Enaitz Guardado :
Quiero explicar mi caso, por qué fui despedido y por qué finalmente decidí llegar a un acuerdo.
Todo empezó cuando solicité una reducción de jornada. Pocos meses después, se me suspendió la prima anual, algo que impugné.
Posteriormente comuniqué que volvía a trabajar a 40 horas porque a mi mujer le habían concedido una baja por la mutua. Doce días antes de que naciera mi segunda hija, fui despedido con 32 acusaciones diferentes.
Por todo ello, considerábamos que podía existir una vulneración de mis derechos y que mi despido podía ser nulo. Por eso, íbamos a juicio buscando la nulidad.
Habíamos preparado el juicio con pruebas y argumentos para defender nuestro caso y estábamos dispuestos a luchar hasta el final. Pero cuando llegó el momento del juicio, sentí que no se me dio realmente la oportunidad de ser escuchado.
Antes de empezar, el juez ya parecía tener bastante claro que el resultado podía ser una improcedencia. Frases como «más vale pájaro en mano que ciento volando», «luego os doy la improcedencia y venís llorando» o «doy una nulidad de cada cien casos y me estoy excediendo» me hicieron sentir que la decisión podía estar prácticamente tomada antes de escuchar todo lo que tenía que decir.
Al final acepté un acuerdo. No porque no creyera en mi caso ni porque no estuviera orgulloso de haber luchado por mis derechos, sino porque tuve que valorar el riesgo de perderlo todo.
Me siento orgulloso de haber luchado, pero también decepcionado por cómo se desarrolló todo. Después de preparar un juicio, reunir pruebas y luchar durante tanto tiempo, esperaba al menos sentir que realmente se me iba a escuchar.
Es difícil creer en la justicia cuando sientes que no es igual para todos.
2026-07-27 09:34:18