@4dtljht: 220226 #吉田仁人 #インスタライブ #milk

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Saturday 20 June 2026 11:21:43 GMT
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4dtljht
🐶 :
今日から不定期ちょこちょこ吉田仁人さんのインライ投稿していきます☻ 良かったらどうぞ
2026-06-20 11:24:38
21
tiara___jiguhira
❥ ぴ ❤︎.* :
どうしても見たいさのじんのインライがあるんですけど、2021年のってあったりしますか?😭
2026-06-20 13:35:37
3
kuyura_garam
くゆら :
ありがとうございます!私の好きなグループのメンバーが吉田仁人さんのレコメンにゲストで出させていただいてからM!LKのファンになったので過去のインライ見られて嬉しいです🫶本当にありがとうございます♡
2026-06-20 16:40:12
3
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Mi hermano murió y su última voluntad fue que yo me casara con su enemigo… mi ex Cuando mi hermano murió, sentí que una parte de mi vida se apagaba. Éramos inseparables. Él era de esos hermanos que podían molestarte durante horas, pero si alguien más se atrevía a hacerte llorar, aparecía con cara de pocos amigos. Por eso, cuando llegó el momento de leer su última voluntad, jamás imaginé que terminaría queriendo estrangularlo… incluso después de muerto. El abogado aclaró la garganta y comenzó a leer. —Hay una condición para que mi hermana pueda recibir la totalidad de mi herencia y asumir la tenencia de mi hija… Levanté la cabeza. —¿Qué condición? El abogado me miró con una expresión incómoda. —Que se case con… Hizo una pausa dramática. —¿Con quién? —Con su exnovio. Casi me atraganté con el café. —¿QUÉ? Y entonces escuché el nombre que menos quería escuchar. —Con Nicolás. Sentí que se me bajaba la presión. Nicolás. Mi ex. El supuesto enemigo de mi hermano. El hombre al que había dejado años atrás porque todo el mundo decía que era un mujeriego. Y, para empeorar las cosas, mi hermano y él parecían odiarse. Al menos eso era lo que yo creía. —Esto tiene que ser una broma —dije. El abogado negó con la cabeza. —Es una disposición legalmente registrada. —Mi hermano estaba loco. —Eso no puedo confirmarlo. —¡Era mi hermano! —Precisamente por eso prefiero no opinar. Lo miré mal. Él siguió leyendo. Mi hermano me dejaba su fortuna, pero había otra condición: si yo no cumplía su última voluntad, gran parte de sus bienes pasarían a otras personas y yo no podría hacerme cargo legalmente de su hija. Mi sobrina. La hija que mi hermano adoraba. Me quedé en silencio. No me interesaba su dinero. Pero sí quería a esa nena. Así que hice lo único que podía hacer. Fui a buscar a Nicolás. Cuando abrió la puerta y me vio, puso una cara que parecía decir: “¿Qué hiciste ahora?” —Tenemos que hablar. —Si venís a insultarme, esperá cinco minutos que termino de cocinar. —¿Todavía cocinás? —Sí. —¿Y seguís quemando el arroz? —También. Suspiré. —Mi hermano dejó una condición en su testamento. Su sonrisa desapareció. —¿Qué condición? —Que nos casemos. Nicolás se quedó mirándome. Después soltó una carcajada. —No. —Yo tampoco quiero. —Entonces estamos de acuerdo. —Pero necesito hacerlo. Se quedó serio. —¿Por tu sobrina? Asentí. —Por ella. Nicolás respiró profundamente. —Entonces lo hacemos. Lo miré sorprendida. —¿Así de fácil? —No. —¿Entonces? —Será un matrimonio de negocios. Levanté una ceja. —¿Negocios? —Sí. Nada de sentimientos. Nada de besos innecesarios. Nada de dormir juntos. —Perfecto. —Y cuando todo esto termine, cada uno sigue con su vida. —Perfecto. Nos dimos la mano. —Trato hecho. Y así fue como terminé casándome con mi ex. El hombre al que había dejado porque supuestamente tenía una mujer distinta cada semana. La boda fue tan romántica como una reunión de accionistas. —¿Aceptás a Nicolás como esposo? —Acepto. —¿Y vos? —Acepto. Nos miramos. —Podés besar a la novia —dijo el sacerdote. Nicolás y yo nos miramos durante tres segundos. Después él preguntó: —¿Es obligatorio? El sacerdote nos miró horrorizado. —No. —Excelente. Y nos dimos la mano. Ese fue nuestro beso. La primera semana fue un desastre. Vivíamos bajo el mismo techo, pero parecíamos dos desconocidos. —¿Vas a desayunar? —No. —¿Almorzás? —No sé. —¿Y cenás? —Probablemente. —Qué conversación tan profunda. —Estamos avanzando. Pero poco a poco empecé a notar cosas. Nicolás era increíblemente paciente con mi sobrina. La llevaba al colegio. Le preparaba la merienda. La ayudaba con la tarea. Y cada vez que ella hablaba de su papá, él se quedaba en silencio. Yo no entendía por qué. Hasta que una noche me desperté y lo encontré en el patio. Estaba llorando. Pensé que había pasado algo con mi sobrina. Bajé corriendo. —¿Nicolás? Él se secó la cara rápidamente. —Estoy bien. —No estás bien. —Sí. —Estás llorando. —Me entró algo en el ojo. Miré alrededor. —Estamos en el patio. —Debe haber sido una hoja. —Estamos bajo techo. —Una hoja muy insistente. No pude evitar reírme. Pero entonces vi dónde estaba mirando. La tumba de mi hermano. Me qued
