@xiaxiaomeng: 你的女朋友被围观了,快去救她! #尼山鲁源村 #国风正当红 #甜妹 #夏不萌 #花火鲁源回村过年

夏小萌
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gitogito3687
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bayangin kalau dsah behhh
2026-06-24 08:01:13
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2026-06-21 07:39:11
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yo boy a salvarlaaaaa
2026-06-21 10:01:59
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ya
2026-06-25 09:59:11
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MX KING 🥵🥶 :
ini
2026-07-01 14:40:20
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En una de las zonas más exclusivas de la ciudad vivía Alejandro, un joven empresario de apenas treinta años. Aunque poseía varias empresas, inversiones millonarias y propiedades de lujo, tenía una costumbre que sorprendía a todos los que llegaban a conocerlo: odiaba presumir de su riqueza. Mientras otros millonarios conducían autos deportivos y vestían ropa de marcas costosas, Alejandro prefería usar ropa sencilla y recorrer la ciudad en una vieja bicicleta que había conservado desde su juventud. Para él, el dinero era una herramienta, no una forma de demostrar superioridad. Una tarde decidió visitar una enorme mansión ubicada en una de las avenidas más prestigiosas de la ciudad. Había ido allí porque estaba cerrando un importante negocio relacionado con la propiedad. Al llegar en su bicicleta, vestido con unos pantalones gastados y una camisa sencilla, se encontró con Ricardo, un conocido suyo de años atrás. Ricardo estaba acompañado por dos amigas, Valeria y Camila, quienes observaban la escena desde la entrada de la mansión. Al ver a Alejandro, Ricardo soltó una carcajada. —¿Otra vez tú? —dijo con tono burlón—. ¿Qué haces aquí vestido así? Las dos mujeres comenzaron a reír. —Pensé que ya habías encontrado un trabajo mejor —comentó Valeria. —O por lo menos una bicicleta nueva —añadió Camila entre risas. Alejandro simplemente sonrió. —Buenas tardes, Ricardo. —No me digas que vienes a pedir trabajo. —No exactamente. Ricardo observó la bicicleta y negó con la cabeza. —La verdad, Alejandro, nunca entendí por qué sigues viviendo como un pobre. Las mujeres volvieron a reír. Sin embargo, Alejandro permaneció tranquilo. No sentía necesidad de demostrar nada. Justo entonces apareció un elegante hombre de traje negro que caminaba rápidamente hacia la entrada. Llevaba un portafolio de cuero en la mano y parecía buscar a alguien con urgencia. Cuando llegó frente al grupo, ignoró por completo a Ricardo y a las dos mujeres. Se detuvo directamente frente a Alejandro. —Buenas tardes, señor Alejandro. Ricardo frunció el ceño. —¿Se conocen? El hombre abrió el portafolio y sacó varios documentos. —Señor, todo está listo para completar la transferencia de la mansión. Los contratos han sido aprobados y la propiedad quedará registrada a su nombre en cuanto firme estos documentos. Durante unos segundos nadie dijo una palabra. Valeria abrió los ojos de par en par. Camila quedó completamente inmóvil. Y Ricardo palideció. —¿La... transferencia? —preguntó confundido. —Sí —respondió el hombre—. El señor Alejandro es el comprador de esta propiedad. Ricardo miró la enorme mansión detrás de él y luego volvió la vista hacia la bicicleta. —¿Tú compraste esta mansión? Alejandro tomó los documentos y los revisó con calma. —Así es. —Pero... pensé que... —¿Que era pobre? —preguntó Alejandro sonriendo. Nadie respondió. Entonces firmó los papeles y devolvió la carpeta al abogado. —A veces las personas están tan ocupadas juzgando la ropa de alguien que olvidan conocer a la persona que la lleva puesta. Las dos mujeres bajaron la mirada avergonzadas. Ricardo no sabía qué decir. Alejandro tomó su bicicleta. —Que tengan una buena tarde. Y mientras los tres permanecían paralizados por la sorpresa, él se alejó tranquilamente pedaleando por la avenida.  Porque el verdadero valor de una persona nunca se mide por lo que aparenta tener, sino por quién es cuando nadie conoce su fortuna.  #historias #fyp #seriesenespañol
