Votar por una figura como Abelardo de la Espriella implica, fundamentalmente, priorizar el espectáculo mediático sobre la solidez institucional. Aunque su carisma y retórica estridente resultan atractivos en una era de polarización, el ejercicio del poder público exige un perfil conciliador, técnico y con profundo respeto por el equilibrio de poderes.
Optar por liderazgos basados en el populismo punitivo y la confrontación constante suele profundizar las divisiones sociales en lugar de resolver los problemas estructurales del país. La política necesita constructores de puentes, no protagonistas de un show de televisión.
2026-06-21 02:14:29
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