Pao ❤️ :
Cuando tomé ayahuasca, fui con un solo propósito: sanar las heridas que llevaba dentro para no transmitirle ese dolor a mi hija. Quería romper ese ciclo y convertirme en una mejor madre.
Durante la ceremonia hice dos tomas. En ambas vomité, pero nunca experimenté la "pinta". Mientras veía a otras personas llorar, reír o tener visiones, yo me sentía completamente normal. Llegué a pensar que la medicina no había hecho efecto en mí.
Mi hija había quedado al cuidado de mi hermana. Al día siguiente, cuando la llamé para saber cómo había pasado la noche, me preguntó si yo había estado llorando. Le respondí que no. Entonces me contó que, alrededor de la medianoche, mi hija comenzó a llorar profundamente mientras dormía, sin despertar. Horas después, cerca de las tres de la mañana, empezó a reír de la misma manera, también dormida. Cuando escuché eso, me di cuenta de que esos horarios coincidían exactamente con los momentos en que yo había hecho las dos tomas.
Antes de irme hablé con la Taita y le conté que no había tenido ninguna visión. Ella tomó mis manos y me dijo que no todas las personas viven la medicina de la misma forma. Después de escuchar lo que había pasado con mi hija, me explicó que su llanto representaba el dolor que yo había vivido durante mi embarazo y que su risa simbolizaba la alegría que llegó a mi vida con su nacimiento. Finalmente me dijo: "Le quitaste una carga a tu hija; ahora vuelve para trabajar en ti".
Ha pasado un año desde esa ceremonia y puedo decir que algo cambió profundamente en mí. Ya no vivo con el mismo dolor, ya no lloro como antes y siento una paz que me acompaña todos los días. Aunque nunca tuve la "pinta", esa experiencia fue una de las sanaciones más importantes de mi vida.
2026-07-03 04:15:30