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Niki🌟
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Where is mommy ichika
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La verdadera dueña del salón El lujoso salón Palacio Imperial estaba decorado con miles de rosas blancas, enormes candelabros de cristal y una orquesta que interpretaba música clásica. Era la boda más esperada del año. Los invitados admiraban a la novia, Valeria, envuelta en un brillante vestido dorado. Caminaba entre las mesas saludando con una sonrisa que ocultaba su arrogancia. —Todo tiene que ser perfecto —repetía una y otra vez. Mientras tanto, los meseros corrían de un lado a otro atendiendo a cientos de invitados. Entre ellos estaba Lucía, una joven camarera de rostro sereno que llevaba una bandeja con copas de champán. Al pasar junto a la mesa principal, un niño se cruzó inesperadamente. Lucía hizo todo lo posible por evitarlo, pero una copa cayó al suelo y unas gotas salpicaron el vestido de la novia. El salón quedó en silencio. Valeria miró la pequeña mancha con rabia. —¿Sabes cuánto cuesta este vestido? Lucía bajó la cabeza. —Lo siento mucho, señora. Fue un accidente. Pero la novia no quiso escuchar. Con todas sus fuerzas, la empujó. Lucía cayó al suelo frente a cientos de invitados. Las copas se hicieron añicos. Valeria la señaló con desprecio. —¡Limpia el suelo, sirvienta! ¡Aprende cuál es tu lugar! Algunos invitados desviaron la mirada, avergonzados. Otros simplemente permanecieron en silencio. El novio, Esteban, dio un paso al frente. —Valeria… ya basta. —¡No te metas! Lucía permaneció unos segundos en el suelo. Luego comenzó a levantarse lentamente. Su expresión había cambiado por completo. Ya no parecía una empleada asustada. Su mirada transmitía una autoridad que nadie había notado antes. Tomó el micrófono del maestro de ceremonias. —Disculpen la interrupción. Toda la orquesta dejó de tocar. Los invitados la observaron confundidos. Lucía respiró profundamente. —La boda queda cancelada. Las risas comenzaron a escucharse. Valeria cruzó los brazos. —¿Quién te crees para decir semejante tontería? Lucía sonrió con tranquilidad. —La persona que compró este salón. El silencio fue absoluto. El administrador del lugar apareció de inmediato. Se acercó a Lucía e inclinó respetuosamente la cabeza. —Buenas noches, señorita Lucía. Los invitados comenzaron a murmurar. Valeria palideció. —¿Qué significa esto? El administrador habló con firmeza. —La señorita Lucía es la propietaria de esta cadena de salones. Hoy decidió trabajar como camarera de incógnito para evaluar el trato que recibía el personal y la calidad del servicio. Los rostros de los invitados cambiaron por completo. Lucía volvió a mirar a la novia. —Y gracias a usted, la evaluación terminó antes de tiempo. Sacó una carpeta. —Hace seis meses ustedes solicitaron un patrocinio para esta boda porque dijeron que estaban pasando por dificultades económicas. Esteban bajó la mirada. Lucía continuó. —Mi empresa cubrió el alquiler del salón, la decoración, el banquete, la música y gran parte de los gastos. Todos quedaron sorprendidos. —Además… Abrió otra hoja. —Yo misma entregué un importante regalo económico para ayudar a los novios a comenzar su nueva vida. Miró directamente a Valeria. —Quiero que me devuelvan cada centavo. La novia comenzó a temblar. —No… no puedes hacer eso. —Sí puedo. El administrador intervino. —Por orden de la propietaria, todos los contratos quedan anulados desde este momento. Los músicos guardaron sus instrumentos. Los meseros dejaron de servir. Los decoradores comenzaron a retirar los arreglos florales. Los invitados observaban incrédulos cómo la lujosa boda desaparecía delante de sus ojos. Valeria corrió hacia Lucía. —¡Espera! ¡Fue un error! Lucía la miró con calma. —No. Un error es derramar una copa. Hizo una breve pausa. —Humillar a una persona por creerla inferior es una decisión. Valeria rompió a llorar. Pero ya era demasiado tarde. Muchos invitados abandonaron el lugar sin despedirse. Otros devolvieron discretamente los regalos que habían llevado. Esteban se quitó el anillo de compromiso... #USAStories #AmericanDrama #LifeLessonsUSA #ViralStorytimeUSA
