@liz_bustamante: ~Hay personas que irrumpen en nuestra vida con estruendo. Otras, en cambio, llegan con la silenciosa autoridad de una certeza. Aquella noche fue la primera vez que dormimos juntos y, sin embargo, la sensación no fue la de estar descubriendo algo nuevo, sino la de regresar a un lugar conocido. Como si alguna parte de mí hubiera reconocido en él una forma de hogar que jamás había visitado y, aun así, siempre hubiese recordado. No hubo promesas ni declaraciones memorables. El mundo continuó girando exactamente igual. Pero algo en mí cambió para siempre. Él descansaba junto a la pared, ligeramente inclinado hacia mí. Su brazo derecho sostenía mi cabeza con la naturalidad de quien protege algo valioso sin siquiera proponérselo. Su brazo izquierdo rodeaba mi espalda. Yo permanecía recostada sobre su pecho, aferrada a él con la tranquila necesidad con la que uno se aferra a aquello que le transmite paz. Mi brazo descansaba alrededor de su cintura y nuestras piernas terminaron entrelazadas de manera involuntaria, como si el sueño hubiera tomado una decisión antes que nosotros. Recuerdo la exactitud de aquella comodidad. La forma en que nuestras respiraciones fueron encontrando un mismo compás. La manera en que el silencio dejó de ser ausencia para convertirse en compañía. Y comprendí entonces algo que jamás había entendido del todo: la intimidad más profunda no siempre nace del deseo. A veces nace de la calma. De esa extraña serenidad que aparece cuando estamos junto a alguien y, por primera vez en mucho tiempo, no sentimos la necesidad de estar en ningún otro lugar. Y estaba su aroma. Aún hoy me resulta imposible describirlo sin que algo dentro de mí se detenga por un instante. Olía a maderas aromáticas, ligeramente dulces, con notas de canela y vainilla. Un aroma cálido, sereno, casi antiguo, profundamente suyo, desde entonces, cada vez que el aire me devuelve ese perfume en algún rincón del mundo, mi corazón lo reconoce antes que mi memoria. Y durante un instante tengo la absurda sensación de que está cerca. Como si la ausencia pudiera equivocarse. Como si algunos recuerdos aprendieran a esconderse dentro de los aromas para sobrevivir al tiempo. Lo más difícil de explicar es que nunca antes me había sentido así. Ni en los amores que existieron antes. Y si soy completamente honesta, dudo volver a sentirlo de la misma manera en los que puedan venir después. Porque existen instantes irrepetibles. Momentos tan profundamente familiares que parecen recuerdos en lugar de experiencias. Tan extraordinariamente cómodos que uno podría permanecer en ellos toda una vida sin sentir el paso de las horas. Tal vez eso fue lo que nos sorprendió a ambos, aquella sensación inexplicable de haber encontrado refugio en otro ser humano. Como si, por una sola noche, el mundo hubiese encajado con una precisión perfecta.
Liz Bustamante
Region: PE
Friday 12 June 2026 18:04:23 GMT
Music
Download
Comments
There are no more comments for this video.
To see more videos from user @liz_bustamante, please go to the Tikwm
homepage.