Victor Saúl :
Hace poco viajé a verlo. Estaba en Huánuco, en un pueblo llamado Chuyay, creo. Estaban de fiesta por la Virgen del Carmen, si no me equivoco. Me acuerdo que bailé huayno con él y bebimos un par de cervezas. Llegando a donde él vive, nos subimos al monte y nos pusimos a hablar mientras tomábamos las últimas cervezas. Le dije, llorando, por qué no había venido, por qué me hacía falsas promesas, que hubiera preferido la verdad antes que la mentira. Le reclamé por un momento con lágrimas en los ojos y le dije que lo perdonaba, que para mí siempre sería mi padre. Nunca le había dicho que lo quería o que lo amaba. Desde esa noche me llama y me pregunta cómo estoy, y cada vez que le digo que ya iré a dormir o voy a comer, me despido con un "te amo, papá". Tampoco había recibido un "felicidades, hijo" de parte de él desde que puedo recordar. Hice la ruta de Lima a Canta en bicicleta y no pude aguantar la felicidad de escuchar a mi padre felicitarme.
Tal vez esa conversación no cambio el pasado, pero si la relación de padre y hijo q tenemos hoy.
2026-08-06 05:07:47