La verdadera dueña del salón El lujoso salón Palacio Imperial estaba decorado con miles de rosas blancas, enormes candelabros de cristal y una orquesta que interpretaba música clásica. Era la boda más esperada del año. Los invitados admiraban a la novia, Valeria, envuelta en un brillante vestido dorado. Caminaba entre las mesas saludando con una sonrisa que ocultaba su arrogancia. —Todo tiene que ser perfecto —repetía una y otra vez. Mientras tanto, los meseros corrían de un lado a otro atendiendo a cientos de invitados. Entre ellos estaba Lucía, una joven camarera de rostro sereno que llevaba una bandeja con copas de champán. Al pasar junto a la mesa principal, un niño se cruzó inesperadamente. Lucía hizo todo lo posible por evitarlo, pero una copa cayó al suelo y unas gotas salpicaron el vestido de la novia. El salón quedó en silencio. Valeria miró la pequeña mancha con rabia. —¿Sabes cuánto cuesta este vestido? Lucía bajó la cabeza. —Lo siento mucho, señora. Fue un accidente. Pero la novia no quiso escuchar. Con todas sus fuerzas, la empujó. Lucía cayó al suelo frente a cientos de invitados. Las copas se hicieron añicos. Valeria la señaló con desprecio. —¡Limpia el suelo, sirvienta! ¡Aprende cuál es tu lugar! Algunos invitados desviaron la mirada, avergonzados. Otros simplemente permanecieron en silencio. El novio, Esteban, dio un paso al frente. —Valeria… ya basta. —¡No te metas! Lucía permaneció unos segundos en el suelo. Luego comenzó a levantarse lentamente. Su expresión había cambiado por completo. Ya no parecía una empleada asustada. Su mirada transmitía una autoridad que nadie había notado antes. Tomó el micrófono del maestro de ceremonias. —Disculpen la interrupción. Toda la orquesta dejó de tocar. Los invitados la observaron confundidos. Lucía respiró profundamente. —La boda queda cancelada. Las risas comenzaron a escucharse. Valeria cruzó los brazos. —¿Quién te crees para decir semejante tontería? Lucía sonrió con tranquilidad. —La persona que compró este salón. El silencio fue absoluto. El administrador del lugar apareció de inmediato. Se acercó a Lucía e inclinó respetuosamente la cabeza. —Buenas noches, señorita Lucía. Los invitados comenzaron a murmurar. Valeria palideció. —¿Qué significa esto? El administrador habló con firmeza. —La señorita Lucía es la propietaria de esta cadena de salones. Hoy decidió trabajar como camarera de incógnito para evaluar el trato que recibía el personal y la calidad del servicio. Los rostros de los invitados cambiaron por completo. Lucía volvió a mirar a la novia. —Y gracias a usted, la evaluación terminó antes de tiempo. Sacó una carpeta. —Hace seis meses ustedes solicitaron un patrocinio para esta boda porque dijeron que estaban pasando por dificultades económicas. Esteban bajó la mirada. Lucía continuó. —Mi empresa cubrió el alquiler del salón, la decoración, el banquete, la música y gran parte de los gastos. Todos quedaron sorprendidos. —Además… Abrió otra hoja. —Yo misma entregué un importante regalo económico para ayudar a los novios a comenzar su nueva vida. Miró directamente a Valeria. —Quiero que me devuelvan cada centavo. La novia comenzó a temblar. —No… no puedes hacer eso. —Sí puedo. El administrador intervino. —Por orden de la propietaria, todos los contratos quedan anulados desde este momento. Los músicos guardaron sus instrumentos. Los meseros dejaron de servir. Los decoradores comenzaron a retirar los arreglos florales. Los invitados observaban incrédulos cómo la lujosa boda desaparecía delante de sus ojos. Valeria corrió hacia Lucía. —¡Espera! ¡Fue un error! Lucía la miró con calma. —No. Un error es derramar una copa. Hizo una breve pausa. —Humillar a una persona por creerla inferior es una decisión. Valeria rompió a llorar. Pero ya era demasiado tarde. Muchos invitados abandonaron el lugar sin despedirse. Otros devolvieron discretamente los regalos que habían llevado. Esteban se quitó el anillo de compromiso... #USAStories #AmericanDrama #LifeLessonsUSA #ViralStorytimeUSA

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