Mi hermano murió y su última voluntad fue que yo me casara con su enemigo… mi ex Cuando mi hermano murió, sentí que una parte de mi vida se apagaba. Éramos inseparables. Él era de esos hermanos que podían molestarte durante horas, pero si alguien más se atrevía a hacerte llorar, aparecía con cara de pocos amigos. Por eso, cuando llegó el momento de leer su última voluntad, jamás imaginé que terminaría queriendo estrangularlo… incluso después de muerto. El abogado aclaró la garganta y comenzó a leer. —Hay una condición para que mi hermana pueda recibir la totalidad de mi herencia y asumir la tenencia de mi hija… Levanté la cabeza. —¿Qué condición? El abogado me miró con una expresión incómoda. —Que se case con… Hizo una pausa dramática. —¿Con quién? —Con su exnovio. Casi me atraganté con el café. —¿QUÉ? Y entonces escuché el nombre que menos quería escuchar. —Con Nicolás. Sentí que se me bajaba la presión. Nicolás. Mi ex. El supuesto enemigo de mi hermano. El hombre al que había dejado años atrás porque todo el mundo decía que era un mujeriego. Y, para empeorar las cosas, mi hermano y él parecían odiarse. Al menos eso era lo que yo creía. —Esto tiene que ser una broma —dije. El abogado negó con la cabeza. —Es una disposición legalmente registrada. —Mi hermano estaba loco. —Eso no puedo confirmarlo. —¡Era mi hermano! —Precisamente por eso prefiero no opinar. Lo miré mal. Él siguió leyendo. Mi hermano me dejaba su fortuna, pero había otra condición: si yo no cumplía su última voluntad, gran parte de sus bienes pasarían a otras personas y yo no podría hacerme cargo legalmente de su hija. Mi sobrina. La hija que mi hermano adoraba. Me quedé en silencio. No me interesaba su dinero. Pero sí quería a esa nena. Así que hice lo único que podía hacer. Fui a buscar a Nicolás. Cuando abrió la puerta y me vio, puso una cara que parecía decir: “¿Qué hiciste ahora?” —Tenemos que hablar. —Si venís a insultarme, esperá cinco minutos que termino de cocinar. —¿Todavía cocinás? —Sí. —¿Y seguís quemando el arroz? —También. Suspiré. —Mi hermano dejó una condición en su testamento. Su sonrisa desapareció. —¿Qué condición? —Que nos casemos. Nicolás se quedó mirándome. Después soltó una carcajada. —No. —Yo tampoco quiero. —Entonces estamos de acuerdo. —Pero necesito hacerlo. Se quedó serio. —¿Por tu sobrina? Asentí. —Por ella. Nicolás respiró profundamente. —Entonces lo hacemos. Lo miré sorprendida. —¿Así de fácil? —No. —¿Entonces? —Será un matrimonio de negocios. Levanté una ceja. —¿Negocios? —Sí. Nada de sentimientos. Nada de besos innecesarios. Nada de dormir juntos. —Perfecto. —Y cuando todo esto termine, cada uno sigue con su vida. —Perfecto. Nos dimos la mano. —Trato hecho. Y así fue como terminé casándome con mi ex. El hombre al que había dejado porque supuestamente tenía una mujer distinta cada semana. La boda fue tan romántica como una reunión de accionistas. —¿Aceptás a Nicolás como esposo? —Acepto. —¿Y vos? —Acepto. Nos miramos. —Podés besar a la novia —dijo el sacerdote. Nicolás y yo nos miramos durante tres segundos. Después él preguntó: —¿Es obligatorio? El sacerdote nos miró horrorizado. —No. —Excelente. Y nos dimos la mano. Ese fue nuestro beso. La primera semana fue un desastre. Vivíamos bajo el mismo techo, pero parecíamos dos desconocidos. —¿Vas a desayunar? —No. —¿Almorzás? —No sé. —¿Y cenás? —Probablemente. —Qué conversación tan profunda. —Estamos avanzando. Pero poco a poco empecé a notar cosas. Nicolás era increíblemente paciente con mi sobrina. La llevaba al colegio. Le preparaba la merienda. La ayudaba con la tarea. Y cada vez que ella hablaba de su papá, él se quedaba en silencio. Yo no entendía por qué. Hasta que una noche me desperté y lo encontré en el patio. Estaba llorando. Pensé que había pasado algo con mi sobrina. Bajé corriendo. —¿Nicolás? Él se secó la cara rápidamente. —Estoy bien. —No estás bien. —Sí. —Estás llorando. —Me entró algo en el ojo. Miré alrededor. —Estamos en el patio. —Debe haber sido una hoja. —Estamos bajo techo. —Una hoja muy insistente. No pude evitar reírme. Pero entonces vi dónde estaba mirando. La tumba de mi hermano. Me qued

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