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Dicen que el Sol estaba profundamente enamorado de la Luna, pero el destino nunca les permitió coincidir. Cuando el Sol despertaba para iluminar el cielo, la Luna ya se escondía para descansar; y cuando la Luna salía a brillar entre las estrellas, el Sol ya se había marchado. Vivían para el mismo cielo, pero en tiempos distintos. Un día, la Luna decidió esperarlo un poco más, con la esperanza de verlo aunque fuera por un instante. Sin embargo, cuando el Sol llegó, ella ya no estaba. Él la buscó con la mirada y sintió un vacío inmenso. Fue entonces cuando la Luna le confesó que jamás podrían estar juntos, porque eran demasiado diferentes: él brillaba con un fuego que podía consumirla, y ella tenía miedo de amar algo que nunca podría hacerse realidad. Desde entonces, el Sol y la Luna siguen buscándose cada día, regalándonos amaneceres y atardeceres, como si en esos pequeños instantes intentaran rozarse, aunque sepan que su amor siempre será imposible
2026-06-28 17:59:15