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Monday 15 June 2026 22:13:08 GMT
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Coraline también puede leerse como una advertencia sobre las adicciones. Ahí te va. Partamos de la idea de que cualquier sustancia o conducta con potencial adictivo puede entenderse como una puerta. Cuando nunca lo has probado, esa puerta está cerrada. No parece tan interesante, y aunque llame la atención, cuesta abrirla. Pero una vez que se abre, se vuelve mucho más fácil hacerlo de nuevo. Ya sabes dónde está y cómo entrar, por lo que se vuelve más “accesible”. esa experiencia se vuelve más accesible: una segunda vez, una tercera, y así. Y claro, el impulso de seguir entrando a esa puerta no aparece en el vacío. Hay factores que aumentan la vulnerabilidad. En lo psicológico, por ejemplo, el trauma, las pérdidas, los síntomas depresivos o el estrés prolongado pueden empujar a alguien a buscar escapes o alivios inmediatos en sustancias o conductas que lo hagan sentir mejor… aunque sea solo por un momento. Dicho esto, pensemos en Coraline. Ella atraviesa varias pérdidas: la mudanza, sus amigos, su infancia, la atención de sus padres. Se siente desconectada, aburrida e ignorada; está emocionalmente vulnerable. Y entonces apareció la puerta. La primera vez la cruzó casi por accidente. La segunda ya hubo intención. Pero la tercera entró a pesar de las advertencias… y eso se parece mucho al mecanismo de una adicción, porque cuando empiezas a depender de esa experiencia, el mundo “en sobriedad” se vuelve más gris y menos estimulante. Y lo que más me hizo pensar en esta teoría fue que, al inicio, el otro mundo parecía espectacular: todo era color, amor y atención. Pero poco a poco reveló su verdadera naturaleza. Y así, esas promesas se cayeron una vez que ese mundo como las adicciones mostró su verdadera cara. Ah, y como suele pasar con las adicciones, Coraline creía que ella controlaba cuándo entrar y cuándo salir. Pero cuando la cosa avanzó, se dio cuenta de que la puerta, como la sustancia, ya la estaba controlando a ella. Incluso la escena de la cocina, con la comida podrida, puede leerse como una alegoría de lo que suele pasar en las adicciones: la vida real se descuida, el tiempo se va, y cuando uno “aterriza” descubre que relaciones, proyectos o metas ya se echaron a perder. Así que sí: ese mundo que al inicio parecía una solución terminó convirtiéndose en una prisión. Sígueme aquí @faridieck para más relatos y reflexiones.
Coraline también puede leerse como una advertencia sobre las adicciones. Ahí te va. Partamos de la idea de que cualquier sustancia o conducta con potencial adictivo puede entenderse como una puerta. Cuando nunca lo has probado, esa puerta está cerrada. No parece tan interesante, y aunque llame la atención, cuesta abrirla. Pero una vez que se abre, se vuelve mucho más fácil hacerlo de nuevo. Ya sabes dónde está y cómo entrar, por lo que se vuelve más “accesible”. esa experiencia se vuelve más accesible: una segunda vez, una tercera, y así. Y claro, el impulso de seguir entrando a esa puerta no aparece en el vacío. Hay factores que aumentan la vulnerabilidad. En lo psicológico, por ejemplo, el trauma, las pérdidas, los síntomas depresivos o el estrés prolongado pueden empujar a alguien a buscar escapes o alivios inmediatos en sustancias o conductas que lo hagan sentir mejor… aunque sea solo por un momento. Dicho esto, pensemos en Coraline. Ella atraviesa varias pérdidas: la mudanza, sus amigos, su infancia, la atención de sus padres. Se siente desconectada, aburrida e ignorada; está emocionalmente vulnerable. Y entonces apareció la puerta. La primera vez la cruzó casi por accidente. La segunda ya hubo intención. Pero la tercera entró a pesar de las advertencias… y eso se parece mucho al mecanismo de una adicción, porque cuando empiezas a depender de esa experiencia, el mundo “en sobriedad” se vuelve más gris y menos estimulante. Y lo que más me hizo pensar en esta teoría fue que, al inicio, el otro mundo parecía espectacular: todo era color, amor y atención. Pero poco a poco reveló su verdadera naturaleza. Y así, esas promesas se cayeron una vez que ese mundo como las adicciones mostró su verdadera cara. Ah, y como suele pasar con las adicciones, Coraline creía que ella controlaba cuándo entrar y cuándo salir. Pero cuando la cosa avanzó, se dio cuenta de que la puerta, como la sustancia, ya la estaba controlando a ella. Incluso la escena de la cocina, con la comida podrida, puede leerse como una alegoría de lo que suele pasar en las adicciones: la vida real se descuida, el tiempo se va, y cuando uno “aterriza” descubre que relaciones, proyectos o metas ya se echaron a perder. Así que sí: ese mundo que al inicio parecía una solución terminó convirtiéndose en una prisión. Sígueme aquí @faridieck para más relatos y reflexiones.

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