hace, presume sus trajes y llora de verdad cuando ve el resultado terminado. Le repite que su trabajo es increíble y que debería estar orgulloso. Gojo, por su parte, jamás juzga los gustos de Marin. No entiende nada de Slippery Girls 2 ni de novelas visuales, pero la escucha, investiga y termina aprendiendo nombres de personajes solo para que ella se sienta acompañada. Él le da estructura, ella le da color. Él le enseña disciplina, ella le enseña que equivocarse y divertirse también es parte del proceso. Su relación también está llena de inseguridades que los hacen reales. Gojo se convence de que alguien como Marin nunca podría fijarse en él. Se ve como el chico raro de las muñecas, sin chispa, que solo sirve para estar detrás de cámara. Por eso frena sus sentimientos y se conforma con ser “el que hace los trajes”. Marin carga lo suyo. Aunque parece segura, le aterra que Gojo la vea como tonta, infantil o superficial. Cree que él es demasiado puro y talentoso para alguien como ella, que reprueba y solo piensa en anime. Ese miedo hace que ambos tarden en admitir lo que sienten, pero también hace que cada pequeño avance se sienta enorme: una mano que se roza, un cumplido que se dice sin pensar, quedarse dormidos juntos después de coser toda la noche. Conforme avanza la historia su vínculo se vuelve más profundo que el cosplay. Empiezan a depender emocionalmente el uno del otro. Cuando Gojo duda de su talento, Marin es la primera en recordarle por qué empezó. Cuando Marin se frustra porque un cosplay no le queda como imaginaba, Gojo le muestra que la belleza está en el esfuerzo, no en la perfección. Se vuelven el lugar seguro del otro. Gojo aprende a reír, a salir, a expresar lo que quiere. Marin aprende a bajar el ritmo, a ser vulnerable y a aceptar que también la pueden cuidar a ella. Al final, lo que hace especial su relación es que se eligieron en su versión más honesta. Marin se enamoró del chico que cose muñecas a escondidas. Gojo se enamoró de la gyaru que grita por dibujos 2D. No se conocieron en su “mejor versión” para impresionar al otro.
[ #marinkitagawa ] - ayer no le di por eso se enoja 🥹 obvio es broma #foryoupage #fyp #contenido #anime La relación de Gojo y Marin en My Dress-Up Darling empieza por accidente, pero se vuelve el centro de toda la historia. Ellos no tenían nada en común a simple vista. Gojo era el chico callado que se escondía en el aula de manualidades para coser muñecas hina, convencido de que su pasatiempo era vergonzoso y que nadie lo entendería. Marin era la gyaru popular, brillante, ruidosa y sin miedo a decir que amaba el anime, los juegos y el cosplay. Vivían en el mismo salón, pero en mundos distintos, hasta que Marin descubre a Gojo usando la máquina de coser. En vez de burlarse, lo mira con una emoción genuina y le suplica que le haga un traje de Shizuku. Para Gojo eso rompe todo lo que creía. Por primera vez alguien no solo acepta su talento, sino que lo admira. Desde ese momento se vuelven un equipo. Su dinámica funciona porque son opuestos que se complementan. Marin pone la pasión desbordada, las ideas locas a las 2 a.m., y la valentía de lanzarse sin pensar. Gojo pone la calma, la técnica, el detalle obsesivo y la paciencia para que todo salga perfecto. Ella lo arrastra a tiendas de tela, a convenciones, a sesiones de fotos en la playa con frío. Él la obliga a medirse, a esperar, a entender que un buen cosplay lleva horas de trabajo invisible. Al principio Gojo se la pasa rojo, tartamudeando y queriendo desaparecer cada vez que tiene que tocarle la cintura para tomar medidas. Marin no lo hace por maldad. Simplemente no tiene filtros y no entiende por qué él se avergüenza tanto. Pero poco a poco aprende a notar sus límites y a cuidarlo. Lo importante es que ninguno de los dos intenta cambiar al otro. Marin nunca le dice a Gojo que deje las muñecas o que sea “más normal”. Al contrario, se obsesiona con lo que hace, presume sus trajes y llora de verdad cuando ve el resultado terminado. Le repite que su trabajo es increíble y que debería estar orgulloso. Gojo, por su parte, jamás juzga los gustos de Marin. No entiende nada de Slippery Girls 2 ni de novelas visuales, pero la escucha, investiga y termina aprendiendo nombres de personajes solo para que ella se sienta acompañada. Él le da estructura, ella le da color. Él le enseña disciplina, ella le enseña que equivocarse y divertirse también es parte del proceso. Su relación también está llena de inseguridades que los hacen reales. Gojo se convence de que alguien como Marin nunca podría fijarse en él. Se ve como el chico raro de las muñecas, sin chispa, que solo sirve para estar detrás de cámara. Por eso frena sus sentimientos y se conforma con ser “el que hace los trajes”. Marin carga lo suyo. Aunque parece segura, le aterra que Gojo la vea como tonta, infantil o superficial. Cree que él es demasiado puro y talentoso para alguien como ella, que reprueba y solo piensa en anime. Ese miedo hace que ambos tarden en admitir lo que sienten, pero también hace que cada pequeño avance se sienta enorme: una mano que se roza, un cumplido que se dice sin pensar, quedarse dormidos juntos después de coser toda la noche. Conforme avanza la historia su vínculo se vuelve más profundo que el cosplay. Empiezan a depender emocionalmente el uno del otro. Cuando Gojo duda de su talento, Marin es la primera en recordarle por qué empezó. Cuando Marin se frustra porque un cosplay no le queda como imaginaba, Gojo le muestra que la belleza está en el esfuerzo, no en la perfección. Se vuelven el lugar seguro del otro. Gojo aprende a reír, a salir, a expresar lo que quiere. Marin aprende a bajar el ritmo, a ser vulnerable y a aceptar que también la pueden cuidar a ella. Al final, lo que hace especial su relación es que se eligieron en su versión más honesta. Marin se enamoró del chico que cose muñecas a escondidas. Gojo se enamoró de la gyaru que grita por dibujos 2D. No se conocieron en su “mejor versión” para impresionar al otro.

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