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Sunday 28 June 2026 20:16:48 GMT
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Vamos a analizar a Zé Pequeño, un villano verdaderamente despreciable. Desde niño ya mostraba hostilidad, agresividad y un deseo de poder. Quería adueñarse del balón a la fuerza y, en el asalto al camión de gas, fue él quien pateó al conductor con una violencia innecesaria. Desde ahí se notaba cierto disfrute en someter al otro. Creció en un contexto brutal, donde los criminales son respetados, y eso sin duda lo marcó. De su familia la película no muestra nada, pero es razonable pensar en negligencia, abandono o violencia doméstica, cosas que encajan con ese entorno. Pero además, da la impresión de que sus actitudes también nacen de una inseguridad profunda. Incluso el nombre que adoptó lo sugiere: Zé Pequeño. En el fondo, parece sentirse pequeño y sin valor, y por eso busca poder a cualquier costo. Y no ayudaba que su entorno lo humillara: Alicate y Marreco se burlaban de él constantemente. Si alguien ya se siente poca cosa por dentro, y encima lo tratan como poca cosa, mientras ve que el líder de la pandilla, Cabellera, es respetado, no es difícil entender cómo pudo nacer su obsesión por ser el jefe… y la forma violenta en la que empezó a imponerse. Esta lectura también se refuerza con su relación con las mujeres y con su reacción ante el rechazo. Zé no se había acercado a una mujer hasta la fiesta de despedida, y cuando lo hizo, fue rechazado porque venía acompañada, algo que ni siquiera tenía que ver con él, pero Zé lo vivió como humillación. ¿Y cómo respondió? Fue inmediatamente con Bené y empezó a hablar despectivamente de su novia. Ahí desplazó el coraje del rechazo hacia otra mujer. Es un mecanismo común detrás de muchas actitudes misóginas: un ego frágil interpreta el rechazo como ataque personal y termina generalizando el resentimiento hacia todas las mujeres.  Después, decidió humillar al acompañante de la chica. ¿Por qué? Porque tenía la validación que él no, y eso lo hizo sentirse menos. Entonces lo degradó para recuperar superioridad. Es otra reacción bastante común: cuando algunos hombres se sienten rechazados, intentan devaluar a otros que sí reciben atención de las mujeres para no sentirse menos. Al final, todo esto revela cómo se veía Zé a sí mismo: su inseguridad lo mantenía comparándose, y como necesitaba sentirse “arriba”, recurría a la humillación y la violencia. El problema es que esa falta no se curaba con poder. Siempre iba a haber alguien que no lo admirara, no lo respetara o no le tuviera miedo. Por eso quería eliminar a Zanahoria y a Mané. Y al final, esa misma falta interna que lo empujó a buscar poder terminó sellando su destrucción. Sígueme aquí @faridieck para más relatos y reflexiones.
Vamos a analizar a Zé Pequeño, un villano verdaderamente despreciable. Desde niño ya mostraba hostilidad, agresividad y un deseo de poder. Quería adueñarse del balón a la fuerza y, en el asalto al camión de gas, fue él quien pateó al conductor con una violencia innecesaria. Desde ahí se notaba cierto disfrute en someter al otro. Creció en un contexto brutal, donde los criminales son respetados, y eso sin duda lo marcó. De su familia la película no muestra nada, pero es razonable pensar en negligencia, abandono o violencia doméstica, cosas que encajan con ese entorno. Pero además, da la impresión de que sus actitudes también nacen de una inseguridad profunda. Incluso el nombre que adoptó lo sugiere: Zé Pequeño. En el fondo, parece sentirse pequeño y sin valor, y por eso busca poder a cualquier costo. Y no ayudaba que su entorno lo humillara: Alicate y Marreco se burlaban de él constantemente. Si alguien ya se siente poca cosa por dentro, y encima lo tratan como poca cosa, mientras ve que el líder de la pandilla, Cabellera, es respetado, no es difícil entender cómo pudo nacer su obsesión por ser el jefe… y la forma violenta en la que empezó a imponerse. Esta lectura también se refuerza con su relación con las mujeres y con su reacción ante el rechazo. Zé no se había acercado a una mujer hasta la fiesta de despedida, y cuando lo hizo, fue rechazado porque venía acompañada, algo que ni siquiera tenía que ver con él, pero Zé lo vivió como humillación. ¿Y cómo respondió? Fue inmediatamente con Bené y empezó a hablar despectivamente de su novia. Ahí desplazó el coraje del rechazo hacia otra mujer. Es un mecanismo común detrás de muchas actitudes misóginas: un ego frágil interpreta el rechazo como ataque personal y termina generalizando el resentimiento hacia todas las mujeres. Después, decidió humillar al acompañante de la chica. ¿Por qué? Porque tenía la validación que él no, y eso lo hizo sentirse menos. Entonces lo degradó para recuperar superioridad. Es otra reacción bastante común: cuando algunos hombres se sienten rechazados, intentan devaluar a otros que sí reciben atención de las mujeres para no sentirse menos. Al final, todo esto revela cómo se veía Zé a sí mismo: su inseguridad lo mantenía comparándose, y como necesitaba sentirse “arriba”, recurría a la humillación y la violencia. El problema es que esa falta no se curaba con poder. Siempre iba a haber alguien que no lo admirara, no lo respetara o no le tuviera miedo. Por eso quería eliminar a Zanahoria y a Mané. Y al final, esa misma falta interna que lo empujó a buscar poder terminó sellando su destrucción. Sígueme aquí @faridieck para más relatos y reflexiones.

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