En una de las zonas más exclusivas de la ciudad vivía Alejandro, un joven empresario de apenas treinta años. Aunque poseía varias empresas, inversiones millonarias y propiedades de lujo, tenía una costumbre que sorprendía a todos los que llegaban a conocerlo: odiaba presumir de su riqueza. Mientras otros millonarios conducían autos deportivos y vestían ropa de marcas costosas, Alejandro prefería usar ropa sencilla y recorrer la ciudad en una vieja bicicleta que había conservado desde su juventud. Para él, el dinero era una herramienta, no una forma de demostrar superioridad. Una tarde decidió visitar una enorme mansión ubicada en una de las avenidas más prestigiosas de la ciudad. Había ido allí porque estaba cerrando un importante negocio relacionado con la propiedad. Al llegar en su bicicleta, vestido con unos pantalones gastados y una camisa sencilla, se encontró con Ricardo, un conocido suyo de años atrás. Ricardo estaba acompañado por dos amigas, Valeria y Camila, quienes observaban la escena desde la entrada de la mansión. Al ver a Alejandro, Ricardo soltó una carcajada. —¿Otra vez tú? —dijo con tono burlón—. ¿Qué haces aquí vestido así? Las dos mujeres comenzaron a reír. —Pensé que ya habías encontrado un trabajo mejor —comentó Valeria. —O por lo menos una bicicleta nueva —añadió Camila entre risas. Alejandro simplemente sonrió. —Buenas tardes, Ricardo. —No me digas que vienes a pedir trabajo. —No exactamente. Ricardo observó la bicicleta y negó con la cabeza. —La verdad, Alejandro, nunca entendí por qué sigues viviendo como un pobre. Las mujeres volvieron a reír. Sin embargo, Alejandro permaneció tranquilo. No sentía necesidad de demostrar nada. Justo entonces apareció un elegante hombre de traje negro que caminaba rápidamente hacia la entrada. Llevaba un portafolio de cuero en la mano y parecía buscar a alguien con urgencia. Cuando llegó frente al grupo, ignoró por completo a Ricardo y a las dos mujeres. Se detuvo directamente frente a Alejandro. —Buenas tardes, señor Alejandro. Ricardo frunció el ceño. —¿Se conocen? El hombre abrió el portafolio y sacó varios documentos. —Señor, todo está listo para completar la transferencia de la mansión. Los contratos han sido aprobados y la propiedad quedará registrada a su nombre en cuanto firme estos documentos. Durante unos segundos nadie dijo una palabra. Valeria abrió los ojos de par en par. Camila quedó completamente inmóvil. Y Ricardo palideció. —¿La... transferencia? —preguntó confundido. —Sí —respondió el hombre—. El señor Alejandro es el comprador de esta propiedad. Ricardo miró la enorme mansión detrás de él y luego volvió la vista hacia la bicicleta. —¿Tú compraste esta mansión? Alejandro tomó los documentos y los revisó con calma. —Así es. —Pero... pensé que... —¿Que era pobre? —preguntó Alejandro sonriendo. Nadie respondió. Entonces firmó los papeles y devolvió la carpeta al abogado. —A veces las personas están tan ocupadas juzgando la ropa de alguien que olvidan conocer a la persona que la lleva puesta. Las dos mujeres bajaron la mirada avergonzadas. Ricardo no sabía qué decir. Alejandro tomó su bicicleta. —Que tengan una buena tarde. Y mientras los tres permanecían paralizados por la sorpresa, él se alejó tranquilamente pedaleando por la avenida. Porque el verdadero valor de una persona nunca se mide por lo que aparenta tener, sino por quién es cuando nadie conoce su fortuna. #historias #fyp #seriesenespañol

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